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sobre La Peraleja
Pueblo alcarreño con cuevas y arquitectura tradicional; entorno de valle
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Enclavada en las estribaciones montañosas de La Alcarria conquense, La Peraleja representa ese concepto de España vaciada que, paradójicamente, está llena de autenticidad. Con apenas 84 habitantes y situada a 870 metros de altitud, esta pequeña aldea emerge entre páramos y barrancos como un testimonio vivo de la arquitectura tradicional manchega y del modo de vida rural que resiste al paso del tiempo.
El silencio aquí tiene textura. Es un silencio que solo interrumpen las campanas de la iglesia, el murmullo del viento entre los enebros y el canto de las alondras. La Peraleja no busca impresionar con grandes monumentos ni infraestructuras turísticas, sino que ofrece algo cada vez más escaso: la posibilidad de desconectar completamente, de pasear por calles empedradas donde el tiempo parece haberse detenido en otra época.
Esta aldea alcarreña es perfecta para quienes buscan ruralismo auténtico, paisajes de páramo y la oportunidad de experimentar cómo era la vida en estos pueblos serranos antes de la despoblación. Desde su emplazamiento elevado, las vistas sobre los campos circundantes y las ondulaciones características de La Alcarria compensan con creces el esfuerzo de llegar hasta aquí.
Qué ver en La Peraleja
El patrimonio de La Peraleja es modesto pero representativo de la arquitectura religiosa rural castellana. Su iglesia parroquial preside el núcleo urbano con la sobriedad característica de los templos alcarreños, con elementos que remontan a los siglos XVI-XVII. Aunque sencilla en su decoración, representa el centro espiritual y social de la comunidad durante siglos.
El verdadero atractivo de La Peraleja reside en su conjunto urbano tradicional. Las casas de mampostería y tapial, con sus características fachadas encaladas y tejados de teja árabe, conforman un entramado arquitectónico perfectamente integrado en el entorno serrano. Pasear por sus calles estrechas permite descubrir detalles constructivos tradicionales: portones de madera noble, rejas forjadas, corrales y patios que hablan de una economía agrícola y ganadera ancestral.
El entorno natural es, sin embargo, el gran protagonista. Los páramos circundantes, los campos de cereal que cambian de color según la estación, y las zonas de matorral mediterráneo de montaña (romero, tomillo, espliego) crean un paisaje de gran belleza austera. Desde los alrededores del pueblo se obtienen amplias panorámicas de La Alcarria, especialmente hermosas al atardecer, cuando la luz rasante moldea el relieve de los páramos.
Qué hacer
La Peraleja es un destino para el senderismo tranquilo y las caminatas sin dificultad técnica por caminos rurales y veredas tradicionales. Los antiguos caminos que comunicaban la aldea con otros núcleos cercanos son perfectos para rutas a pie o en bicicleta de montaña, atravesando campos de cultivo, zonas de pastoreo y barrancos con vegetación arbustiva.
La observación de aves es otra actividad destacada en esta zona, donde es posible avistar especies típicas de páramo como alondras, collalbas, perdices y aves rapaces que sobrevuelan los campos en busca de presas. El silencio y la escasa presencia humana favorecen la concentración de fauna.
Para los aficionados a la fotografía de paisaje rural, La Peraleja ofrece escenas de gran autenticidad: calles desiertas con arquitectura tradicional, campos ondulados según la estación (dorados en verano, verdes en primavera), atardeceres sobre los páramos y composiciones de arquitectura popular perfectamente conservada.
La gastronomía local sigue los patrones de La Alcarria: cocina de caza (perdiz, conejo), cordero asado, migas manchegas y productos derivados del cerdo ibérico. Aunque La Peraleja no cuenta con restauración establecida por su reducido tamaño, los pueblos cercanos de la comarca mantienen viva esta tradición culinaria. La miel de La Alcarria, con denominación de origen, es un producto imprescindible para llevarse de la zona.
Fiestas y tradiciones
A pesar de su pequeño tamaño, La Peraleja mantiene sus celebraciones tradicionales, que constituyen momentos de reencuentro para antiguos vecinos y familiares. Las fiestas patronales se celebran durante el verano, generalmente en agosto, cuando el buen tiempo permite la celebración de actos al aire libre y el regreso temporal de emigrados que mantienen sus vínculos con la aldea.
La Semana Santa, aunque con actos sencillos, conserva procesiones y celebraciones litúrgicas que reúnen a la comunidad. Son momentos de especial recogimiento en un entorno donde la dimensión espiritual del paisaje y el silencio invitan a la contemplación.
Información práctica
Cómo llegar: Desde Cuenca capital (aproximadamente 80 km), se accede por la N-320 en dirección a Tarancón, para después tomar carreteras comarcales que penetran hacia el interior de La Alcarria. El acceso requiere transitar por carreteras secundarias, por lo que conviene consultar un GPS actualizado. El vehículo propio es imprescindible.
Mejor época: La primavera (abril-mayo) ofrece campos verdes y temperaturas suaves, mientras el otoño proporciona luz especial y colores ocres. El verano puede ser caluroso debido a la altitud moderada y la exposición, aunque las noches refrescan. El invierno es frío, con posibilidad de heladas.
Consejos prácticos: Lleva provisiones, ya que no hay comercios en la aldea. Respeta el entorno rural y la propiedad privada. El alojamiento más cercano se encuentra en localidades mayores de la comarca. Carga el móvil y llena el depósito, la cobertura puede ser limitada y los servicios están distantes.