Artículo completo
sobre Ontur
Pueblo conocido por el hallazgo de las Muñecas de Marfil romanas; gran tradición vitivinícola
Ocultar artículo Leer artículo completo
El vuelo sin motor que despega desde Ontur no es un capricho. Responde a un terreno que se eleva unos 645 metros sobre el nivel del mar. También a un cielo que, entre marzo y octubre, genera buenas corrientes térmicas. Con ellas, los planeadores pueden mantenerse horas en el aire.
Los pilotos lo saben bien. Desde la pista, de unos 1.200 metros, a veces alcanzan Jumilla o incluso el Mediterráneo sin usar combustible. Abajo, el pueblo mantiene un perfil bajo, de calles rectas y casas sencillas. Sobre él giran los planeadores en círculos lentos sobre la Sierra del Madroño. El paisaje apenas ha cambiado desde época romana, cuando aquí existía una necrópolis del siglo IV.
La torre que vigilaba el límite
La Torre de Ontur sigue en pie con dificultad. Sus muros de tapial se levantaron entre los siglos X y XII. Explican por qué este lugar aparece en documentos medievales.
Ontur estaba cerca de una frontera. Hacia el norte se extendían territorios castellanos. Hacia el sur quedaba el ámbito del antiguo reino de Murcia. La torre vigilaba un paso natural entre la Meseta y el Levante.
Hoy el punto estratégico es otro. El aeródromo regional de deportes aéreos ocupa ese mismo espacio abierto. Cambia la función, pero no la lógica del lugar. Desde allí se observa el cielo y la evolución de las nubes. De eso depende que un vuelo dure dos horas o toda la tarde.
Las muñecas que viajaron en sarcófago
En 1946 aparecieron en Ontur cinco muñecas romanas dentro de un sarcófago de plomo. El hallazgo ocurrió en el Paraje de las Eras. Cuatro piezas eran de marfil y una de ámbar. Todas tenían articulaciones pequeñas de bronce.
Miden unos 18 y 16,5 centímetros. Eran juguetes caros, propios de una familia acomodada. Probablemente pertenecieron a una niña de la aristocracia hispanorromana. Vivió aquí hace unos diecisiete siglos.
Las muñecas se conservan hoy en el Museo Provincial de Albacete. Su historia, sin embargo, empieza en Ontur. Alguien decidió enterrarlas con la niña. Ese gesto dice mucho sobre los rituales de la época. También recuerda que una necrópolis guarda vidas completas, no solo restos.
Cuando el campo dicta la mesa
La cocina local sigue la lógica del campo seco. Durante siglos el cerdo y el conejo fueron la proteína más cercana. El pan duro nunca se tiraba. Terminaba convertido en migas al día siguiente.
El arroz con pollo y conejo aparece con frecuencia en las mesas. Los gazpachos manchegos también circulan por la zona. Cada comarca ajusta la receta a lo que tiene a mano.
En verano llegan los mojetes. Mezclan tomate y pimiento en ensalada sencilla. Las gachas de mataero recuerdan los días de matanza. Llevan harina de trigo y bastante ajo. Eran platos pensados para alimentar a muchas personas con pocos ingredientes.
La fiesta que dura diez días
San José marca el centro de las fiestas, el 19 de marzo. En Ontur, sin embargo, el ambiente empieza antes. Las celebraciones suelen arrancar unos diez días previos.
Durante esos días hay encierros por las calles cercanas a la iglesia de San Sebastián. Los toros suelen proceder de ganaderías de la zona. Muchos corredores se conocen entre ellos.
Los balcones se cubren con telas y colchas antiguas. El día 19 se encienden hogueras. En ellas se queman restos de poda de los olivos cercanos. Es una forma práctica de cerrar el invierno.
Por esas fechas el pueblo cambia de ritmo. Muchos vecinos que viven en Albacete o Murcia regresan unos días. La plaza se llena otra vez, aunque el entorno haya cambiado con los años.
Cómo llegar y qué hacer
Ontur se sitúa a unos 73 kilómetros de Albacete. Se llega por la A‑30 y después por la N‑344. El último tramo atraviesa campos de olivos y almendros. Desde Murcia la carretera se vuelve algo más curva tras pasar Jumilla.
El casco urbano se recorre en una tarde sin prisa. La iglesia de San Sebastián es relativamente reciente. Se levantó en los años sesenta tras sustituir a otra más antigua. La torre islámica puede verse por fuera, ya que el interior suele permanecer cerrado.
El aeródromo merece una parada breve. En días con buenas térmicas es fácil ver aterrizar planeadores. Para caminar, la Sierra del Madroño queda cerca. Hay una zona con fuente y pinos donde comienza la subida. El sendero no siempre está señalizado, pero la cresta guía bien el recorrido.
Quien tenga interés por la arqueología puede acercarse al Paraje de las Eras. No quedan excavaciones visibles. Aun así, el lugar ayuda a situar la historia de las famosas muñecas romanas. Está a unos dos kilómetros por pista desde el cementerio. Conviene llevar agua; en los meses centrales del verano la sombra escasea por completo.