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sobre Fuembellida
Pequeña aldea del Parque Natural del Alto Tajo; naturaleza en estado puro
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Llegar a Fuembellida lleva su tiempo. Desde Guadalajara hay que tirar hacia Molina de Aragón y, desde allí, continuar por carreteras secundarias. Los últimos kilómetros son tranquilos pero estrechos. No hay mucho tráfico.
Aparcar no tiene misterio: se deja el coche en cualquier hueco del propio pueblo o a la entrada. Con 13 habitantes censados, aquí no hay problema de sitio. Tampoco de ruido.
Fuembellida es uno de esos pueblos mínimos del Señorío de Molina. Un puñado de casas, muchas cerradas. Algunas tienen ventanas tapiadas o tejados tocados. En verano suele volver algo de gente que mantiene la casa familiar. El resto del año viven muy pocos vecinos. La actividad de siempre ha sido el campo y el ganado, sobre todo ovejas.
Lo que queda en pie
La iglesia de San Pedro es el edificio más claro del pueblo. Piedra, líneas simples y un pequeño campanario. Nada llamativo, pero cumple su papel: es el punto que organiza el caserío.
El resto son casas tradicionales, corrales y muros de piedra seca. En algunas portadas todavía se ven piedras bien trabajadas. Las viviendas responden al clima del Señorío: ventanas pequeñas, muros gruesos y tejados inclinados.
Se recorre todo en pocos minutos. No hay monumentos ni rincones que obliguen a detenerse mucho rato. Si uno viene hasta aquí es más por el ambiente del lugar y por lo que hay alrededor.
El paisaje alrededor
Al salir del pueblo empiezan los páramos del Señorío de Molina. Terreno abierto, sabinas dispersas y bastante viento según el día. No es un paisaje espectacular a primera vista, pero tiene su carácter: lomas largas, suelo pedregoso y kilómetros sin casi señales de movimiento.
No hay rutas marcadas. Los caminos son pistas agrícolas o senderos que han usado pastores y vecinos para moverse entre pueblos. Se puede caminar sin problema, pero conviene orientarse bien porque las referencias son pocas.
Si levantas la vista es fácil ver buitres o alguna otra rapaz grande planeando sobre las corrientes de aire. Aquí arriba tienen espacio de sobra.
La luz cambia rápido. Al amanecer y al atardecer el terreno coge tonos rojizos bastante duros. En invierno, con heladas o nieve, el paisaje se vuelve todavía más seco y silencioso.
Qué hacer
Lo más sensato es pasear por los caminos que salen del pueblo y mirar el terreno con calma. No hay rutas preparadas ni paneles. Solo pistas rurales.
Quien venga a hacer fotos encontrará cielos muy abiertos y poco ruido visual: muros de piedra, sabinas y horizontes largos. Conviene madrugar o esperar a última hora del día.
Para comer hay que salir a otros pueblos de la zona. En Fuembellida no hay bares ni restaurantes.
Jornadas tradicionales
Las celebraciones suelen girar en torno a San Pedro, hacia finales de junio. En esas fechas vuelven algunas familias que mantienen vínculo con el pueblo.
No son fiestas grandes. Normalmente hay acto religioso y luego reunión entre vecinos y familiares. Algo sencillo, como corresponde a un pueblo donde apenas vive gente todo el año.
Consejo
No vengas buscando un pueblo monumental. Fuembellida se ve rápido. Si estás recorriendo el Señorío de Molina y te gustan los lugares muy tranquilos, puedes acercarte, dar una vuelta y seguir ruta por la comarca.