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sobre Almagro
Conjunto Histórico-Artístico famoso por su Corral de Comedias del siglo XVII; referente internacional del teatro clásico y la arquitectura manchega
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El Corral de Comedias sigue oliendo a madera vieja cuando el sol cae sobre la plaza. No hay fuego: es el olor que guardan los tablados antiguos cuando la tarde calienta el patio. A mediados del siglo XX, durante unas obras en una antigua posada del centro, aparecieron las galerías, el patio y el escenario prácticamente intactos. Durante siglos había permanecido oculto dentro del edificio. Ese hallazgo devolvió a Almagro una parte de su pasado: el de ciudad vinculada al teatro del Siglo de Oro.
El poder que dibujó la plaza
La Plaza Mayor no tiene la forma habitual de otras plazas manchegas. Es alargada y porticada, con una sucesión de columnas pintadas de verde que sostienen galerías acristaladas. Esa configuración tiene que ver con su papel histórico.
Cuando la Orden de Calatrava estableció aquí uno de sus centros de poder en la Edad Media, necesitaba un espacio amplio para reuniones, mercado y actos públicos. Más tarde llegaron los Fúcares, los banqueros alemanes que gestionaron las minas de mercurio de Almadén para la Corona. Su presencia dejó huella en la arquitectura y en la economía local. Las galerías corridas de madera y vidrio, poco habituales en la zona, suelen relacionarse con esa etapa de prosperidad vinculada a las minas.
Caminar bajo los soportales en verano tiene algo práctico: la sombra se mantiene casi todo el día y la piedra guarda el fresco de la noche.
Teatro que no es museo
El Corral de Comedias funciona hoy como espacio escénico, pero conserva la estructura de los corrales de teatro del siglo XVII. El patio central sigue siendo descubierto, rodeado por galerías de madera. Los bancos son sencillos y el escenario queda a poca altura, muy cerca del público.
Ese diseño explica cómo se veía el teatro entonces. No era un lugar silencioso ni solemne. En los corrales se hablaba, se discutía y a veces se negociaban asuntos mientras la obra avanzaba. Las compañías iban de ciudad en ciudad y alquilaban el espacio durante unos días.
Cada verano Almagro vuelve a llenarse de teatro clásico. El corral se utiliza todavía para representaciones, lo que permite entender el edificio no como una pieza de museo, sino como un espacio que sigue funcionando.
Las berenjenas y la memoria de la cocina
Las berenjenas de Almagro forman parte de la identidad del pueblo, pero su origen es humilde. Más que una receta concreta, es una técnica de conservación heredada de la cocina andalusí. Las piezas pequeñas se cuecen ligeramente y se guardan en una mezcla de vinagre, aceite, ajo, comino y pimentón.
Durante generaciones se han preparado en muchas casas de la zona. El resultado tiene ese punto ácido y especiado que sorprende a quien no lo conoce. En buena parte de La Mancha aparecen variantes, pero en Almagro la receta quedó especialmente ligada al pueblo y terminó convirtiéndose en uno de sus productos más reconocibles.
Patios y memoria cotidiana
Aunque a veces se asocie el pueblo con Cervantes y el imaginario manchego, la memoria local suele ir por otros caminos. Aquí se recuerda con frecuencia a Diego de Almagro, el conquistador que participó en la exploración del actual Chile y que nació en la villa a finales del siglo XV.
Más allá de esos nombres, lo que define el casco histórico son las casas con patio interior. Muchos pertenecieron a familias acomodadas vinculadas a la administración de la Orden de Calatrava o al negocio de las minas. Otros fueron viviendas más modestas que con el tiempo se adaptaron a nuevos usos.
Algunos patios se abren en primavera dentro de rutas organizadas por vecinos y asociaciones locales. Son espacios pensados para el clima de la llanura: galerías orientadas al sur, pozo o aljibe en el centro y habitaciones alrededor para aprovechar la sombra.
Cómo llegar y cuándo ir
Almagro está en el Campo de Calatrava, a poca distancia de Ciudad Real. Se llega fácilmente por carretera y también hay conexión ferroviaria cercana, aunque la estación queda a las afueras.
El casco histórico se recorre andando sin dificultad. Conviene dejar el coche fuera del centro y moverse a pie entre la plaza, el corral y las calles del entorno.
La primavera suele ser un buen momento para pasear por el pueblo: la temperatura es más llevadera que en pleno verano y los patios empiezan a llenarse de plantas. En invierno el viento de la llanura se nota bastante y las mañanas pueden ser frías.