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sobre Fuentenovilla
Pueblo con picota renacentista y trazado cuidado; cercano a Mondéjar
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Hay pueblos que se enseñan rápido. Paras el coche, das una vuelta y listo. Fuentenovilla no funciona así. La primera vez que pasé por aquí pensé: “vale, otro pueblo de La Alcarria”. Luego caminas cinco minutos más, te sientas un rato en la plaza y empiezas a notar el ritmo. Más lento. Como cuando entras en una casa donde nadie tiene prisa.
Fuentenovilla, con poco más de seiscientos vecinos, vive bastante al margen de los recorridos turísticos habituales de la comarca. No hay carteles llamativos ni rutas montadas para hacer fotos cada veinte metros. Lo que hay es un pueblo que sigue funcionando como pueblo: gente que se saluda, coches aparcados junto a portones viejos y esa sensación de que aquí las semanas todavía se organizan alrededor de las mismas rutinas de siempre.
La plaza y el corazón del pueblo
Si empiezas a caminar sin rumbo acabarás en la plaza. Pasa en casi todos los pueblos de Castilla, pero aquí se nota especialmente. El suelo de piedra, los bancos y las fachadas alrededor hacen de punto de encuentro natural.
A ciertas horas apenas pasa nada. Y justo por eso merece la pena quedarse un rato. Algún vecino cruzando la plaza, alguien que sale a comprar el pan, una conversación que se alarga más de la cuenta. Ese tipo de escenas pequeñas que explican mejor un lugar que cualquier panel informativo.
La iglesia de la Asunción
La iglesia parroquial de la Asunción es el edificio que más peso visual tiene en Fuentenovilla. Piedra clara, líneas sobrias y esa sensación de construcción hecha para durar décadas, o siglos.
No es un templo recargado. Más bien lo contrario. Tiene ese aire castellano de iglesia robusta, levantada con lo que había a mano y pensada para aguantar inviernos serios. Incluso si no entras, merece la pena rodearla un poco y verla desde distintas calles.
Calles cortas y casas con historia
El casco urbano no es grande. En media hora puedes recorrerlo sin esfuerzo. Pero conviene hacerlo despacio.
Las casas mezclan piedra, ladrillo y portones de madera que ya han visto pasar bastantes inviernos. Muchos balcones conservan hierro forjado y los aleros sobresalen lo justo para proteger del sol del verano. Detrás de algunas viviendas todavía aparecen pequeños huertos o corrales, recordando que aquí la vida siempre ha estado bastante pegada a la tierra.
Es el típico lugar donde miras una fachada y te imaginas varias generaciones viviendo dentro.
Pasear por los alrededores de La Alcarria
En cuanto sales del casco urbano aparece el paisaje clásico de La Alcarria. Lomas suaves, campos de cereal y encinas sueltas aquí y allá.
Los caminos rurales permiten caminar sin demasiada complicación. No hace falta plantearlo como una gran ruta. A veces basta con seguir uno de los caminos que salen del pueblo y ver cómo cambia el paisaje según la estación. En primavera todo se vuelve más verde. Cuando avanza el verano el campo se vuelve dorado y el contraste con el cielo es muy de esta zona.
Si te gusta mirar aves, el entorno agrícola suele tener movimiento. Alondras, pequeñas rapaces o alguna cigüeña pasando por encima. Nada espectacular, pero sí suficiente para entretener una caminata tranquila.
Lo que se come por aquí
La cocina de la zona sigue bastante ligada a lo que ha dado el campo durante generaciones. Platos contundentes, de esos que entiendes mejor cuando el día ha sido largo.
El cordero, las migas o los guisos de caza aparecen con frecuencia en las mesas de la comarca. Y luego está la miel de La Alcarria, muy presente en toda esta zona y con bastante tradición apícola alrededor. Es uno de esos productos que llevan décadas formando parte de la economía local.
Cuándo venir y cómo llegar
Fuentenovilla se alcanza por carreteras comarcales desde varios puntos de la provincia de Guadalajara. Desde Madrid o la capital provincial el trayecto suele moverse alrededor de una hora larga, dependiendo del camino que tomes.
La primavera y el otoño suelen ser los momentos más agradables para caminar por el entorno. En verano el calor aprieta al mediodía, como en buena parte de La Alcarria, así que conviene madrugar o dejar los paseos para última hora de la tarde.
Las fiestas del pueblo suelen concentrarse en los meses de verano, cuando regresan muchos vecinos que viven fuera durante el año. El ambiente cambia bastante esos días y el pueblo se llena de movimiento.
Fuentenovilla no es un lugar al que vengas a tachar monumentos de una lista. Es más bien ese tipo de parada que te ayuda a entender cómo funcionan muchos pueblos de la Alcarria hoy. Calles cortas, campo alrededor y una vida que sigue adelante sin demasiado ruido. Y a veces, justo eso es lo que apetece.