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sobre Barriopedro
Pequeño núcleo rural cerca de Brihuega; destaca por su sencillez y calma
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A primera hora, cuando el sol todavía va bajo, Barriopedro aparece como un puñado de casas de piedra en mitad del páramo de La Alcarria. El aire suele oler a tierra removida y a cereal, y el silencio solo lo rompe algún tractor que sale hacia las parcelas. A unos 900 metros de altitud, en la provincia de Guadalajara, este pequeño núcleo —apenas unas decenas de vecinos— sigue viviendo al ritmo que marcan el campo y las estaciones.
Llegar hasta Barriopedro implica dejar atrás carreteras cada vez más tranquilas. Desde Sigüenza o Jadraque el paisaje se abre poco a poco: lomas suaves, campos de cereal y manchas de encina dispersa. Los últimos kilómetros transcurren por una vía estrecha donde el horizonte se ensancha y el cielo ocupa casi todo.
Casas de piedra y una iglesia que ordena el pueblo
Al entrar, lo primero que se aprecia es la uniformidad de las casas. Muros de mampostería, ventanas pequeñas, tejados de teja curva que han ido oscureciendo con los años. Algunas fachadas conservan dinteles tallados o piedras reutilizadas de construcciones más antiguas.
La iglesia de San Pedro se levanta cerca del centro del pueblo. Es un edificio sobrio, de volumen rectangular y torre adosada, levantado en el siglo XVI y modificado en distintas épocas. Por fuera domina la piedra clara; por dentro, el espacio es sencillo. En algunos puntos todavía se intuyen restos de pinturas murales antiguas, muy gastadas por el paso del tiempo.
Las calles son cortas y tranquilas. En muchas puertas aún se ven los bancos donde los vecinos se sientan cuando cae la tarde en verano, cuando el calor del día empieza a aflojar.
El páramo alrededor
El entorno de Barriopedro es el típico paisaje alcarreño de transición hacia la sierra: campos abiertos, encinas dispersas y caminos agrícolas que salen en todas direcciones. No hay rutas señalizadas como tal, pero sí muchos caminos de tierra que usan agricultores y que se pueden recorrer a pie o en bici si se va con mapa o GPS.
En los días claros se distingue bien la amplitud del páramo. Las nubes proyectan sombras grandes sobre los sembrados y el viento mueve el cereal como si fuera agua.
A unos kilómetros se extienden montes bajos con encina y jara —zonas que los vecinos conocen bien y donde tradicionalmente se ha pastoreado—. Allí no es raro ver ratoneros o buitres aprovechando las corrientes térmicas de las horas centrales.
En invierno las heladas suelen cubrir de blanco los campos al amanecer. Si pasas temprano, las ruedas del coche crujen sobre la escarcha y el aire corta un poco la cara.
Caminos antiguos y cielos muy oscuros
Quien tenga costumbre de caminar por el campo encontrará alrededor del pueblo varios caminos viejos que conectan con otras aldeas de la zona. Algunos se usaban para el paso del ganado o para ir a parcelas alejadas. No siempre están claros sobre el terreno, pero aún aparecen en mapas antiguos.
Los amaneceres y las últimas horas de la tarde son los momentos más agradecidos para moverse por aquí. La luz cae lateral sobre las lomas y el relieve del terreno se marca mucho más.
Por la noche el cielo se vuelve especialmente limpio. La iluminación del pueblo es mínima y, en cuanto te alejas un poco de las casas, las estrellas aparecen con bastante nitidez. En verano muchos vecinos salen a la puerta simplemente a tomar el fresco y mirar hacia arriba.
Comer y abastecerse
En Barriopedro no hay bares ni restaurantes. Para comprar o comer fuera hay que desplazarse a localidades mayores de la comarca. Conviene llevar agua o algo de comida si se planea pasar varias horas caminando por los alrededores.
Aun así, la cocina que se recuerda en el pueblo tiene mucho que ver con el campo: cordero asado en horno de leña, migas hechas con pan asentado, guisos de caza en invierno. Y, como en buena parte de La Alcarria, la miel aparece a menudo en las casas cuando alguien trae un tarro de algún colmenar cercano.
Un pueblo que se llena unos días al año
Durante buena parte del año Barriopedro es muy tranquilo. En verano, especialmente en torno a las fiestas de julio, regresan familiares que viven fuera. Entonces el pueblo cambia de ritmo durante unos días: más gente en la plaza, música por la noche y procesión alrededor de la iglesia.
El resto del tiempo predomina la calma del campo. Si vienes, mejor hacerlo sin prisa y sabiendo lo que hay: un pueblo pequeño de La Alcarria, rodeado de cereal y cielo abierto, donde lo más interesante suele ser simplemente caminar un rato y escuchar el viento entre las encinas.