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sobre Cifuentes
Municipio de Guadalajara
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Al caer la tarde, la luz entra rasante por las calles del casco antiguo y se queda pegada a la piedra clara de las fachadas. El aire huele a tierra fría y a agua. En Cifuentes, cuando el sol baja, el murmullo constante de las fuentes se oye mejor que los coches que cruzan la plaza.
Cifuentes, a unos 894 metros de altitud en el corazón de La Alcarria, se asienta sobre una loma que mira hacia campos abiertos y pequeños valles que acaban buscando el río Cifuentes. La piedra caliza domina el casco urbano: muros gruesos, esquinas gastadas y tonos dorados cuando la luz cae de lado. Abajo, junto al curso del río, los chopos añaden una franja verde que en otoño se vuelve amarilla casi de golpe.
El agua aparece por todas partes. Fuentes en rincones, pequeños manantiales en los alrededores y un río que atraviesa el término municipal. No es casual que el pueblo se llame así. Desde la Edad Media el agua ha marcado la vida aquí, tanto para el abastecimiento como para pequeñas huertas y molinos que durante siglos aprovecharon su corriente.
En la plaza Mayor suele haber vecinos charlando bajo los soportales, sobre todo a media mañana. El sonido del agua de la fuente central acompaña las conversaciones y los pasos sobre el pavimento. No es una plaza monumental en el sentido grandilocuente; funciona más bien como lugar de paso y de encuentro.
La iglesia del Salvador y el peso de la piedra
La iglesia del Salvador domina el perfil del pueblo. Es un edificio grande para el tamaño de Cifuentes, levantado en el siglo XVI, con una fachada de transición entre el gótico tardío y el Renacimiento. La portada plateresca concentra buena parte de la atención: figuras talladas, relieves y un trabajo de piedra que todavía conserva aristas finas si uno se acerca lo suficiente.
Dentro, el ambiente cambia. La luz entra filtrada y el interior resulta más sobrio de lo que sugiere la fachada. Algunas piezas y retablos proceden de distintas etapas, fruto de reformas y añadidos que se fueron haciendo con el paso de los siglos.
A pocos pasos aparece el convento de Santo Domingo, fundado en el siglo XIV por los dominicos. El edificio ha pasado por varias transformaciones, pero todavía se reconocen partes antiguas en muros y patios. Desde esa zona se tiene una vista elevada del casco urbano, con tejados irregulares y campanas que marcan las horas.
La iglesia de San Sebastián es más discreta. Desde fuera apenas llama la atención, aunque en su interior se conservan retablos barrocos y algunas imágenes religiosas de tamaño pequeño.
Calles estrechas y el barrio de la Morería
El llamado barrio de la Morería se distingue por su trazado irregular. Calles que suben y bajan, esquinas cerradas y tramos empedrados donde las piedras están pulidas por siglos de pasos. Caminar por aquí obliga a ir más despacio: hay cuestas cortas pero inclinadas y aceras muy estrechas.
Las casas no siguen una alineación perfecta. Algunas sobresalen unos centímetros, otras se retraen, y esa irregularidad crea pequeños juegos de sombra durante la tarde.
Las fuentes y el origen del nombre
Varias fuentes repartidas por el pueblo recuerdan el origen del nombre de Cifuentes. Algunas siguen manando agua de forma constante. En días tranquilos se oye el goteo antes de verlas, sobre todo en las calles más silenciosas del casco antiguo.
A las afueras también aparecen manantiales y pequeños cursos de agua que alimentan el río Cifuentes. Esa presencia continua explica por qué el asentamiento prosperó en una comarca donde el agua no siempre abunda.
Caminos hacia el paisaje alcarreño
Desde el propio casco urbano salen caminos que bajan hacia el valle y otros que se dirigen a los cortados y lomas cercanas. El paisaje típico de La Alcarria aparece enseguida: campos abiertos, matorral bajo y barrancos que rompen la llanura.
En verano conviene madrugar si se quiere caminar por la zona. El sol cae con fuerza a partir del mediodía y hay tramos sin apenas sombra. Llevar agua es casi obligatorio si se sale a recorrer senderos largos.
En los alrededores también se encuentran antiguas salinas que estuvieron en funcionamiento durante siglos. Hoy forman parte del paisaje y recuerdan una actividad que durante mucho tiempo tuvo peso en la economía local.
Miel, horno de leña y cocina de la zona
La cocina de Cifuentes se parece a la del resto de pueblos de La Alcarria: platos contundentes, pensados para jornadas de trabajo largas. El cordero asado en horno de leña sigue siendo habitual en celebraciones familiares, y las migas aparecen en muchas mesas cuando llega el frío.
La miel de La Alcarria —con denominación de origen— es uno de los productos más conocidos de la comarca. Suele encontrarse en tiendas del pueblo o en cooperativas de la zona. Es espesa, de color ámbar oscuro, y el aroma cambia según la floración predominante de cada temporada.
Cuándo acercarse a Cifuentes
A principios de febrero se celebran las fiestas de San Blas, muy arraigadas entre los vecinos. Hay actos religiosos y celebraciones populares que llenan las calles durante esos días.
Si se busca caminar con calma por el casco histórico, suele ser más agradable venir entre semana o fuera de los meses centrales del verano. En agosto aumenta el movimiento y el pueblo cambia de ritmo, sobre todo por la tarde y durante los fines de semana.
Desde Cifuentes también se puede seguir explorando la comarca. Carreteras secundarias llevan hacia otros pueblos de la Alcarria como Valdesotos o Tamajón. El paisaje se abre en todas direcciones: campos amplios, barrancos silenciosos y pueblos que aparecen de repente tras una curva lenta de la carretera.