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sobre Escariche
Pueblo con casonas de piedra y escudos; tradición agrícola
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Hay pueblos a los que llegas casi por accidente. Vas conduciendo por la Alcarria, miras el mapa, ves un nombre que no te suena de nada y te desvías. Escariche es bastante eso. Un pueblo pequeño, de los que no salen en rutas famosas, donde la primera sensación es que aquí las cosas pasan despacio.
Viven alrededor de 186 personas. Y se nota. No en plan triste, más bien como cuando entras en un bar de carretera a media tarde y todo el mundo se conoce.
Un pueblo pequeño que no intenta parecer otra cosa
Escariche no pretende impresionar. Las calles son cortas, algunas algo irregulares, y las casas mezclan piedra, yeso y portones de madera que llevan ahí mucho tiempo. Nada de decorados ni restauraciones exageradas.
La plaza es el punto donde todo se junta. El edificio del ayuntamiento tiene ese aire sencillo de los pueblos de la Alcarria: funcional, sin adornos. Cerca está la iglesia de San Miguel. Es un templo antiguo, de los que por fuera parecen sobrios y por dentro guardan detalles barrocos bastante discretos.
No es un sitio para ir mirando monumentos uno detrás de otro. Aquí el plan suele ser caminar un rato y dejar que el pueblo se explique solo.
Caminar por los alrededores de Escariche
El paisaje alrededor de Escariche es muy de la Alcarria. Campos abiertos, encinas sueltas y caminos agrícolas que salen del pueblo en varias direcciones.
No hay grandes montañas ni bosques cerrados. Lo que hay son horizontes largos. De esos en los que ves cambiar el color del campo según la época del año.
Si te gusta andar sin demasiadas complicaciones, los caminos que usan los agricultores sirven perfectamente. Un paseo de un par de kilómetros ya te saca del pueblo y te deja rodeado de silencio. A veces pasa un coche, a veces ni eso.
Un paisaje que cambia mucho según la estación
La primera vez que fui era primavera. Todo estaba verde y el campo parecía más vivo de lo que uno imagina cuando piensa en la Alcarria.
En verano la cosa cambia. El terreno se vuelve más seco y el sol cae con ganas, pero las tardes tienen esa luz dorada que hace que todo parezca más amplio.
En invierno el ambiente puede ser bastante más serio. Heladas por la mañana, calles tranquilas y muy poco movimiento. Ese tipo de escena que recuerda que estos pueblos viven otro ritmo.
Lo que se mueve en la plaza
En Escariche la vida pública se concentra bastante en la plaza y en las calles cercanas. Vecinos que salen a charlar un rato, coches que pasan despacio, algún saludo de acera a acera.
No hay una oferta turística organizada ni carteles por todas partes explicando qué ver. Y, sinceramente, tampoco hace falta. El atractivo del sitio está en ver cómo funciona un pueblo pequeño de verdad.
Si coincides con alguna celebración local, sobre todo en verano, el ambiente cambia bastante. Mucha gente vuelve esos días y el pueblo se llena más de lo habitual.
Cómo llegar y qué esperar de la visita
Lo normal es llegar en coche. Las carreteras de la zona son tranquilas y atraviesan campos durante kilómetros, así que el viaje ya forma parte del plan.
Escariche no es un lugar para pasar un día entero saltando de sitio en sitio. Yo lo veo más como una parada tranquila dentro de una ruta por la Alcarria. Llegas, das una vuelta, te sientas un rato en la plaza y paseas por algún camino.
En un par de horas te haces una buena idea del lugar. Y sales con la sensación de haber visto un pueblo que sigue funcionando a su manera, sin demasiadas prisas. Algo que, hoy en día, casi se agradece.