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sobre Oropesa
Villa medieval con parador en su castillo; famosa por sus Jornadas Medievales
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Si vienes por turismo en Oropesa, empieza por el aparcamiento de arriba, junto al castillo. A media mañana suele estar lleno. Abajo, en el pueblo, hay más sitio y menos ruido. La mayoría sube, hace la foto y se va. El resto es caminar cuestas y mirar la misma sierra que miraban los Álvarez de Toledo mucho antes de que existiera la A‑5.
El castillo y el palacio
El castillo es lo que se ve desde la carretera. Dos torres redondas, muralla gruesa y el patio interior. No lleva mucho tiempo recorrerlo. Entras, das una vuelta y entiendes rápido cómo era: defensa arriba, pueblo abajo.
Pegado está el palacio de los condes de Oropesa. Hoy funciona como hotel. Las terrazas miran hacia el Campo Arañuelo. Si no te alojas, lo normal es asomarte un momento, ver el patio y seguir. No siempre hay información clara para visitas rápidas, así que mucha gente entra, mira la torre del Peinador de la Duquesa y sale en pocos minutos.
La iglesia y la capilla de al lado
La iglesia de la Asunción mezcla épocas sin disimularlo. La torre es románica. La portada tira hacia el plateresco. El interior ya pertenece a otro momento. Abre cuando hay misa o cuando alguien del pueblo pasa a echar un ojo.
Al lado está la capilla de San Bernardo. Desde fuera parece poca cosa, casi un almacén de ladrillo. Dentro cambia la impresión. Es un espacio pequeño y sobrio, ligado al primer herreriano en Castilla. Allí mandó enterrarse Francisco de Toledo. Si no lees la placa, nadie te lo explica.
Abajo, el pueblo
La Cuesta de San Bernardo baja directa hacia la Plaza del Navarro. Aquí cambia el ambiente. Reloj de principios del siglo XX, terrazas ocupando lo que antes fue zona de talleres y comercios, vecinos haciendo recados.
En esta parte está la vida diaria: panadería, farmacia, algún bar de los de siempre. El antiguo hospital del siglo XV funciona hoy como oficina de turismo. Antes, según cuentan, fue sinagoga. La visita es corta. Una sala, algunas vitrinas y folletos.
Para comer, el plato local es el gazpacho oropesano. No tiene nada que ver con el andaluz. Lleva carne de caza o conejo y torta de pan troceada. También aparece el morteruelo, una pasta espesa de carne. El queso de oveja suele venir de la zona. Si dudas dónde sentarte, mira dónde paran los camioneros.
Cuándo ir y moverse un poco
En Semana Santa el pueblo cambia. Hay procesiones y más movimiento en las calles. En verano llegan las fiestas y los encierros. El resto del año la vida va tranquila. Muchos bares bajan la persiana pronto.
Si te gusta caminar, hay un sendero que rodea la sierra cercana y pasa por varias fuentes. Son varios kilómetros y casi sin sombra. Lleva agua. También existe un camino llano hacia Lagartera que mucha gente hace en bici o andando.
Antes de ir
Aparca fuera del casco histórico. Algunas calles son para residentes y los fines de semana vigilan bastante. Cuando llueve, el empedrado resbala.
No pierdas tiempo buscando recuerdos muy elaborados. En las tiendas pequeñas a veces tienen queso o productos de la zona que viajan mejor que cualquier adorno.
Oropesa se recorre en medio día. Castillo, capilla, bajada al pueblo y una vuelta por la plaza. Con eso te haces una idea bastante clara del sitio.