Artículo completo
sobre Almansa
Importante nudo de comunicaciones histórico dominado por un imponente castillo sobre el cerro; famosa por su batalla histórica y calzado
Ocultar artículo Leer artículo completo
El 25 de abril de 1707 se libró aquí una de las batallas decisivas de la Guerra de Sucesión. Los ejércitos borbónicos derrotaron a las tropas del archiduque Carlos en las llanuras que rodean Almansa. El episodio forma parte de la memoria local desde entonces. La ciudad lo recuerda en su escudo y en muchos relatos que siguen circulando entre vecinos y escuelas.
Almansa está en un punto de paso claro entre la Meseta y el Levante. Ese corredor natural explica casi todo: la presencia del castillo, las rutas comerciales y también la importancia militar que tuvo el lugar durante siglos.
El castillo que vigiló el paso entre Castilla y Valencia
El castillo se levanta sobre el Cerro del Águila, una peña caliza que cae casi a pico sobre el casco urbano. Desde abajo parece crecer de la roca. En lo esencial, la fortaleza que se ve hoy es bajomedieval, aunque el cerro estuvo ocupado mucho antes.
Su función fue controlar el paso entre los territorios interiores de Castilla y las tierras valencianas. Ese corredor ha sido transitado desde época antigua. El castillo, con sus murallas y la torre del homenaje, responde a esa lógica defensiva.
No es una fortaleza enorme. Tampoco especialmente compleja. Lo que impresiona es la posición. Desde la parte alta se entiende la geografía de la zona: una llanura amplia donde cualquier movimiento era visible con horas de antelación.
A menudo se cuenta que durante la batalla de 1707 algunos mandos observaron el despliegue desde el cerro. Es posible, aunque el castillo ya no tenía entonces un papel militar activo.
El centro histórico y la Casa Grande
Al pie del cerro se extiende el núcleo histórico. Calles que suben y bajan siguiendo la pendiente, con tramos donde aún se percibe el trazado antiguo.
La llamada Casa Grande, o Palacio de los Condes de Cirat, pertenece al siglo XVI. La fachada de sillería refleja un momento en que Almansa dejó de ser solo una plaza defensiva para consolidarse como centro administrativo de la zona. El edificio mantiene su patio interior porticado, uno de los espacios más reconocibles del casco antiguo.
En los alrededores aparecen casas con elementos de distintas épocas. Portadas de piedra, balcones de hierro y algunos restos de arquitectura popular que recuerdan una ciudad acostumbrada al tránsito de comerciantes y viajeros.
Agua, huerta y antiguos molinos
Aunque el paisaje cercano parece seco, el agua tuvo un papel importante en la economía local. Desde la Edad Media existieron sistemas de acequias que permitieron mantener huertas en los alrededores de la ciudad.
A lo largo de esos cursos de agua funcionaron molinos harineros. Algunos restos todavía se reconocen en el entorno. No siempre están en buen estado, pero ayudan a entender cómo se aprovechaba cada tramo de corriente antes de la mecanización del siglo XX.
Recorrer esos caminos da otra imagen de Almansa. El castillo domina el horizonte, pero la vida cotidiana dependía mucho más de estas pequeñas infraestructuras hidráulicas.
Cocina de interior
La cocina local responde a un territorio de caza, cereal y pastoreo. El gazpacho manchego aparece con frecuencia en reuniones familiares y fiestas. Se prepara con carne de caza y tortas de pan ácimo que se rompen dentro del guiso.
También circulan recetas muy extendidas por el sureste peninsular, como el atascaburras de patata y bacalao o las migas. Son platos ligados al invierno y a jornadas largas en el campo.
En las fiestas y romerías suelen aparecer dulces sencillos de horno, algunos con combinaciones de cacao y especias que recuerdan las rutas comerciales que conectaban la zona con los puertos levantinos.
Bandas de música y el pasodoble
La tradición de bandas está muy arraigada en Almansa, como en muchas localidades del interior valenciano y manchego. Esa cercanía cultural con el Levante se nota en la música.
El pasodoble "España Cañí", compuesto por Pascual Marquina en la década de 1920, suele asociarse a la ciudad. Con el tiempo se convirtió en una de las piezas más reconocibles del repertorio bandístico español.
Cuando hay encuentros o festivales de bandas, la música ocupa plazas y calles durante horas. Es una escena bastante habitual en muchas localidades de esta franja entre Castilla‑La Mancha y la Comunidad Valenciana.
Cómo orientarse en una visita
El recorrido básico empieza casi siempre en el castillo. Desde allí se baja al centro histórico para entender la relación entre la fortaleza y la ciudad que creció a sus pies.
El casco urbano se recorre sin dificultad en una mañana. Después conviene acercarse a los alrededores: la llanura donde tuvo lugar la batalla o algunos caminos rurales que siguen antiguas acequias.
Almansa está bien comunicada por carretera con Valencia, Alicante y Albacete. El clima es de interior. En invierno las nieblas pueden quedarse varios días sobre la llanura y el frío se nota más de lo que sugiere el mapa.