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sobre Villamanrique
Pueblo serrano con el castillo de Montizón en su término (propiedad privada); entorno de monte bajo y tradiciones singulares
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Villamanrique aparece en el límite sur de la provincia de Ciudad Real, ya muy cerca de Jaén. El pueblo se asienta en el Campo de Montiel, una meseta amplia que ronda los 800–900 metros de altitud y donde la agricultura ha marcado el ritmo de vida durante siglos. Aquí predominan los cultivos de cereal y las dehesas dispersas. No es un territorio espectacular a primera vista, pero sí muy representativo de la Mancha interior.
El núcleo urbano conserva una trama irregular. Calles estrechas, giros inesperados y casas de una o dos plantas construidas con piedra, ladrillo y cal. Muchas viviendas mantienen patios interiores, una solución práctica para ventilar y protegerse del calor del verano. El crecimiento del pueblo fue lento y bastante orgánico, ligado al trabajo del campo y a pequeñas explotaciones ganaderas.
En el centro se encuentra la iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Asunción. El edificio actual arranca en el siglo XVI, aunque sufrió reformas posteriores, sobre todo en el XVIII. La fachada es sobria, propia de muchas parroquias rurales manchegas. En el interior se conservan retablos de distintas épocas que muestran cómo la iglesia fue adaptándose a las necesidades y recursos de cada momento.
A pocos kilómetros se levanta el castillo de Montizón. Esta fortaleza está vinculada a la historia medieval del Campo de Montiel y a las tensiones fronterizas que durante siglos marcaron esta zona. No siempre es fácil visitarlo por dentro, pero su silueta ayuda a entender la función defensiva que tuvieron muchos puntos del territorio.
El paisaje alrededor de Villamanrique es abierto. Grandes parcelas de trigo y cebada alternan con encinares dispersos y algunas zonas de pasto. La caza menor ha sido tradicional en estas tierras, y todavía hoy forma parte de la economía local. En otoño aparecen aficionados a las setas en algunas dehesas, aunque conviene recordar que muchas fincas son privadas.
Los caminos rurales conectan Villamanrique con otros pueblos del Campo de Montiel, como Montiel o La Solana. Son trayectos largos y rectos, entre campos cultivados y manchas de encina. Con algo de atención es fácil ver perdices, liebres o alguna rapaz planeando sobre los sembrados.
Las carreteras secundarias también se utilizan para salir en bicicleta. El tráfico suele ser escaso, aunque algunos tramos carecen de arcén. El terreno es ondulado, con subidas suaves pero constantes que terminan notándose en las piernas.
La cocina local sigue muy ligada al campo. En muchas casas se preparan pisto manchego, gachas o migas ruleras, platos pensados para jornadas largas de trabajo. En temporada aparecen guisos de caza menor. El queso de oveja y el aceite de oliva forman parte habitual de la mesa.
Durante el otoño, la recogida de setas mueve a bastantes aficionados. No todas las zonas están permitidas, así que conviene informarse antes y respetar siempre las propiedades privadas.
Las fiestas principales giran en torno a la Virgen de la Asunción, en agosto. Suelen incluir procesiones y actividades en las calles del centro. La Semana Santa también mantiene cierta presencia en el calendario local, con desfiles que recorren el casco urbano en los días señalados.
El pueblo se recorre sin dificultad en poco tiempo. Si te interesa la arquitectura popular, fíjate en los portones de madera y en los patios interiores de las casas más antiguas. Muchos siguen cumpliendo la misma función que hace un siglo: ordenar la vida doméstica alrededor de un espacio fresco y resguardado.