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sobre Hita
Villa medieval del Arcipreste; conjunto histórico-artístico con murallas y palenque
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A primera hora, cuando todavía no pasan coches por la carretera de abajo, Hita suena a pasos sobre piedra. El eco rebota entre las casas y sube hasta la muralla. En ese momento el turismo en Hita todavía no ha empezado y el pueblo se mueve despacio, con la luz fría de la mañana cayendo sobre las fachadas de caliza.
La muralla aparece casi sin aviso. Las piedras están gastadas y algunas se han abierto en grietas profundas donde crece algo de hierba. El arco de Santa María sigue marcando la entrada al casco antiguo. Al cruzarlo cambia el suelo, cambia el sonido de los pasos y también la sensación del lugar. Las calles empedradas suben y bajan con poca lógica, como si se hubieran ido adaptando al terreno durante siglos.
La muralla y el arco de Santa María
En varios puntos todavía se distinguen tramos de muralla. No forman un recinto completo; son más bien fragmentos que ayudan a imaginar cómo se defendía este cerro en época medieval.
El arco de Santa María es la puerta más reconocible. Tiene algo de austero, con la piedra oscurecida por el tiempo y una ligera curvatura que se aprecia mejor al mirarlo desde unos metros atrás. Al atravesarlo, las calles se estrechan y la sombra dura más durante el día.
Conviene recorrer esta zona sin prisa. A media mañana la luz entra de lado y resalta las irregularidades del muro, los huecos entre las piedras y los pequeños parches de ladrillo que se añadieron después.
La iglesia de San Juan Bautista
La iglesia de San Juan Bautista aparece de golpe al doblar una esquina. El volumen es compacto y la fachada apenas tiene adornos. Las ventanas ojivales dejan pasar una luz suave que dentro se vuelve grisácea.
El edificio suele fecharse en el siglo XIII. En el interior se perciben restos de tradición mudéjar mezclados con elementos góticos muy sobrios. No es una iglesia monumental. Más bien transmite la sensación de haber servido al pueblo durante siglos sin demasiadas transformaciones.
Si está abierta, merece la pena entrar un momento y dejar que los ojos se acostumbren a la penumbra. Los detalles aparecen poco a poco.
Subida a las ruinas del castillo
Desde el casco antiguo sale un camino que sube hacia el cerro del castillo. El suelo es irregular y en algunos tramos hay piedra suelta, así que conviene subir con calma.
Arriba quedan restos dispersos de los muros. No forman una estructura completa, pero la posición lo explica todo. Desde allí se ve gran parte de La Alcarria: campos de cereal que cambian de color según la estación, manchas de encina y caminos agrícolas trazando líneas rectas.
Al atardecer la luz cae baja sobre los campos y las ruinas proyectan sombras largas. En verano, en cambio, el sol del mediodía aplana bastante el paisaje.
La plaza del Arcipreste y las casas antiguas
Al volver al centro del pueblo se llega a la plaza del Arcipreste. No es grande, pero concentra buena parte de la historia de Hita. Varias casas conservan escudos en las fachadas y balcones de madera que sobresalen ligeramente sobre la calle.
Aquí el ritmo suele ser tranquilo fuera de los días señalados. Se oyen conversaciones que salen de las ventanas abiertas, alguna puerta que se cierra, el viento moviendo los cables entre las casas.
Muy cerca está la casa museo dedicada a Juan Ruiz, el Arcipreste de Hita, autor del Libro de Buen Amor. El espacio ayuda a situar al personaje y a entender por qué su nombre sigue ligado al pueblo.
Camino hacia el río Badiel
Desde la parte baja salen senderos que bajan hacia el valle del Badiel. El cambio de paisaje se nota rápido. Las calles de piedra quedan atrás y aparecen caminos de tierra entre campos.
En primavera, o después de varios días de lluvia, el aire huele a tierra húmeda y a vegetación fresca. La ribera concentra más verde que el resto del entorno, algo que se agradece en los meses secos de la Alcarria.
No es una ruta complicada, pero el terreno puede embarrarse si ha llovido mucho.
Fiestas y momentos del año
El momento más movido suele llegar con el Festival Medieval del Arcipreste, que tradicionalmente se celebra a comienzos de julio. Durante esos días el pueblo cambia bastante: más gente en las calles, puestos de artesanía y actividades repartidas por el casco antiguo.
En agosto, alrededor de mediados de mes, se celebran las fiestas patronales. El ambiente es más vecinal, con actos religiosos y encuentros entre gente del pueblo y familias que vuelven en verano.
Quien prefiera ver Hita con calma suele agradecer venir fuera de esas fechas. Entre semana, especialmente por la mañana, el pueblo recupera ese silencio que se escucha al llegar. El mismo de los pasos sobre piedra.