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sobre Pareja
Villa ribereña de Entrepeñas con azud recreativo; historia episcopal
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A media mañana, la luz cae de lado sobre la plaza de Pareja y rebota en los cristales de los balcones de hierro. Alguna persiana todavía está medio bajada. Se oye un gallo, una puerta que se cierra, pasos sobre la piedra. Durante unos minutos el pueblo parece suspendido entre el silencio y esos pequeños ruidos que aún forman parte de la vida diaria.
Pareja está en plena Alcarria, sobre una loma a unos 760 metros de altura. Alrededor se abren campos amplios de cereal, manchas de olivar y caminos que serpentean entre el monte bajo. Guadalajara queda relativamente cerca en coche, lo suficiente como para llegar sin complicarse demasiado, pero una vez dentro del pueblo el ritmo cambia. Las casas son de piedra o de cal, con ventanas pequeñas, portones gruesos y balcones que han visto pasar muchos inviernos.
Un casco urbano sencillo, con señales de otra época
Caminar por las calles de Pareja es más una cuestión de fijarse en detalles que de buscar grandes edificios. Aparecen escudos en algunas fachadas, aleros con tejas irregulares, muros que mezclan piedra antigua y reparaciones más recientes. Se nota que aquí las casas se han ido adaptando con los años, no restaurando para la foto.
La iglesia parroquial de Santa María Magdalena ocupa el centro del pueblo. Tiene elementos de distintas épocas —algo de gótico, algo de renacimiento— y una torre que se ve desde bastante lejos cuando se llega por carretera. En esta parte de La Alcarria, las torres suelen servir de referencia antes incluso de distinguir las primeras casas.
El paisaje que rodea el pueblo
Basta salir unos minutos del casco urbano para entender dónde está Pareja. Las lomas se suceden con suavidad y el horizonte queda abierto, sin montañas que lo cierren. En los bordes de los caminos crecen tomillo, romero y otras plantas aromáticas que se notan sobre todo en primavera, cuando el aire trae ese olor seco y dulce tan propio de la Alcarria.
Hay varios caminos rurales que salen del pueblo y permiten dar paseos tranquilos. Algunos atraviesan olivares; otros bordean campos de cereal o entran en zonas de monte bajo. No son rutas técnicas ni señalizadas como senderos oficiales, pero sirven para caminar un rato y mirar el paisaje con calma. En verano conviene salir temprano o esperar al final de la tarde: el sol cae con fuerza en estas lomas abiertas.
Lo que se come por aquí
La cocina que aparece en Pareja sigue el patrón de muchos pueblos de la Alcarria: platos contundentes y productos cercanos. Cuando se preparan comidas tradicionales suelen aparecer el cordero asado, guisos con caza menor —perdiz o liebre— y migas. No es raro encontrar también miel de la Alcarria en los alrededores; la zona tiene tradición apícola y a veces se vende directamente por productores de la comarca.
Carreteras tranquilas y bicicleta
Las carreteras secundarias que rodean Pareja tienen poco tráfico y bastante paisaje abierto, así que muchos ciclistas pasan por la zona. Son tramos ondulados, sin grandes puertos, aunque el viento puede hacerse notar en los páramos. El firme suele estar en condiciones aceptables, pero no está de más ir con atención en algunos tramos más antiguos.
Fiestas y momentos en que el pueblo cambia
Durante el verano, especialmente en las fiestas patronales, Pareja se llena bastante más de lo habitual. Regresan vecinos que viven fuera y la plaza se convierte en punto de encuentro con música, charangas y actividades organizadas por las peñas. El ambiente es muy distinto al de un día cualquiera de invierno.
En Semana Santa el tono es otro: procesiones sobrias, calles tranquilas y ese silencio típico de los pueblos del interior castellano.
Cómo llegar y cuándo venir
La forma más sencilla de llegar a Pareja es en coche desde Guadalajara o desde otros puntos de la provincia por carreteras comarcales. Los últimos kilómetros discurren entre campos abiertos y pequeñas curvas suaves.
Aparcar cerca del centro no suele ser complicado porque el pueblo es pequeño. Aun así, si llegas en verano o en días de fiesta, conviene dejar el coche en las entradas y terminar el recorrido a pie.
Para pasear por el casco urbano y los caminos de alrededor, las mejores horas suelen ser la mañana o el final de la tarde. A mediodía, sobre todo en julio y agosto, el sol cae de lleno sobre las calles y apenas hay sombra. Es parte del carácter de esta zona de la Alcarria. Aquí la vida, todavía, se organiza alrededor de la luz y del calor.