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sobre Chillarón del Rey
Pueblo ribereño del embalse de Entrepeñas; tradición vinícola y náutica
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Hay pueblos que no te llaman la atención en el mapa. Los ves escritos, pasas de largo y sigues mirando otros nombres más grandes. Chillarón del Rey es uno de esos. Y, curiosamente, ahí está parte de su gracia: cuando llegas, tienes la sensación de haber aterrizado en un sitio que sigue funcionando a su ritmo, sin preocuparse demasiado por si alguien viene a verlo.
Este pequeño pueblo de La Alcarria ronda los setenta y tantos habitantes y se asienta a algo más de 800 metros de altura. Casas de piedra, muros gruesos, calles tranquilas. Nada teatral. Es ese tipo de lugar donde lo más llamativo no es un monumento concreto, sino el conjunto: el silencio, el horizonte abierto y esa sensación de que el tiempo aquí corre un poco más despacio que en cualquier ciudad.
El apellido “del Rey” aparece en varios pueblos de Castilla y suele venir de antiguas vinculaciones con tierras de la Corona o señoríos medievales. En esta zona de Guadalajara es bastante habitual encontrar historias así, aunque muchas veces lo que queda hoy son solo los nombres y algún documento antiguo.
Qué ver en Chillarón del Rey
Recorrer Chillarón del Rey lleva poco tiempo, y tampoco pasa nada por reconocerlo. Es un pueblo pequeño y se entiende rápido.
La iglesia parroquial, dedicada a la Asunción, es uno de los edificios que marcan el centro del pueblo. Piedra, líneas sobrias y ese aspecto robusto que tienen muchas iglesias rurales de la provincia. No busca impresionar; más bien transmite la idea de edificio hecho para durar décadas, o siglos.
Cerca está la plaza, que funciona como punto de encuentro. En invierno puede parecer muy tranquila, pero en verano suele moverse más, cuando regresan quienes tienen aquí la casa familiar y el pueblo recupera algo de ruido.
A mí lo que más me gusta de Chillarón no está dentro del casco urbano, sino alrededor. La Alcarria tiene esos páramos amplios que, al principio, pueden parecer todos iguales. Pero cuando te paras un rato empiezas a notar los matices: campos de cereal, manchas de monte bajo y, en algunos años, lavanda que pone color al paisaje.
En primavera, si el año viene con algo de lluvia, salen flores silvestres entre la hierba. No es un espectáculo organizado ni nada parecido; simplemente aparece, como pasa tantas veces en el campo.
Pasear por los alrededores
Desde el pueblo salen caminos agrícolas y senderos que se adentran en el paisaje típico de la Alcarria. No hablamos de rutas señalizadas con paneles cada cien metros, sino de caminos de toda la vida que conectan parcelas, lomas y pequeños barrancos.
Si te gusta caminar sin demasiadas complicaciones, es buen terreno. Las vistas se abren bastante y en días despejados puedes ver kilómetros de campo.
También es una zona donde merece la pena levantar la vista de vez en cuando. Las rapaces son bastante habituales: milanos, cernícalos y otras aves que aprovechan las corrientes de aire sobre el páramo. Con unos prismáticos sencillos y algo de paciencia se ven bastantes cosas.
Y por la noche pasa algo que cada vez es más raro: el cielo se ve oscuro de verdad. Si te alejas un poco de las farolas del pueblo, aparecen muchas más estrellas de las que solemos recordar cuando vivimos rodeados de luz artificial.
Comer por la zona
En el propio Chillarón del Rey no suele haber bares o restaurantes funcionando de forma estable, así que lo normal es organizar la comida en algún pueblo cercano o venir ya con el plan hecho.
En la comarca es fácil encontrar productos muy ligados a la tierra: miel de la Alcarria, quesos artesanos o cordero preparado de la forma tradicional de la zona. Si te interesa ese tema, conviene mirar antes dónde parar, porque las distancias entre pueblos aquí se notan más que en otras regiones.
Las fiestas y el verano en el pueblo
Como ocurre en muchos pueblos pequeños, el momento en que Chillarón cambia de ambiente suele ser el verano. Vuelven vecinos que viven fuera y el pueblo recupera movimiento.
Las fiestas patronales se celebran en esa época, con actos sencillos: procesiones, reuniones en la plaza, actividades organizadas por los propios vecinos. Nada muy grande, pero sí lo suficiente para que el pueblo deje de parecer tan silencioso durante unos días.
Cómo llegar
La referencia más clara suele ser Guadalajara capital. Desde allí se toma la N-320 y luego varias carreteras secundarias que atraviesan la Alcarria hasta llegar al pueblo.
Desde Madrid el trayecto ronda las dos horas largas en coche, dependiendo del camino elegido. A partir de cierto punto las carreteras ya son tranquilas, de las que atraviesan campos y apenas tienen tráfico.
Cuándo acercarse
La primavera suele ser el momento más agradecido para ver la Alcarria algo más verde y caminar sin demasiado calor. El otoño también tiene su punto, con tonos más ocres y temperaturas suaves.
En verano el sol pega fuerte en estas altitudes, algo bastante típico de la meseta. Y en invierno el frío se nota, aunque forma parte del carácter del paisaje.
Chillarón del Rey no es un destino de esos que llenan un fin de semana entero de planes. Es más bien una parada tranquila en medio de la Alcarria, de las que sirven para bajar el ritmo, dar un paseo largo y recordar cómo suena el campo cuando no hay prisa.