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sobre Ruidera
Epicentro del Parque Natural de las Lagunas de Ruidera; destino turístico de primer orden por sus lagunas cascadas y paisajes
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A primera hora, cuando el sol todavía no cae a plomo sobre la carretera que baja hacia las lagunas, el agua se queda casi quieta. Desde el borde se ven capas de azul y verde que cambian según la profundidad. Alguna focha cruza la superficie dejando una línea breve. Ese es el punto de partida del turismo en Ruidera: un pueblo pequeño junto a un sistema de lagunas que rompe la horizontal de la Mancha.
Ruidera, con unos 529 habitantes, vive pegada a ese agua. Las calles son cortas, de fachadas claras, y en verano se llenan más de lo habitual. Coches aparcados junto a las casas, gente que vuelve con toallas al hombro, bicicletas apoyadas en las paredes. El pueblo funciona sobre todo como puerta de entrada al parque natural, aunque entre semana todavía conserva ratos tranquilos, sobre todo por la mañana temprano o al caer la tarde.
El corazón del paisaje: las lagunas
Las Lagunas de Ruidera forman una cadena de embalses naturales conectados por saltos de agua y barreras de toba. Nombres como la Colgada, la Batana o la Santos Morcillo van apareciendo a lo largo de la carretera que cruza el parque. El color cambia de una a otra: en algunos tramos el agua es transparente y deja ver el fondo calcáreo; en otros se vuelve más oscura por la vegetación.
La Laguna del Rey queda muy cerca del pueblo y suele ser la primera que encuentra quien llega. En verano hay bastante movimiento: gente que se baña, familias que pasan el día cerca de la orilla, kayaks cruzando despacio de un lado a otro. Si buscas algo más tranquilo, conviene alejarse un poco de ese primer tramo y seguir hacia las lagunas centrales, donde el ruido baja.
A pocos kilómetros está la Cueva de Montesinos. La entrada es una grieta amplia en la roca, y dentro el aire cambia de golpe: más frío, más húmedo. Cervantes situó aquí uno de los episodios más extraños del Quijote, cuando el protagonista desciende a la cueva y cuenta haber visto un mundo casi irreal. La visita suele ser breve. Conviene revisar antes si está abierta, porque el acceso depende de las condiciones del lugar.
En el casco urbano hay también una iglesia pequeña dedicada a Nuestra Señora de la Blanca. Es sencilla, con paredes claras y un interior sobrio, muy en línea con otras iglesias rurales de la zona.
Caminos entre agua y tierra
Caminar es la forma más directa de entender el parque. Algunos senderos bordean las lagunas y permiten ver de cerca las barreras de piedra por donde se filtra el agua. Desde ciertos puntos elevados se distingue bien la sucesión de lagunas, como escalones irregulares entre carrizales y pinares.
El calor aprieta fuerte en verano. Si vas a caminar, mejor hacerlo temprano o esperar a la última hora de la tarde. A mediodía la sombra es escasa en varios tramos.
En varias lagunas se ven kayaks y tablas de paddle surf. El agua suele estar bastante clara en los meses cálidos, aunque la afluencia también aumenta mucho en julio y agosto. Los fines de semana la carretera del parque se llena de coches y encontrar sitio para aparcar cerca de las orillas puede llevar tiempo.
En los alrededores no faltan platos muy ligados al campo manchego: gachas, migas, guisos contundentes que se comen mejor cuando baja la temperatura. El queso manchego aparece casi siempre en la mesa.
Quien tenga paciencia puede ver bastantes aves acuáticas. Garzas quietas entre los carrizos, ánades moviéndose cerca de la orilla o fochas que se esconden en cuanto se acerca gente. La presencia cambia según la época y el nivel de actividad alrededor de las lagunas.
Tradiciones que marcan el calendario
Las fiestas dedicadas a Nuestra Señora de la Blanca suelen celebrarse en agosto, cuando el pueblo está más lleno. Hay música por la noche, procesiones y reuniones en la plaza que alargan las conversaciones hasta tarde.
La Semana Santa también se vive aquí, aunque a una escala pequeña. Las procesiones recorren las calles principales con un ritmo pausado, acompañadas por vecinos que llevan años participando.
Ruidera gira alrededor del agua, pero no todo ocurre dentro del parque. A ciertas horas, cuando baja el ruido del verano, el pueblo vuelve a su tamaño real: unas cuantas calles, la luz dura de la Mancha y, a pocos pasos, la primera laguna.