Artículo completo
sobre Fuente-Álamo
Municipio vitivinícola con parajes naturales de piedra caliza; destaca por sus fiestas y tradiciones agrícolas
Ocultar artículo Leer artículo completo
Aparca en la plaza de Fuente-Álamo. Da una vuelta, mira la iglesia y sigue tu camino. Es una parada de carretera en la CM‑412, un pueblo de huerta y viñedo donde viven unas dos mil personas. No te llevará más de una hora.
Dónde dejar el coche
La plaza suele tener hueco. Los miércoles hay mercado y se llena. Si pasa, busca en cualquier calle lateral; todo está cerca. El pueblo es llano, se recorre andando sin problema.
Qué ver aquí
La iglesia de Nuestra Señora del Rosario ocupa un lado de la plaza. Es del siglo XVI, grande y sobria. El retablo barroco está dorado. Las cigüeñas anidan en el campanario. Son ruidosas. Hay un museo etnográfico en el antiguo concejo, pero no tiene horario fijo. Si está cerrado, no es una tragedia.
Cuándo pasar
El calor es serio en verano. A mediodía, mejor estar a la sombra o dentro. Si vienes entre septiembre y octubre, el tiempo es más llevadero y el campo está tranquilo tras la vendimia. Las tormentas de final de agosto son cortas pero fuertes. Cuidado con las ramblas si llueve.
Comer algo
El gazpacho manchego aquí es un guiso caliente con carne —a menudo conejo— y trozos de torta ácima. Algunos bares lo hacen los fines de semana. El atascaburras también se encuentra: patata, bacalao desalado y huevo duro, todo machacado. Es plato de invierno. El vino es local, sin complicaciones: blanco para el calor, tinto para el resto.
Fuente-Álamo cumple como parada para estirar las piernas o comer si vas por la carretera hacia Hellín o La Roda. No busques más planes