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sobre Torralba de Calatrava
Pueblo con un patio de comedias recuperado y gran actividad teatral; conserva ermitas históricas y arquitectura popular
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A las cinco de la madrugada, cuando el cielo todavía es negro azulado, los primeros tractores arrancan en Torralba de Calatrava. El motor ronco rompe el silencio y durante unos segundos se mezcla con el canto de los calandrios que empiezan a moverse entre los olivos. Luego vuelve la calma. Una calma muy de esta parte del Campo de Calatrava, con olor a tierra removida y a romero húmedo por el rocío.
El pueblo despierta despacio. Las persianas de las casas bajas se levantan sin prisa. Desde la plaza, donde un olivo viejo proyecta sombra incluso en invierno, se ve la torre de la iglesia de Nuestra Señora de la Antigua recortada contra un cielo que empieza a clarear. El origen del nombre suele relacionarse con una antigua “torre blanca” —Turris Alba— levantada en época andalusí para vigilar estas llanuras abiertas.
El corral donde aún resuena el teatro
El antiguo corral de comedias de Torralba no aparece de golpe. Hay que meterse por una calle estrecha y discreta y atravesar una puerta de madera que parece la de un patio cualquiera. Dentro, el espacio se abre: galerías de madera, columnas sencillas y un tablado al fondo. Todo muy sobrio, casi doméstico.
Durante siglos funcionó como corral de vecinos y también como lugar donde se representaban comedias y autos. La estructura que se conserva hoy recuerda a los teatros populares del Siglo de Oro: madera, patio central y balconadas desde las que se mira hacia el escenario. Cuando no hay actividad, el silencio es total; solo crujen las tablas si alguien camina despacio por las galerías.
Si quieres verlo por dentro, conviene consultar antes en el ayuntamiento o en la oficina municipal correspondiente. No siempre está abierto todos los días.
La ermita y lo que queda bajo la tierra
La subida hasta la ermita de la Purísima Concepción es corta, pero tiene su pendiente. El camino serpentea entre casas bajas primero y luego se abre a las afueras. Desde arriba se entiende bien cómo se asienta el pueblo en mitad de una llanura enorme.
Bajo la ermita y en su entorno se han localizado restos de una antigua fortificación de época islámica. Hoy apenas quedan indicios visibles, más bien trazas en el terreno y algunos restos integrados en construcciones posteriores. Aun así, el lugar sigue funcionando como mirador natural.
Cuando el día está claro se distinguen los campos de cereal extendiéndose hacia el norte y, al fondo, las suaves elevaciones volcánicas del Campo de Calatrava. Al atardecer el aire suele traer olor a tierra seca y a viña, muy característico de esta comarca.
Cuando los mayos suenan por las calles
La noche del treinta de abril el pueblo cambia de ritmo. Después de cenar, grupos de vecinos salen a cantar los mayos, una tradición muy arraigada en buena parte de La Mancha. Las guitarras suenan en las esquinas y las voces van recorriendo las calles hasta llegar a la ermita.
Las coplas mezclan humor, piropos y versos heredados de generaciones anteriores. En algunos casos se cantan frente a la puerta de una casa concreta, siguiendo esa costumbre antigua de dedicar el mayo a una mujer del pueblo. Las puertas suelen permanecer cerradas —forma parte del juego— mientras las voces siguen su camino.
La subida final hasta la ermita se hace casi siempre de noche cerrada. Desde allí arriba el pueblo queda en silencio, con las luces amarillas de las farolas dispersas entre los tejados.
Gachas al amanecer
A primera hora de la mañana hay bares donde todavía se preparan gachas manchegas en sartén grande. El olor a pimentón caliente se nota desde la puerta cuando la cocina está en marcha.
La base es sencilla: harina de almorta, aceite, ajo y pimentón. Cada casa —y cada cocinero— tiene su manera de hacerlas: más espesas o más claras, con tropezones de matanza o solo con pan para ir mojando. Es un plato de invierno y de jornadas largas en el campo, de esos que se comen alrededor de la sartén.
Si llegas temprano al pueblo, no es raro ver a cuadrillas de agricultores desayunando algo caliente antes de salir hacia las fincas.
Cuándo acercarse y cómo moverse
Torralba de Calatrava queda a menos de media hora en coche de Ciudad Real y muy cerca de Almagro, así que mucha gente llega haciendo una pequeña ruta por el Campo de Calatrava.
Durante las fiestas del Santísimo Cristo del Consuelo el ambiente cambia bastante: vuelven vecinos que viven fuera y las calles alrededor de la plaza se llenan de actividad. Si vienes en esos días, lo más práctico suele ser dejar el coche en las entradas del pueblo y seguir andando.
En primavera, entre semana, el ritmo es otro. A última hora de la tarde la luz entra muy baja por las calles encaladas y el pueblo se queda casi en silencio. Es buen momento para caminar sin rumbo, subir hasta la ermita y ver cómo el Campo de Calatrava se va apagando poco a poco con el sol.