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sobre Portalrubio de Guadamejud
Pueblo conocido por su "Diccionario" local y lucha contra la despoblación; ambiente familiar
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A primera hora de la tarde, cuando el sol cae casi vertical sobre los campos de la Alcarria, Portalrubio de Guadamejud aparece al final de una carretera estrecha. El coche levanta un poco de polvo al entrar y lo primero que se oye es el viento moviendo alguna chapa suelta y, de vez en cuando, el golpe seco de una puerta de madera. El pueblo es pequeño —apenas unas decenas de vecinos— y las casas, de cal y ladrillo, se agrupan sin prisa alrededor de unas pocas calles.
A unos 810 metros de altitud, en la Alcarria conquense, Portalrubio de Guadamejud mantiene la forma de muchos pueblos del interior: fachadas encaladas, portones gruesos que dan paso a corrales y tejados que mezclan teja vieja con reparaciones más recientes. Desde la carretera se ve el caserío rodeado de campos de cereal y manchas de encina. Cuando sopla algo de aire, el olor es seco, a tierra caliente y paja.
El nombre del pueblo suele relacionarse con los tonos rojizos de la tierra de la zona. Hoy la sensación dominante es la quietud: muchas casas permanecen cerradas buena parte del año. En verano, eso sí, vuelven familias que mantienen aquí la casa de los abuelos y el pueblo recupera algo de movimiento durante unas semanas.
Quien haya leído a Cela reconocerá rápido el paisaje: horizontes largos, parcelas separadas por muros bajos de piedra y caminos que se pierden entre campos ondulados.
La iglesia y las calles tranquilas
La iglesia parroquial de San Pedro ocupa uno de los puntos centrales del núcleo. Es un edificio sobrio, de piedra clara, con una espadaña que sobresale sobre los tejados. Al acercarse se aprecia mejor la textura de los muros, algo irregulares, y el sonido hueco de los pasos sobre el suelo cuando la puerta está abierta.
Alrededor de la iglesia se ordenan las pocas calles del pueblo. Son cortas y tranquilas, con viviendas de dos plantas levantadas con materiales cercanos: cal, ladrillo, madera oscurecida por los años. En algunas fachadas todavía quedan balcones sencillos y portones anchos que antes daban paso a animales o a carros.
En verano no es raro ver alfombras sacadas al sol o cajas con tomates y pimientos recién recogidos. Son escenas pequeñas, de vida cotidiana, que aparecen sobre todo en agosto, cuando hay más gente.
Caminos alrededor del pueblo
El entorno de Portalrubio de Guadamejud es abierto, sin grandes montes. Campos de cereal, alguna encina solitaria y caminos agrícolas que salen del pueblo en varias direcciones. No hay señalización turística como tal; lo habitual es caminar por esas pistas de tierra que usan los agricultores.
Al andar un rato se empiezan a notar los sonidos del campo: el zumbido de insectos en verano, el vuelo de alguna rapaz que gira alto sobre los sembrados o el reclamo de las perdices escondidas en los ribazos. El terreno es suave, con pequeñas ondulaciones que permiten ver bastante lejos.
Conviene tener en cuenta el clima. En pleno verano el sol aprieta fuerte a partir del mediodía y apenas hay sombra, así que es mejor salir temprano o esperar a última hora de la tarde. Llevar agua es casi obligatorio si se piensa caminar un rato.
Cuando el pueblo vuelve a llenarse
Durante buena parte del año Portalrubio se mueve despacio. Pero en verano, normalmente en agosto, regresan vecinos que viven fuera y el ambiente cambia: se abren casas, se oyen conversaciones en la calle y las noches se alargan un poco más.
Las celebraciones del patrón suelen concentrar esos días de encuentro. No son fiestas grandes ni multitudinarias; más bien reuniones donde se juntan familias que llevan generaciones vinculadas al pueblo. La iglesia vuelve a llenarse y la plaza recupera algo del bullicio que debió de ser habitual hace décadas.
Portalrubio de Guadamejud no busca llamar la atención. Es uno de tantos pueblos pequeños de la Alcarria donde el paisaje y el silencio siguen marcando el ritmo. Si se llega con tiempo y sin prisa, basta con sentarse un rato en un banco o caminar por los caminos de alrededor para entender cómo funciona este lugar.