Artículo completo
sobre Alpera
Municipio con importante patrimonio rupestre declarado Patrimonio de la Humanidad; situado en un corredor natural estratégico
Ocultar artículo Leer artículo completo
Si vienes a hacer turismo en Alpera, empieza fuera del pueblo. La Cueva de la Vieja está a unos tres kilómetros, en la carretera que sale hacia El Bonillo. Hay un pequeño aparcamiento junto al acceso. Si te pasas del depósito de agua, te has pasado.
En la casa del guarda hay un cuaderno viejo donde la gente deja su nombre. Muchos escriben lo mismo: “impresionante”. Otros miran las pinturas, se encogen de hombros y se van. Las pinturas rupestres son así. No es una cueva enorme ni un techo cubierto de bisontes. Es otra cosa: una pared con figuras humanas y animales pintadas hace miles de años, cuando todo esto era monte y silencio.
La Cueva de la Vieja
La visita suele hacerse con guía. Te prestan casco y linterna. Dentro la temperatura apenas cambia durante el año. En verano se agradece.
Las pinturas ocupan una pared amplia. Hay escenas de caza y de pastoreo. Figuras pequeñas, hechas con pigmento rojizo. No hace falta ser experto para entender lo básico: gente moviéndose, animales, arcos tensados.
La historia del descubrimiento la cuentan allí mismo. Un vecino dio con las pinturas mientras cazaba a principios del siglo XX. Durante un tiempo lo guardó para sí. Luego la noticia empezó a correr. Hoy la cueva está protegida y las visitas se controlan bastante.
Subir al pueblo
Después toca volver a Alpera. El pueblo está en un cerro y se nota. Las calles suben sin rodeos.
Lo más sensato es dejar el coche abajo y subir andando. En cinco o diez minutos estás en la parte alta. Si vienes en verano, mejor hacerlo temprano o ya por la tarde. A mediodía pega bien el sol.
La iglesia de Santa Marina ocupa el centro. Es grande para un pueblo de este tamaño. Ha tenido varias reformas y se nota en la mezcla de estilos. Dentro guardan una reliquia de la Vera Cruz que la gente del pueblo saca en algunas celebraciones religiosas. El resto del tiempo está guardada en una urna.
El cerro del castillo y los pozos de nieve
Por encima de la iglesia quedan los restos del castillo de San Gregorio. No esperes torres enteras ni murallas largas. Son muros sueltos y poco más. Aun así, la subida merece la pena por las vistas.
Desde allí se ve toda la llanura alrededor de Almansa. Campo abierto, parcelas largas, viña y cereal según la época. Cuando sopla viento se oye antes de verlo.
Bajando por un sendero aparecen los antiguos pozos de nieve. Son construcciones circulares de piedra donde se almacenaba nieve prensada para conservarla durante meses. Era la forma de tener hielo cuando no había otra cosa. Hoy quedan como ruinas bajas entre la vegetación. Algunos están mejor que otros.
Vino y campo alrededor
El vino es parte de la vida aquí. Hay muchas hectáreas de viñedo alrededor del pueblo y una cooperativa que mueve buena parte de la producción. La variedad más habitual es la garnacha tintorera, muy oscura y con bastante carácter.
Si te interesa el tema, en el propio pueblo se puede comprar vino de la zona sin demasiada ceremonia. No es un lugar montado para el turismo del vino. Es más bien compra directa y ya está.
Antes de venir
Alpera es pequeño. En una mañana tranquila lo has visto casi todo.
La cueva es la visita que justifica el desvío. El castillo y el paseo por el cerro completan la parada. El resto es vida de pueblo: calles en cuesta, gente que se conoce y bastante calma.
Ven temprano, aparca abajo y sube andando. Con agua si hace calor. No hay mucho más misterio. Eso sí, si buscas mucho ambiente o un casco histórico grande, mejor seguir hacia Almansa. Aquí todo va más despacio. Y tampoco parece que tengan prisa por cambiarlo.