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sobre Torrejón del Rey
Municipio en gran expansión residencial; limita con Madrid
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Un tractor pasa despacio por la calle Mayor cuando todavía no han abierto casi las persianas. Las ruedas traen barro seco del campo y dejan un rastro fino sobre el asfalto. A esa hora Torrejón del Rey está medio en silencio: alguna puerta que se cierra, el golpe de una persiana, las campanas de la iglesia marcando la mañana.
Torrejón del Rey pertenece a la Campiña de Guadalajara y queda relativamente cerca del Corredor del Henares, aunque aquí el paisaje ya cambia. El horizonte se abre en campos de cereal y lomas suaves. Cuando sopla aire del oeste trae olor a tierra trabajada y a paja.
Entre la Campiña y el valle del Torate
El pueblo se extiende sobre una pequeña elevación. Desde algunos puntos altos se ve la vega del arroyo Torate, una línea de vegetación que rompe la monotonía de los cultivos. En verano el cauce suele bajar muy justo de agua y quedan charcos entre los chopos.
La iglesia parroquial de la Asunción domina el caserío. La torre cuadrada se ve desde casi cualquier acceso al pueblo. El interior es sobrio, con paredes gruesas que guardan el fresco incluso en agosto. Todavía se distinguen restos de pintura mural en algunos tramos, aunque el paso del tiempo ha ido levantando el yeso.
En archivos parroquiales y documentos antiguos aparecen referencias al lugar desde hace siglos. El territorio siempre ha estado ligado a Guadalajara, aunque Madrid quede relativamente cerca por carretera. Esa cercanía hoy se nota: muchos vecinos trabajan fuera y vuelven por la tarde.
Las fiestas cuando vuelve la gente
A mediados de agosto, durante las fiestas de la Asunción, el ritmo del pueblo cambia. Llegan familias que pasaron años fuera y las calles se llenan más de lo habitual. Por la tarde se ve a grupos charlando en la plaza mientras la banda acompaña la procesión.
La imagen de la Virgen recorre las calles principales entre mantillas y trajes de fiesta. Los más mayores siguen el paso despacio. Los jóvenes se quedan en los bordes hablando o mirando el móvil, pero al final todos acaban mezclados cuando cae la noche y empieza la música.
Son días ruidosos, con coches buscando sitio para aparcar y terrazas llenas. Cuando pasan las fiestas, el pueblo vuelve a su ritmo habitual.
Cocinas de invierno
En invierno el movimiento se concentra dentro de las casas. Por la mañana sale humo de algunas chimeneas y el olor a leña baja por las calles cuando el aire está quieto.
Las matanzas todavía se recuerdan en muchas familias, aunque ya no se hagan como antes. En algunas casas siguen curando embutidos en habitaciones frescas o en pequeños secaderos bajo el tejado. La mezcla de pimentón, ajo y carne recién picada deja un olor muy reconocible que se queda días en la ropa.
A primera hora, varios vecinos se juntan a desayunar en el bar del pueblo. Pan tostado, café corto y conversación larga sobre cosechas, obras o noticias del Corredor del Henares.
Caminos entre cultivo y monte bajo
Alrededor de Torrejón del Rey salen varios caminos agrícolas que se pueden recorrer andando o en bicicleta. Muchos siguen trazados antiguos usados para llegar a las tierras de labor.
Uno de ellos baja hacia la ermita de la Soledad atravesando campos abiertos. El recorrido no es largo pero tiene algunas cuestas suaves. En primavera los bordes del camino se llenan de amapolas y hierbas altas; a finales de verano el suelo está seco y polvoriento.
Más lejos aparecen zonas con encinas dispersas y pequeñas majadas de piedra. En los días tranquilos se oyen cencerros de ganado o el motor lejano de algún tractor. También es habitual encontrar huellas de jabalí en los tramos de barro después de la lluvia.
Conviene evitar las horas centrales del verano. Apenas hay sombra en gran parte del recorrido.
Cómo llegar y cuándo acercarse
Torrejón del Rey se alcanza por carretera desde el Corredor del Henares, tras dejar la autovía principal y entrar en una red de carreteras comarcales. Desde Madrid el trayecto suele rondar algo más de una hora, según el tráfico.
La primavera es un buen momento para recorrer los caminos de alrededor: el cereal todavía está verde y el viento mueve las espigas en olas largas. En julio y agosto el calor aprieta y muchos paseos se hacen mejor a primera hora de la mañana o al caer la tarde.
Si vienes en días de fiesta encontrarás más ambiente, pero también más coches y ruido. Fuera de esas fechas el pueblo se muestra tal como es la mayor parte del año: tranquilo, agrícola y bastante pegado al ritmo del campo.