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sobre Hellín
Segunda ciudad de la provincia famosa por su Semana Santa y tamboradas; posee un importante parque arqueológico
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En el sureste de la provincia de Albacete, donde la llanura manchega comienza a dialogar con las primeras estribaciones de las sierras murcianas, se extiende Hellín, una villa con más de 30.000 habitantes que conserva el pulso de las antiguas rutas comerciales que unían Castilla con el Levante. A 578 metros de altitud, esta localidad de los Campos de Hellín ha sabido mantener viva una identidad cultural singular, marcada por su posición fronteriza y por tradiciones que hunden sus raíces en la noche de los tiempos.
Pasear por Hellín es descubrir una ciudad que mira al futuro sin renunciar a su pasado. Sus calles hablan de romanos, árabes y cristianos, mientras que sus gentes mantienen vivas costumbres ancestrales que convierten a esta villa en un destino sorprendente para quienes buscan autenticidad lejos de los circuitos turísticos masificados.
El carácter de Hellín se forja en el contraste: entre la aridez de sus campos de cereal y la fertilidad de sus huertas, entre la sobriedad de su arquitectura popular y la espectacularidad de sus manifestaciones culturales. Es una ciudad que invita a dejarse llevar, a conversar con sus habitantes y a descubrir tesoros inesperados en cada rincón.
Qué ver en Hellín
El patrimonio de Hellín se despliega entre su casco urbano y los alrededores naturales que lo rodean. La Iglesia de la Asunción, templo construido entre los siglos XVI y XVIII, preside el corazón de la villa con su imponente fachada renacentista y su torre-campanario. En su interior, retablos barrocos y una interesante colección de arte sacro merecen una visita pausada.
No menos interesante resulta la ermita de la Virgen del Rosario, ejemplo de arquitectura religiosa popular manchega, situada en un entorno que permite disfrutar de vistas panorámicas sobre la vega y los campos circundantes. Para los amantes de la arquitectura civil, el Santuario de Nuestra Señora del Rosario y diversos edificios señoriales del centro histórico muestran la prosperidad que conoció la villa en siglos pasados.
Los alrededores de Hellín reservan sorpresas naturales de gran valor. Los Tollos de Minateda, formaciones geológicas de singular belleza, constituyen un paisaje casi lunar que invita al senderismo y la fotografía. Pero sin duda, la joya arqueológica de la zona es el yacimiento de Tolmo de Minateda, ciudad iberorromana que fue posteriormente ocupada por visigodos y musulmanes. Este enclave, situado a pocos kilómetros del núcleo urbano, ofrece una ventana excepcional a más de dos mil años de historia peninsular.
Las pinturas rupestres de varios abrigos rocosos en el término municipal, declaradas Patrimonio de la Humanidad, conectan al visitante con las primeras manifestaciones artísticas de nuestros antepasados. Un patrimonio que convierte a Hellín en un destino de primer orden para los interesados en arqueología y prehistoria.
Qué hacer
La gastronomía hellinera es uno de sus mayores atractivos. Los productos de la huerta, el aceite de oliva virgen extra de la zona y las preparaciones tradicionales como el gazpacho manchego o las gachas conforman una cocina honesta y sabrosa. Los mercados locales son el mejor lugar para conocer la despensa de la comarca y llevarse productos auténticos.
El senderismo encuentra en Hellín múltiples posibilidades. La ruta hacia el Tolmo de Minateda combina ejercicio físico con cultura, mientras que los caminos que recorren la vega permiten adentrarse en el paisaje agrícola tradicional. Para los más experimentados, las sierras cercanas ofrecen itinerarios de mayor dificultad con recompensas visuales excepcionales.
La posición de Hellín la convierte en base ideal para explorar la comarca. Desde aquí se puede acceder fácilmente a otros municipios de la zona y descubrir la diversidad de este territorio fronterizo entre Castilla-La Mancha, la Comunidad Valenciana y Murcia.
Fiestas y tradiciones
Hellín vive con intensidad su calendario festivo, pero hay una celebración que la distingue de cualquier otro lugar: la Tamborada de Hellín, que se desarrolla durante la Semana Santa. Declarada Fiesta de Interés Turístico Internacional, esta manifestación reúne a cientos de tamborileros que llenan las calles de un sonido sobrecogedor, especialmente durante el "toque de la madrugada" del Viernes Santo. La experiencia de escuchar el redoble simultáneo de miles de tambores es algo que no se olvida fácilmente.
En septiembre, la Feria y Fiestas en honor a la Virgen del Rosario transforman la ciudad durante varios días con actividades culturales, deportivas y lúdicas. Las tradiciones se mantienen vivas en estas celebraciones que hermanan a hellineros de varias generaciones.
Información práctica
Hellín se encuentra a unos 75 kilómetros al sureste de Albacete capital. Se accede cómodamente por la autovía A-30, que conecta Albacete con Murcia. Desde Albacete, el trayecto en coche dura aproximadamente 50 minutos. También existe conexión por carretera con localidades murcianas como Jumilla o Yecla, lo que facilita rutas circulares por la zona.
La mejor época para visitar Hellín es primavera y otoño, cuando las temperaturas son más suaves. Si se quiere vivir la experiencia única de la Tamborada, hay que planificar la visita en Semana Santa, reservando alojamiento con antelación. El verano puede resultar caluroso, aunque las noches son agradables.
Para aprovechar la visita al máximo, se recomienda dedicar al menos un día completo, que permita conocer tanto el patrimonio urbano como realizar alguna excursión al Tolmo de Minateda o las zonas naturales cercanas. Los hellineros son conocidos por su hospitalidad, así que no hay que dudar en pedir recomendaciones locales que enriquecerán la experiencia.