Artículo completo
sobre Pozo de Guadalajara
Municipio en expansión cercano a la capital; conserva picota y posada histórica
Ocultar artículo Leer artículo completo
En el corazón de La Alcarria, donde los campos de cereal se extienden hasta el horizonte y el aire huele a romero y tomillo, se encuentra Pozo de Guadalajara, un pueblo que conserva intacta la esencia de la Castilla rural. A 910 metros de altitud y con apenas 1.626 habitantes, este municipio alcarreño ofrece una escapada perfecta para quienes buscan desconectar del bullicio urbano sin alejarse demasiado de Madrid.
El pueblo debe su nombre a los numerosos pozos que históricamente han jalonado su término municipal, testimonio de una tierra donde el agua ha marcado el carácter y la supervivencia de sus gentes. Recorrer sus calles es como dar un paseo por la historia de La Alcarria: casas tradicionales de piedra y adobe, portones centenarios y ese silencio que solo se rompe por el canto de los gorriones y el repique de las campanas.
La proximidad a Guadalajara capital, a apenas 25 kilómetros, ha permitido a Pozo de Guadalajara mantener su población estable en los últimos años, convirtiéndose en un destino ideal tanto para una excursión de día como para un fin de semana de turismo rural pausado y auténtico.
Qué ver en Pozo de Guadalajara
El patrimonio religioso marca el punto de partida para cualquier visita al municipio. La Iglesia parroquial preside el núcleo urbano con su arquitectura tradicional castellana, siendo el punto de referencia del pueblo y lugar de encuentro de los vecinos. Su interior merece una visita tranquila para apreciar los detalles de su construcción y el retablo que conserva.
Pero es paseando por el casco urbano donde se descubre el verdadero encanto de Pozo de Guadalajara. Las calles mantienen esa traza irregular típica de los pueblos alcarreños, con rincones que invitan a la fotografía y fachadas que hablan de siglos de historia. Conviene callejear sin rumbo fijo, dejándose llevar por la curiosidad y descubriendo los detalles arquitectónicos que caracterizan la arquitectura popular de la zona.
Los alrededores del pueblo ofrecen paisajes típicamente alcarreños: páramos ondulados, campos de labor y pequeños bosquetes de encinas y quejigos. Desde diversos puntos se obtienen vistas panorámicas que permiten comprender la geografía de esta comarca que Camilo José Cela inmortalizó en su "Viaje a la Alcarria".
Qué hacer
Pozo de Guadalajara es punto de partida ideal para rutas de senderismo por La Alcarria. Los caminos rurales que parten del pueblo permiten adentrarse en el paisaje de la comarca, observando la fauna local y disfrutando de la tranquilidad del campo. Las rutas son aptas para todos los niveles y especialmente gratificantes en primavera, cuando el campo se llena de flores silvestres y amapolas.
Para los aficionados al cicloturismo, las carreteras secundarias de la zona ofrecen circuitos de baja dificultad con poco desnivel, perfectos para disfrutar sobre dos ruedas. El paisaje de La Alcarria se aprecia de manera especial al ritmo pausado de la bicicleta.
La gastronomía local merece atención especial. La cocina tradicional alcarreña se basa en productos de la tierra: cordero asado, gazpacho pastor (no confundir con el andaluz), morteruelo, y por supuesto, la miel de La Alcarria con Denominación de Origen Protegida. Los fines de semana, algunos establecimientos del pueblo y de los municipios cercanos ofrecen menús tradicionales donde degustar estos sabores auténticos.
Fiestas y tradiciones
El calendario festivo de Pozo de Guadalajara refleja las tradiciones castellanas más arraigadas. Las fiestas patronales se celebran a mediados de agosto, momento en que el pueblo se llena de vida con sus hijos ausentes que regresan para el verano. Son días de verbenas, actividades deportivas y encuentros que mantienen vivo el espíritu comunitario.
La Semana Santa se vive con recogimiento, con procesiones que recorren las calles principales del pueblo siguiendo una tradición que se mantiene generación tras generación. Es una celebración austera pero sentida, reflejo del carácter de sus gentes.
En los meses de otoño e invierno, las tradiciones se centran en la celebración de ciclos agrícolas y festividades religiosas menores que, aunque más íntimas, forman parte fundamental del calendario local.
Información práctica
Cómo llegar: Desde Guadalajara capital se accede en unos 25 minutos por la CM-2000 en dirección norte. Desde Madrid, la opción más directa es tomar la A-2 hasta Guadalajara y después seguir hacia el pueblo, con un tiempo total de trayecto de aproximadamente una hora.
Mejor época: La primavera (abril-junio) es ideal para disfrutar del paisaje alcarreño en su máximo esplendor, con los campos verdes y temperaturas agradables. El otoño también tiene su encanto, con colores ocres y luz especial. Los veranos pueden ser calurosos, aunque a 910 metros de altitud las noches son frescas.
Consejos: Conviene llevar calzado cómodo para caminar por el pueblo y los alrededores. Si visitas en temporada baja, comprueba los horarios de los establecimientos. La zona tiene buena cobertura móvil, pero es recomendable llevar efectivo, ya que no todos los comercios aceptan tarjeta.