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sobre Illana
Pueblo señorial con palacios y barrios pintorescos; tradición olivarera
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Hay pueblos a los que llegas sin expectativas, casi de paso, y acabas bajando del coche “solo un momento” para estirar las piernas. Y ese momento se alarga. El turismo en Illana tiene un poco de eso: no es un sitio que suela salir en las listas de escapadas, pero cuando te metes por sus calles entiendes rápido el ritmo al que funciona.
Illana está en la Alcarria más abierta, rodeada de campos que cambian de color según la época del año. El casco urbano se reparte sobre pequeñas lomas y conserva bastante de ese aspecto de pueblo agrícola que nunca ha tenido prisa por modernizarse. Casas de piedra y ladrillo, fachadas encaladas aquí y allá, portones de madera que han visto bastantes inviernos.
Pasear por el centro es sencillo: no hay grandes distancias ni un itinerario claro. Más bien vas enlazando calles según te llaman la atención. A ratos aparece una casa más grande con escudo en la fachada; a ratos, viviendas más humildes que recuerdan cómo ha sido la vida aquí durante generaciones: campo, temporadas duras y mucho trabajo alrededor de la tierra.
Qué ver cuando te detienes en Illana
La iglesia de Nuestra Señora de la Asunción domina la plaza principal y funciona un poco como punto de referencia. Da igual por dónde entres al pueblo: tarde o temprano acabas orientándote por su torre. El edificio ha pasado por varias reformas a lo largo del tiempo, aunque todavía se perciben partes más antiguas en la estructura.
El interior es bastante sobrio, como suele ocurrir en muchas iglesias de la Alcarria. No esperes una catedral ni algo espectacular. Pero si está abierta, merece la pena asomarse un momento y ver los retablos barrocos y ese ambiente tranquilo que tienen los templos de pueblo cuando no hay nadie dentro.
Por las calles cercanas aparecen varias casas señoriales con balcones y escudos en piedra. Algunas están cuidadas, otras esperan mejores tiempos. A mí siempre me hacen pensar en esas épocas en las que ciertos pueblos tenían más movimiento del que vemos hoy: propietarios agrícolas, familias con tierras alrededor, vida social más intensa.
A pocos kilómetros el paisaje cambia un poco. Hacia el sur se acerca el embalse de Entrepeñas, y en dirección al Tajo el terreno empieza a romperse con barrancos y zonas más escarpadas. No es algo que veas desde el centro del pueblo, pero sí forma parte del entorno inmediato.
Caminos y paseos alrededor del pueblo
Los alrededores de Illana están llenos de caminos agrícolas. Son pistas de tierra de las de toda la vida, las que usan tractores y vecinos para ir de una finca a otra. Muchos se pueden recorrer caminando sin demasiada dificultad.
Eso sí, no hay una red de senderos señalizados como en parques naturales. Si te gusta caminar un rato sin complicaciones, basta con salir del pueblo y seguir cualquiera de estos caminos entre campos de cereal y alguna mancha de olivar. Si la idea es hacer una ruta más larga, mejor llevar el móvil con GPS o un mapa.
Las carreteras secundarias también tienen su público, sobre todo entre ciclistas. Son tramos largos, bastante tranquilos en cuanto a tráfico, aunque el terreno alcarreño siempre guarda alguna cuesta corta que te recuerda dónde estás.
Lo que se come por aquí
La Alcarria tiene una cocina bastante directa, de las que nacieron para aguantar jornadas largas en el campo. En Illana no es diferente.
La miel de la zona —la de la Alcarria con denominación de origen— aparece con frecuencia, tanto en postres como en recetas tradicionales. Y luego están los clásicos de interior: cordero asado, migas cuando aprieta el frío, platos contundentes pensados más para llenar el estómago que para hacer fotos.
No es una gastronomía sofisticada. Es de cuchara, horno y pan al lado.
Fiestas que cambian el ritmo del pueblo
En agosto, alrededor del día 15, se celebran las fiestas dedicadas a la Virgen de la Asunción. Es la época en la que Illana se llena más: gente que vuelve al pueblo unos días, calles con más movimiento y actividades que suelen girar alrededor de la plaza.
Procesiones, música por la noche y ese ambiente típico de fiestas de verano donde vecinos y gente que pasó aquí la infancia se reencuentran.
En invierno sigue celebrándose San Antón con las tradicionales hogueras. Son de esas costumbres que en muchos sitios se han perdido y aquí todavía aparecen algunos años: fuego en la calle, vecinos charlando alrededor y, si coincide, la bendición de animales.
No es un espectáculo pensado para visitantes. Más bien una tradición que continúa porque el pueblo sigue vivo.
Al final, Illana es uno de esos lugares que no intenta llamar la atención. No tiene grandes monumentos ni un casco histórico monumental. Pero si te interesa ver cómo es un pueblo de la Alcarria sin decorado turístico, dar un paseo por aquí tiene bastante sentido. A veces eso ya es suficiente.