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sobre Romanones
Pueblo en el valle del San Andrés; casona de los Condes de Romanones
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En el corazón de La Alcarria conquense, allá donde las lomas se suceden como olas de tierra ocre y las encinas puntean el paisaje con su verde persistente, se encuentra Romanones. Este pequeño núcleo de apenas 116 habitantes se asienta a 755 metros de altitud, ofreciendo ese sosiego que solo los pueblos auténticos de la España interior saben regalar. No es un destino de monumentos impresionantes ni de bullicio turístico, pero precisamente ahí reside su encanto: en la calma, en el paisaje que respira historia y en esa sensación de que el tiempo transcurre a otro ritmo.
Romanones forma parte de esa Alcarria que Camilo José Cela inmortalizó en sus crónicas, una tierra de horizontes amplios, arquitectura tradicional y esencias rurales que permanecen intactas. Aquí, el viajero que busca desconectar del ruido encuentra su refugio ideal, un lugar donde caminar por calles tranquilas, contemplar el atardecer desde alguna loma cercana y respirar el aire puro de la meseta castellana.
La aldea conserva ese sabor de los pueblos que no han cedido a la masificación, donde todavía es posible charlar con los vecinos en la plaza y descubrir los rincones con la pausa que merecen. Es un destino perfecto para quienes aprecian el turismo lento, el que se detiene en los detalles y valora la autenticidad por encima del espectáculo.
Qué ver en Romanones
El patrimonio de Romanones es sencillo pero representativo de la arquitectura tradicional alcarreña. La iglesia parroquial preside el núcleo urbano con su presencia austera, mostrando elementos constructivos típicos de la zona. Un paseo por el pueblo permite descubrir casas de piedra y mampostería, con balcones de madera y esas fachadas que hablan de siglos de vida rural.
El verdadero atractivo de Romanones, no obstante, está en su entorno natural. El paisaje alcarreño se despliega generoso en todas direcciones, con campos de cultivo que cambian de color según la estación, barrancos suaves y esa vegetación mediterránea continental que combina encinas, quejigos y matorrales aromáticos. Los alrededores invitan a recorrerlos sin prisa, descubriendo cortados, vaguadas y esas panorámicas que abarcan kilómetros de La Alcarria.
Cerca del pueblo, varios caminos tradicionales conectan con otras aldeas de la zona, antiguas vías que han servido durante siglos para comunicar estos núcleos rurales. Caminarlos es adentrarse en la geografía real de La Alcarria, esa que no siempre aparece en las guías pero que constituye su esencia más genuina.
Qué hacer
Romanones es destino de senderismo tranquilo. No encontrarás aquí rutas señalizadas con paneles informativos, pero sí caminos rurales perfectos para caminar o hacer cicloturismo. Las pistas que salen del pueblo conducen a través de campos de cereal, olivares y zonas de monte bajo, con desniveles moderados aptos para cualquier nivel de forma física.
La observación del paisaje es otra actividad en sí misma. Los atardeceres desde las elevaciones cercanas ofrecen espectáculos de luz sobre las lomas alcarreñas, especialmente bellos en otoño y primavera. Para los aficionados a la fotografía, tanto el pueblo como sus alrededores proporcionan infinitas composiciones de esa España rural que resiste.
En el aspecto gastronómico, Romanones mantiene la tradición culinaria alcarreña. Aunque no cuenta con establecimientos de restauración convencionales, en la zona se elaboran productos típicos como la miel de La Alcarria con Denominación de Origen Protegida, quesos artesanos y embutidos tradicionales. Las aldeas vecinas y Pastrana (a menos de 20 kilómetros) ofrecen opciones para degustar cordero asado, morteruelo, gazpacho pastor y otros platos de la cocina manchega.
Fiestas y tradiciones
Como aldea pequeña, el calendario festivo de Romanones es reducido pero sentido. Las fiestas patronales se celebran en verano, generalmente en agosto, cuando muchos emigrantes regresan al pueblo. Son celebraciones sencillas que mantienen el espíritu de las fiestas de pueblo de toda la vida: misa, procesión, comida popular y baile.
En el entorno comarcal se celebran también romerías y festividades relacionadas con el ciclo agrícola, expresiones de una cultura rural que, aunque transformada, sigue presente en estas tierras alcarreñas.
Información práctica
Cómo llegar: Desde Guadalajara capital, Romanones se encuentra a unos 55 kilómetros por la CM-2001 en dirección a Pastrana, desviándose después por carreteras locales. El trayecto dura aproximadamente una hora. Desde Madrid, la distancia es de unos 110 kilómetros, tomando la A-2 y luego carreteras comarcales. Es imprescindible vehículo propio, ya que no hay transporte público regular.
Mejor época: Primavera (abril-mayo) y otoño (septiembre-octubre) son ideales para visitar la zona, con temperaturas agradables y el campo en su mejor momento. El verano puede ser caluroso, aunque las noches refrescan por la altitud. El invierno es frío pero ofrece paisajes de gran belleza.
Consejos: Lleva calzado cómodo para caminar, provisiones si planeas rutas largas y respeto absoluto por el entorno rural. Consulta en Pastrana o Sacedón sobre alojamientos rurales cercanos y opciones de restauración en la comarca.