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sobre Fuentelsaz
Famoso por su estratotipo geológico (Golden Spike); pueblo señorial con castillo
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¿Sabes cuando pasas por un pueblo tan pequeño que piensas: “aquí, si abren un bar, se llena solo con los vecinos”? Pues Fuentelsaz va un poco por ahí. Apenas ochenta y pico habitantes, una calle que atraviesa el pueblo y muchas casas de piedra que parecen hechas para aguantar inviernos largos. Turismo en Fuentelsaz no significa monumentos enormes ni carteles por todas partes: significa caminar despacio y mirar alrededor.
Está en el Señorío de Molina, al noreste de la provincia de Guadalajara, en una zona alta donde el paisaje se abre en lomas suaves, campos de cereal y manchas de monte bajo. Aquí el silencio no es pose: simplemente es lo que hay la mayor parte del tiempo.
Un pueblo hecho para resistir el invierno
Lo primero que llama la atención al llegar es la arquitectura. Casas de mampostería, muros gruesos, ventanas pequeñas. No es estética: es pura supervivencia. A más de mil metros de altitud el frío aprieta en invierno, así que todo está pensado para guardar el calor.
Paseando sin rumbo salen detalles curiosos. Portones grandes que daban paso a corrales, piedras bien escuadradas en algunas fachadas, alguna hiedra trepando por los muros. Ese tipo de cosas que no aparecen en los folletos pero que te cuentan cómo funcionaba la vida aquí: ganado, huertos pequeños y mucho trabajo alrededor de la casa.
El pueblo tampoco es grande como para perderse. En un rato lo has recorrido entero, y eso tiene su gracia. Vas viendo las casas, alguna chimenea humeando en invierno y poco más movimiento que el de los vecinos que aún viven aquí todo el año.
La iglesia del pueblo
La iglesia parroquial es el edificio que más se hace notar. Está dedicada, según suele decirse, a San Andrés, aunque ha pasado por reformas a lo largo de los siglos. La torre cuadrada se ve desde varios puntos del pueblo y sirve un poco de referencia cuando vas caminando entre las calles.
Por dentro mantiene esa sensación de iglesia rural castellana: nave sencilla, algunos retablos barrocos y restos de pinturas murales que recuerdan que el edificio tiene más historia de la que parece desde fuera. No hay horarios turísticos ni nada parecido; cuando está abierta, entras, echas un vistazo y listo.
Paseos por los alrededores
Alrededor de Fuentelsaz el paisaje es bastante abierto. Campos ondulados, caminos de tierra y algún tramo de monte bajo. Son caminos que tradicionalmente usaban pastores o agricultores para moverse entre pueblos cercanos.
Hoy en día sirven para caminar un rato sin complicaciones. No son rutas de montaña ni nada técnico: más bien paseos largos entre campos. Ese tipo de recorrido donde avanzas escuchando el viento y poco más.
Si te gusta mirar al cielo con prismáticos, la zona también tiene su interés. No es raro ver buitres leonados aprovechando las corrientes o alguna rapaz planeando sobre los cortados de la zona. Nada organizado ni señalizado: simplemente naturaleza funcionando a su ritmo.
Comer: lo normal es moverse a Molina
En el propio pueblo no hay gran infraestructura para comer fuera. Lo habitual es acercarse a Molina de Aragón, que queda relativamente cerca en coche y tiene más movimiento.
Por esa zona mandan los platos contundentes: cordero asado, migas hechas con pan asentado, guisos de setas cuando llega la temporada. También son habituales los embutidos curados que muchas familias siguen preparando como se ha hecho siempre.
Las fiestas y el momento en que el pueblo se llena
Durante buena parte del año Fuentelsaz es tranquilo, muy tranquilo. Pero en verano cambia bastante. En agosto se celebran las fiestas patronales dedicadas a San Lorenzo y entonces el pueblo se llena de gente que vuelve unos días: familias que tienen aquí la casa de los abuelos, amigos que se reencuentran cada verano, chavales que solo pisan el pueblo en esas fechas.
Suele haber procesiones, música por la noche y comidas populares organizadas entre vecinos. No es un gran evento, pero tiene ese ambiente de pueblo donde prácticamente todo el mundo se conoce.
Un sitio pequeño que explica bien la zona
Fuentelsaz no es un destino al que venir a pasar tres días haciendo cosas. Es más bien una parada tranquila dentro del Señorío de Molina, uno de esos lugares donde entiendes rápido cómo ha sido la vida en esta parte de Castilla.
Llegas, das un paseo, miras el paisaje alrededor y en un rato ya tienes la foto completa. Y a veces, con eso, basta.