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sobre Alcaraz
Conjunto histórico-artístico renacentista de gran valor; puerta de entrada a la sierra homónima con una Plaza Mayor monumental
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Alcaraz ocupa una posición de transición geográfica, a casi mil metros de altitud donde la llanura manchega comienza a plegarse hacia las sierras del sur de Albacete. Su arquitectura habla de una escala distinta a la de su población actual, que ronda los mil trescientos habitantes. La explicación está en su pasado como cabecera comarcal y punto de control en las rutas que cruzaban estas montañas hacia Andalucía. El conjunto renacentista que perdura es el testimonio principal de aquella etapa.
La trama urbana es compacta, con calles empinadas que se organizan alrededor de un núcleo central. Se ven casas de piedra bien trabajada y edificios de una envergadura que hoy parece desproporcionada, un reflejo de las antiguas funciones administrativas y mercantiles del lugar. El paisaje circundante es el de media montaña mediterránea: extensos pinares, encinares y barrancos que se vuelven más abruptos conforme se alejan del pueblo.
La Plaza Mayor y su entorno
El espacio central es la Plaza Mayor, de forma irregular y rodeada por soportales que siguen siendo el marco de la vida diaria. Dos torres del siglo XVI dominan el conjunto: la del Tardón, de volumen macizo, y la del Reloj, más esbelta y visible desde buena parte del valle. Su silueta conjunta es el perfil reconocible de Alcaraz.
En uno de los lados se encuentra la Lonja del Corregidor, un edificio renacentista con doble arcada que concentraba la actividad comercial y de gobierno. Cerca está la iglesia de la Santísima Trinidad, de fachada sobria y un volumen contundente. Su interior, de tres naves, corresponde a la importancia que tuvo esta parroquia.
Las calles que suben desde la plaza están flanqueadas por antiguas casas principales, con portadas de piedra labrada y algunos patios interiores. Entre ellas, palacios como el del Marqués de Camarena o la Casa de los Moreno ayudan a trazar el peso de ciertos linajes en la historia local.
Por encima del tejado de tejas árabes se mantienen los restos del castillo. Las murallas están muy fragmentadas, pero la posición permite comprender la estrategia del asentamiento. Desde allí se abarca la plaza, la trama urbana y, al fondo, las primeras lomas cubiertas de pinar.
Senderos que salen del pueblo
Alcaraz sirve de punto de partida para caminar por la Sierra que lleva su nombre. Varios caminos tradicionales se internan directamente desde las afueras en zonas de pinar y pequeños valles de uso agrícola.
Un paseo frecuentado conduce hacia los Batanes, antiguos molinos hidráulicos vinculados a la industria textil local. El recorrido sigue el curso del agua y muestra cómo se aprovechaban los recursos fluviales para actividades artesanales.
A poca distancia en coche se accede al Parque Natural de los Calares del Río Mundo y de la Sima, un territorio kárstico de grandes masas forestales y barrancos profundos. Desde el pueblo se puede llegar a distintos accesos para continuar a pie por senderos señalizados.
Cocina de clima y territorio
La comida aquí responde al clima serrano. En los meses fríos son habituales platos como las migas, los gazpachos manchegos o guisos relacionados con la caza menor. El cordero de las explotaciones locales también tiene presencia.
Con las lluvias otoñales, las setas ganan sitio en la mesa. Es común que lo que ofrece el monte marque los cambios en los menús según la temporada.
Fiestas y ritmo anual
La devoción local más arraigada se centra en la Virgen de Cortes. Su santuario está a varios kilómetros y en torno a su festividad, sobre todo en primavera, se organizan romerías.
La Semana Santa toma las calles del centro histórico. Las procesiones suben y bajan por las cuestas del casco antiguo, un trazado que impone su propio ritmo a los desfiles.
Para organizar la visita
El núcleo histórico se recorre a pie, aunque con cuestas y calles estrechas. Lo práctico es aparcar en las zonas exteriores y entrar caminando.
Para captar el carácter del lugar, conviene dedicar tiempo a la Plaza Mayor y luego ascender sin prisa hacia las calles altas y el entorno del castillo. Desde allí se aprecia con claridad cómo el pueblo se encaja en las primeras laderas de la sierra.