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sobre Voto
Casonas y tradición trasmerana
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En Voto el GPS se vuelve loco. Doce pueblos repartidos en poco más de treinta kilómetros cuadrados y un desvío cada dos minutos. Si vienes desde Santander, la A‑8 te deja cerca y luego toca carretera comarcal. Ojo con el navegador: a veces manda por pistas que usan más los tractores que los coches. Mejor fijarse en los carteles de Secadura o Bádames y tirar por la vía lógica. Aquí casi todo acaba o en la marisma o en la sierra.
Cómo no perderse (y dónde dejar el coche)
Aparcar no suele ser problema. Bádames, que hace de centro administrativo, tiene sitio de sobra cerca del ayuntamiento. En Secadura mucha gente deja el coche cerca de la estación del tren y se mueve andando por el pueblo. La línea que va entre Santander y Bilbao para aquí varias veces al día.
Carasa también tiene estación y suele ser un buen punto de partida si vas a caminar por la zona. Para las cuevas de Cobrantes conviene llegar pronto. El aparcamiento es pequeño, poco más que un claro junto al monte, y en fin de semana se llena rápido.
Lo que encontrarás (y lo que no)
No esperes un casco histórico compacto ni calles pensadas para pasear. Voto es otra cosa: pueblos separados, prados, ganado y marisma.
Las casas mezclan mampostería de canto rodado con reformas más recientes. Nada raro en la costa oriental de Cantabria. En Bádames hay una plaza amplia y una iglesia grande para el tamaño del pueblo. Dentro se conserva un banco antiguo con asiento abatible que suele llamar la atención.
En San Miguel de Aras quedan varias casas de canteros con fechas grabadas en la piedra. Algunas del siglo XVI. La tradición de trabajar la piedra fue importante por aquí y muchas piezas salieron hacia obras mayores de la región.
Las cuevas de Cobrantes y el Otero están en el monte, a varios kilómetros de los núcleos principales. Hay restos de arte rupestre. No es un sitio preparado como museo: sendero, monte y poco más. La ruta está marcada, pero en verano el sol cae fuerte y hay tramos sin sombra.
Fiestas que no cambian demasiado
A comienzos de mayo los vecinos de Bádames suelen subir una cruz a un alto cercano. Comen allí y luego bajan al pueblo.
Por San Juan, en Secadura, se reúnen junto a la ría. Hay fuego, algo de música y comida sencilla. Más reunión de vecinos que fiesta pensada para gente de fuera.
En septiembre muchos suben a la ermita de Fresnedo, en el límite con el municipio de al lado. Misa, comida y vuelta a casa sin mucho ruido.
Comer por la zona
La cocina es la que esperas en esta parte de Cantabria. Cocido montañés cuando aprieta el frío, alubias, compango y raciones generosas. También hay sobaos y quesadas hechos en obradores de la zona.
Las anchoas suelen venir de la costa cercana, sobre todo de Santoña, aunque parte del trabajo de limpieza se hace en casas y pequeños talleres del entorno.
Nada sofisticado. Platos de siempre y producto de aquí.
Cuándo ir y un consejo rápido
La primavera suele ser el mejor momento. Los prados están verdes y la marisma tiene bastante movimiento de aves. En otoño también se camina bien, con menos gente y buena luz por la tarde.
En verano aparecen los jejenes cerca del agua. Si sopla poco viento, se notan.
Un consejo simple: aparca en uno de los pueblos grandes y muévete a pie o en coche entre pedanías. Intentar verlo todo seguido no tiene mucho sentido. Esto funciona mejor sin prisa.