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sobre Fernán Caballero
Situado junto al embalse de Gasset; lugar de recreo habitual para pescadores y amantes de los deportes náuticos
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Los camiones de cereal te avisan antes de llegar. El turismo en Fernán Caballero no va de cascos históricos pulidos ni de tiendas de recuerdos. Huele a campo y a grano. Cruzas la CM‑411 y aparece el pueblo: calle ancha, casas bajas y el campanario de la iglesia asomando por encima de los tejados.
Cómo llegar y dónde dejar el coche
Aparcas donde veas sitio. El pueblo tiene forma de cruce: dos carreteras que se cortan en el centro. Antes eran caminos largos, de Toledo hacia Córdoba y la ruta que bajaba a Granada. Hoy sigue siendo lo mismo, pero con asfalto.
Desde Ciudad Real se tarda alrededor de cuarenta minutos. Desde Malagón, bastante menos. En la plaza del ayuntamiento suele haber hueco. No hay zona azul ni parkings. Es un pueblo pequeño y se mueve así.
Lo que encontrarás (y lo que no)
La iglesia de Nuestra Señora de Gracia es lo que más llama la atención. Renacentista, bastante sobria, con ese aire herreriano que también se ve en otras partes de La Mancha. Se levantó en el siglo XVI y se amplió cuando el pueblo consiguió sus propios derechos tras un pleito con los señores de Malagón. La piedra parece traída de la zona de Toledo y se nota en el color.
El resto es lo que cabe esperar aquí: casas agrícolas, alguna vivienda grande rehabilitada y bastantes locales cerrados. Vida tranquila.
Del castillo que se menciona en documentos no queda nada. Solo la idea de que aquí se vigilaba el cruce de caminos. El cruce sigue; la fortaleza desapareció hace siglos.
Historia de vecinos tozudos
A finales del siglo XV ya tenía rango de villa. La Orden de Calatrava mandaba en buena parte de esta comarca. Protección a cambio de obediencia.
Pero aquí no siempre agacharon la cabeza. En el siglo XVII llevaron a los señores de Malagón a los tribunales de Granada. Perdieron el pleito, aunque después compraron su propia jurisdicción. Pagaron por gobernarse.
Algunos relacionan ese ambiente con la historia que Lope de Vega convirtió en Fuenteovejuna. No está claro que pasara aquí, pero el carácter encaja.
El siglo XIX y el XX dejaron episodios más duros. Hubo incendios durante conflictos políticos y, ya en la Guerra Civil, fusilamientos de religiosos en la estación cercana. Son hechos que el pueblo recuerda sin demasiada ceremonia.
Cuándo conviene venir
En agosto hay movimiento por las fiestas de San Agustín. Sueltan vaquillas por las calles y el pueblo se llena de gente de alrededor. Las calles se cortan y circular se vuelve complicado.
También suele haber romería de San Sebastián en invierno y otra de San Isidro en primavera. Y en carnaval hacen algo que llaman la Boda Gitana, una representación callejera que acaba con comida popular y música.
Si vienes en verano, mejor al final del día. El campo alrededor es una llanura de cereal y al atardecer cambia de color cada pocos minutos.
Comer algo y seguir
Aquí se come lo que toca en pueblos de esta zona. Migas ruleras cuando hace frío. Pan asentado, ajo, chorizo y poco más. Comida contundente.
También salen menús sencillos y bocadillos. Nada raro. Si preguntas a un vecino, te dirá dónde sentarte.
Fernán Caballero funciona bien como parada corta entre Ciudad Real y la parte sur de la provincia. Aparca, acércate a la iglesia, da una vuelta por la calle principal y mira el campo desde las afueras. Con media hora te haces una idea bastante clara. En fiestas, calcula más tiempo: entre las vaquillas y los camiones de grano, el tráfico se vuelve lento.