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sobre El Casar
Gran municipio residencial fronterizo con Madrid; combina urbanizaciones con casco histórico
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El queso explica bastante bien El Casar. Aquí se elabora una torta de oveja muy blanda, de esas que se abren por arriba y se comen con cuchara. No es una rareza reciente. Forma parte de una tradición pastoril ligada a los campos de cereal de la Campiña de Guadalajara. Las ovejas manchegas pastan en estas lomas abiertas desde hace siglos, y la leche termina convertida en un queso de pasta cremosa, cuajado con cardo.
El propio nombre del pueblo suele relacionarse con el cruce de rebaños trashumantes que pasaban por la zona. Algunos autores lo explican así: aquí se “casaban” o mezclaban los ganados antes de seguir camino. No es una certeza absoluta, pero encaja con el paisaje que rodea el municipio. Campos amplios, caminos antiguos y una posición intermedia entre Guadalajara y las tierras de la Alcarria.
Un pueblo marcado por el camino
El Casar creció junto a una vía de paso que conecta la campiña con el interior de la provincia. Ese corredor ya existía en época romana. Cerca del trazado actual de la carretera aún se menciona la aparición de un miliario reutilizado durante siglos como piedra de señal. No es raro: muchas infraestructuras antiguas acabaron integradas en construcciones posteriores.
El centro del pueblo se organiza alrededor de la plaza Mayor. Allí se levanta el ayuntamiento, un edificio de origen moderno con añadidos posteriores, entre ellos la torre del reloj. La plaza sigue siendo el punto de encuentro cotidiano.
A pocos pasos aparece la iglesia de Santa María Magdalena. El edificio actual se levantó en el siglo XVI sobre una construcción anterior. El interior conserva un retablo barroco de factura popular. Más que la ornamentación, llama la atención el tamaño del templo. Resulta grande para lo que fue el pueblo durante siglos. Probablemente refleja momentos de prosperidad ligados al ganado y a la producción de queso.
Un municipio que ha cambiado mucho
El Casar ya no es solo un pueblo agrícola. Durante las últimas décadas han aparecido varias urbanizaciones en los alrededores. Muchas funcionan como segunda residencia para familias que viven en Guadalajara o en Madrid.
Ese crecimiento ha modificado el ritmo del municipio. En verano hay más movimiento en las calles y en las instalaciones deportivas. Durante el invierno el ambiente es más tranquilo y el casco antiguo recupera un aire más cotidiano.
Aun así, la actividad ganadera y agrícola sigue presente. En algunas calles todavía se ven corrales o naves ligadas al manejo del ganado. Y al amanecer no es raro notar el olor de la leche recién trabajada en las instalaciones cooperativas del entorno.
Tradiciones del calendario local
El calendario festivo mantiene celebraciones antiguas. En torno a la Candelaria, a comienzos de febrero, suele organizarse una hoguera y una procesión con la Virgen de la Antigua. La costumbre de saltar el fuego sigue viva entre los vecinos más jóvenes, aunque cada año se adapta a las normas de seguridad.
También hay una romería vinculada a la ermita del Calvario, situada en un cerro cercano. El camino se hace andando desde el pueblo. Allí se conservan imágenes religiosas antiguas y se pasa la mañana en el campo antes de regresar.
Las fiestas principales llegan hacia finales del verano. Durante varios días hay actos populares, música y actividades ligadas al queso, que continúa siendo el símbolo gastronómico del municipio.
Caminar por la Campiña
El territorio alrededor de El Casar es suave y abierto. No hay grandes desniveles, pero el paisaje cambia con las estaciones. En primavera los campos de cereal se mezclan con manchas de flores silvestres. A principios de verano el color vira hacia los tonos dorados de la cosecha.
Desde el propio casco urbano salen caminos agrícolas que suben hacia el cerro del Calvario o siguen el curso del arroyo Valdeolmos. Son recorridos sencillos, de varios kilómetros, que atraviesan parcelas de cultivo y pequeñas lomas. Conviene llevar agua: la sombra escasea y las fuentes no abundan fuera del pueblo.
Notas prácticas
El Casar se encuentra en la Campiña de Guadalajara, relativamente cerca de la capital provincial. Se llega por carretera en poco tiempo desde allí y también desde el corredor del Henares.
El pueblo se recorre andando sin dificultad. El núcleo histórico es compacto y las urbanizaciones quedan algo más alejadas.
Si te interesa el queso local, lo más sensato es buscarlo por la mañana en los comercios del municipio o en los mercados de la zona. La torta se come abriendo la corteza superior y sacando la pasta con cuchara. El pan hace el resto.