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sobre Esplegares
Pueblo alto de la Alcarria; famoso por sus sabinas centenarias
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A primera hora de la mañana, cuando el sol todavía no ha ganado altura, Esplegares queda suspendido en un silencio muy limpio. El aire suele oler a tierra seca y a cereal. Desde el borde del pueblo la vista se abre hacia los campos de La Alcarria, que cambian de color según la estación: pardo apagado en invierno, verde breve en primavera, dorado cuando llega la siega. El horizonte no es recto; se ondula en cerros suaves que parecen repetirse uno detrás de otro.
Esplegares ronda la treintena de habitantes y vive a un ritmo lento incluso para los estándares de esta comarca. Llegar ya prepara el ánimo. La carretera se va estrechando en los últimos kilómetros y el firme, en algunos tramos, pide conducir sin prisa. No es raro cruzarse con más corzos que coches al amanecer o al caer la tarde.
Calles cortas, piedra y madera
El pueblo es pequeño y se recorre en pocos minutos, pero conviene hacerlo despacio. Las casas mantienen la construcción tradicional de la zona: muros de piedra y mampostería, portones de madera gruesa y tejados de teja árabe que sobresalen lo justo para proteger del sol de agosto y de las heladas de enero.
Hay corrales, algunos ya en desuso, y muros de piedra seca que todavía delimitan pequeños espacios. La iglesia, sobria, sigue siendo el punto de referencia. En pueblos así no hace falta preguntar dónde está: siempre aparece cuando una calle se abre un poco.
A media tarde la luz entra baja entre las fachadas y deja las piedras con un tono anaranjado muy suave. Es un buen momento para caminar sin rumbo por las calles, cuando casi no se oye nada salvo alguna puerta que se abre o el viento moviendo una chapa suelta.
El paisaje abierto de la Alcarria
Alrededor de Esplegares el terreno se abre en páramos amplios y campos de cultivo. Predomina el cereal, que dibuja grandes superficies continuas donde el viento se nota de verdad. En los meses de primavera el verde dura poco, pero cuando llega es intenso.
No hay miradores señalizados ni rutas oficiales con paneles. Lo que hay son pistas agrícolas y caminos que llevan usándose generaciones. Algunos salen directamente del borde del pueblo. Si te gusta caminar, basta con seguir uno de ellos y dejar que el terreno marque la distancia.
Conviene llevar agua y un mapa descargado en el móvil. En varios kilómetros a la redonda puede que no te cruces con nadie.
Aves sobre los campos
El cielo aquí tiene mucho protagonismo. Las extensiones abiertas facilitan ver rapaces planeando durante largos minutos. A menudo aparecen milanos o águilas describiendo círculos amplios sobre los cultivos.
No hace falta equipo especial ni esconderse en observatorios. Basta con parar, apoyar la espalda en una piedra o en el coche aparcado junto al camino y mirar hacia arriba un rato.
Por la noche ocurre algo parecido. La contaminación lumínica es casi inexistente y, cuando el cielo está despejado, la cantidad de estrellas sorprende incluso a quien vive en zonas rurales. Si vienes a observar el cielo, trae algo de abrigo incluso en verano: aquí las noches refrescan.
Lo que hay alrededor
Esplegares no tiene servicios pensados para quien llega de fuera. Para comer algo o comprar provisiones hay que acercarse a otros pueblos de la zona, a pocos kilómetros por carretera.
En esta parte de Guadalajara es fácil encontrar miel de la Alcarria, embutidos de matanza o cordero asado cuando coincide con fin de semana o días de movimiento en la comarca. Son platos ligados a la vida rural, contundentes y sin demasiadas vueltas.
Fiestas y veranos tranquilos
Durante buena parte del año el pueblo es muy tranquilo. En verano la población aumenta cuando regresan familias que mantienen casa aquí. Las celebraciones suelen concentrarse en esos meses y giran alrededor de la iglesia y de reuniones vecinales en la plaza o en las calles.
No esperes escenarios ni programas largos: es más bien un reencuentro anual entre gente que se conoce desde siempre.
Cómo llegar y cuándo acercarse
Desde Guadalajara capital el trayecto ronda la hora y media de coche, combinando autovía con carreteras comarcales que se adentran en la Alcarria más alta. Los últimos kilómetros son estrechos y con curvas suaves, así que conviene venir con calma y evitar llegar de noche si no conoces la zona.
La primavera y el inicio del otoño suelen ser los momentos más agradables para caminar por los alrededores. En verano el sol cae con fuerza a partir del mediodía y el paisaje queda muy expuesto. En invierno el frío se nota de verdad y, algunos años, las nevadas pueden complicar el acceso durante unos días.