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sobre Valdáliga
Costa occidental salvaje
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Valdáliga queda a un paso de Comillas, pero el cambio se nota enseguida. Sales de la costa y entras en un municipio muy disperso. No esperes un casco urbano claro. Son varios barrios separados por prados y carreteras estrechas. Roiz, que hace de capital, se recorre rápido. Media hora y ya has visto lo que hay.
Para aparcar toca paciencia. Las calles son justas y muchos vecinos dejan piedras o conos delante de casa. Si vienes en verano, mejor dejar el coche en cuanto veas un hueco y moverte andando.
La cueva de El Soplao
La cueva de El Soplao es lo que trae a la mayoría hasta Valdáliga. El acceso se hace en tren minero y luego a pie con casco. Dentro hace frío todo el año y el suelo está húmedo.
Las formaciones son las habituales de una cueva grande. Estalactitas, columnas, galerías largas. Aquí hablan mucho del ámbar que apareció en la zona, con insectos atrapados de hace más de cien millones de años. Forma parte del relato geológico del lugar.
En temporada alta suele haber bastante gente. Fuera de esos meses la visita es más tranquila.
Oyambre, justo al lado
El parque natural de Oyambre toca el municipio por un lateral. La playa queda muy cerca, aunque administrativamente no sea de Valdáliga.
Es una playa larga y abierta. Cuando sopla viento entran bastantes surfistas. En agosto se llena. El resto del año el ambiente cambia mucho: paseantes, gente con prismáticos mirando las marismas y poco más.
Encima del acantilado hay un campo de golf bastante conocido en la zona. Desde arriba se ve bien la línea de la costa.
Minas y arrastre de bueyes
En el barrio de La Florida hubo minas de plomo y cinc desde el siglo XIX. Llegaron a trabajar cientos de mineros. Hoy quedan escombreras, restos de instalaciones y algunas bocas de galería medio ocultas por la vegetación.
A veces se organizan recorridos por la zona minera. El terreno suele estar húmedo y hay charcos, así que conviene llevar botas.
Más vivos están los arrastres de bueyes. De vez en cuando juntan a los animales en una campa y compiten tirando peso. Es una tradición muy local. Mucha gente va a mirar, se bebe sidra y se comenta la jugada.
Caminar por aquí
El Camino Lebaniego atraviesa parte de Valdáliga. No tiene el ambiente del Camino de Santiago. Son tramos de pista y sendero entre bosque y prados. Cuando llueve, el barro aparece rápido.
Las señales suelen verse bien, aunque en los cruces pequeños conviene fijarse. También hay fincas con perros guardianes. Normalmente ladran más de lo que se acercan, pero avisan.
Para algo corto está el paseo del Molinuco. Sigue el río durante un rato hasta un pequeño salto de agua. Es un paseo sencillo y sin servicios alrededor. Trae agua o algo de comida.
Cómo llegar y cuánto tiempo dedicarle
Se llega por la A‑8, salida hacia Comillas y después carretera local. También hay autobuses desde Santander, aunque la frecuencia no es alta y los horarios cambian según la época.
Valdáliga no retiene mucho tiempo a la mayoría. Mucha gente entra para ver El Soplao y luego sigue hacia San Vicente o Comillas.
Si decides parar un rato más, acércate un día de niebla o de lluvia suave. El paisaje gana bastante así. Y no vengas buscando tiendas ni recuerdos. Aquí lo normal es pasar, caminar un poco y seguir ruta.