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sobre Utande
Situado en el valle del Badiel; pueblo pequeño y acogedor
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A las afueras de la iglesia de la Asunción, en un día cualquiera, el sol atraviesa los huecos de la torre y dibuja sombras cortas sobre la piedra desgastada. A esa hora apenas se oye nada: alguna puerta que se abre, el ruido seco de unas tejas que se dilatan con el calor, el canto de una perdiz en los campos. El turismo en Utande no tiene mucho que ver con itinerarios marcados o listas de lugares. Aquí lo que pesa es el silencio y la sensación de espacio abierto que caracteriza a buena parte de la Alcarria.
Utande apenas reúne a unas pocas decenas de vecinos —alrededor de treinta— repartidos entre casas de piedra y tejados de teja árabe. El caserío es pequeño y se recorre en pocos minutos, pero conviene hacerlo despacio. Todavía se ven portones de madera gruesa, corrales pegados a las viviendas y rejas antiguas que parecen llevar ahí toda la vida. Son detalles de un pueblo que ha vivido, sobre todo, del campo.
La iglesia y el pequeño centro del pueblo
La iglesia de la Asunción marca el punto más reconocible del casco urbano. Su origen se remonta a época medieval, aunque lo que se ve hoy es el resultado de reformas posteriores. No es un edificio grande ni especialmente ornamentado; lo que llama la atención es su sobriedad y el color de la piedra cuando la luz de la tarde cae de lado sobre la fachada.
Alrededor de la iglesia se organiza el núcleo principal del pueblo: unas pocas calles cortas, algún banco donde sentarse y vistas que enseguida se abren hacia los campos.
Caminos que salen hacia el cereal
Desde la plaza o desde los bordes del caserío parten varios caminos de tierra que se meten entre parcelas de cultivo. No están señalizados como rutas, pero se usan desde siempre para acceder a las tierras. Caminar por ellos es sencillo porque el terreno apenas tiene desnivel.
En primavera el campo aparece muy verde y el viento mueve el cereal como si fuera una superficie de agua. En verano llega el color pajizo del trigo o la cebada ya maduros. Tras la siega, a finales del verano, el paisaje queda más desnudo: rastrojos, tierra clara y un horizonte amplísimo que en días despejados parece no terminar nunca.
Hay también pequeños barrancos y ondulaciones suaves del terreno, muy típicos de esta parte de la Alcarria.
Qué tener en cuenta antes de venir
Utande es un pueblo muy pequeño y conviene venir con cierta previsión.
- No hay comercios ni servicios abiertos de forma continuada.
- Los caminos rurales no están señalizados como senderos oficiales.
- En verano el sol cae con fuerza y hay muy poca sombra.
Llevar agua y gorra no es mala idea si se piensa caminar un rato. También ayuda consultar antes el mapa del móvil o un GPS con los caminos marcados, porque algunas pistas se bifurcan entre parcelas.
Aves, liebres y silencio
El entorno abierto facilita ver fauna si uno se para un rato. Las rapaces suelen planear sobre los campos, aprovechando las corrientes de aire que suben desde los barrancos. Al amanecer o al caer la tarde no es raro que alguna liebre cruce un camino o que aparezca un corzo en la distancia, sobre todo en zonas donde el cereal se mezcla con monte bajo.
Unos prismáticos pequeños caben en cualquier mochila y hacen que el paseo cambie bastante: de pronto empiezas a fijarte en lo que se mueve lejos.
Carreteras tranquilas para recorrer la Alcarria
Las carreteras secundarias que conectan Utande con otros pueblos de la zona tienen muy poco tráfico. Son trayectos suaves, con colinas redondeadas y largas rectas entre campos. Mucha gente las recorre en bicicleta precisamente por eso: porque permiten avanzar kilómetros sin apenas coches.
Por el camino van apareciendo otros núcleos pequeños, con sus eras de piedra, huertos pegados al pueblo y casas que mezclan piedra, adobe y yeso.
Comer por la zona
En Utande no hay bares ni restaurantes abiertos durante todo el año. Para comer o comprar algo hay que desplazarse a pueblos algo mayores de la comarca.
En la Alcarria es fácil encontrar productos muy ligados al territorio. La miel con Denominación de Origen La Alcarria es probablemente el más conocido, pero también se elaboran embutidos, quesos y platos tradicionales ligados al cordero. Suelen encontrarse en tiendas o restaurantes de localidades cercanas.
Fiestas sencillas
Las celebraciones del pueblo son discretas. En agosto suelen organizarse las fiestas patronales, con misa, procesión y reuniones vecinales que llenan de movimiento unas calles normalmente muy tranquilas.
Durante esos días regresan muchos de los que tienen casa familiar en el pueblo, así que el ambiente cambia bastante respecto al resto del año.
Cómo llegar
Desde Guadalajara capital hay alrededor de cincuenta kilómetros hasta Utande. El recorrido discurre por carreteras comarcales que atraviesan campos y pequeñas lomas. El firme suele estar en buen estado, aunque la carretera serpentea en algunos tramos.
No es un trayecto para hacer con prisa. Lo más agradable es tomárselo con calma y parar alguna vez a mirar el paisaje de la Alcarria, que aquí se abre ancho y silencioso.
Utande no tiene grandes monumentos ni actividad constante. Es más bien una pausa en mitad del campo: un puñado de casas, una iglesia de piedra clara y caminos que se alejan entre cereal y horizonte. A veces eso es suficiente.