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sobre Nava de Ricomalillo (La)
Pueblo minero en el pasado; situado en la Vía Verde de la Jara con paisajes de pizarra
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En el corazón de La Jara toledana, donde los montes Apalaches manchegos dibujan un paisaje de suaves lomas y densos bosques mediterráneos, se encuentra Nava de Ricomalillo. Este pequeño municipio de apenas 496 habitantes se alza a 645 metros de altitud, ofreciendo al viajero una experiencia auténtica de la España interior, lejos de las rutas turísticas masificadas y los circuitos convencionales.
La Jara es una comarca que guarda celosamente sus secretos: un territorio de monte bajo, encinas centenarias y arroyos cristalinos que ha sabido mantener su identidad a lo largo de los siglos. Nava de Ricomalillo participa de ese carácter reservado pero hospitalario, típico de estos pueblos donde el tiempo parece transcurrir a otro ritmo. Aquí, la arquitectura popular se funde con el paisaje, y las calles conservan ese trazado irregular que habla de un origen medieval y una vida adaptada al entorno natural.
Visitar Nava de Ricomalillo es sumergirse en la esencia de la Castilla-La Mancha menos conocida, aquella que no aparece en las postales pero que guarda la autenticidad de lo cotidiano. Es un destino para quienes buscan desconexión, naturaleza y el placer de descubrir rincones donde la tradición sigue viva en cada gesto.
Qué ver en Nava de Ricomalillo (La)
El patrimonio de Nava de Ricomalillo es modesto pero significativo, reflejo de siglos de vida rural en estas tierras de frontera entre Toledo y Cáceres. La iglesia parroquial preside el núcleo urbano, como ocurre en todos los pueblos de La Jara, actuando como punto de referencia arquitectónico y social. Su estructura, aunque reformada a lo largo del tiempo, conserva elementos que nos hablan de la devoción popular y la importancia que estos templos tuvieron en la articulación de la vida comunitaria.
El verdadero atractivo de Nava de Ricomalillo reside en su conjunto urbano y en la perfecta integración con el entorno natural. Pasear por sus calles permite observar ejemplos de arquitectura popular jarota, con construcciones de mampostería, rejerías tradicionales y portones de madera que han resistido el paso del tiempo. Las fachadas encaladas contrastan con el verde del monte circundante, creando una postal característica de esta comarca.
El entorno natural es, sin duda, uno de los grandes tesoros del municipio. Los alrededores están surcados por caminos y senderos que se adentran en dehesas y montes donde predominan la encina, el alcornoque y el quejigo. Este paisaje mediterráneo es ideal para la observación de fauna, especialmente aves rapaces y especies cinegéticas que encuentran refugio en estos parajes.
Qué hacer
La propuesta de actividades en Nava de Ricomalillo gira en torno al turismo de naturaleza y al descubrimiento pausado del territorio. El senderismo es, sin duda, la mejor forma de explorar La Jara, y desde el pueblo parten diversas rutas que permiten adentrarse en el monte y descubrir rincones de gran belleza paisajística. Los caminos tradicionales, muchos de ellos antiguos caminos ganaderos, ofrecen recorridos de diferente dificultad aptos para todos los públicos.
La gastronomía jarota es otro de los atractivos imprescindibles. Basada en productos de la caza, el cerdo ibérico y las setas de temporada, la cocina de esta zona es contundente y sabrosa. Las migas, el gazpacho pastor, los guisos de caza y las gachas son platos que forman parte de la tradición culinaria local. En época otoñal, las setas protagonizan muchas recetas, especialmente los níscalos y las setas de cardo.
Los amantes de la micología encontrarán en los montes cercanos un paraíso para la recolección responsable, especialmente durante los meses de octubre y noviembre, cuando las lluvias despiertan el monte. La comarca de La Jara es conocida por la abundancia y variedad de especies micológicas.
Fiestas y tradiciones
El calendario festivo de Nava de Ricomalillo mantiene vivas tradiciones centenarias que reflejan el fuerte arraigo a la tierra y a las costumbres. Las fiestas patronales, que se celebran durante el verano, constituyen el momento álgido del año, cuando el pueblo se llena de vida y regresan los hijos ausentes para reencontrarse con sus raíces.
En el mes de enero, como en muchos municipios castellano-manchegos, se mantiene la tradición de las hogueras de San Antón, una festividad ligada al mundo rural y ganadero donde el fuego purificador marca el inicio del ciclo anual. Las romerías también forman parte del patrimonio inmaterial del pueblo, momentos de encuentro y devoción que se celebran en ermitas cercanas o parajes tradicionales.
Información práctica
Cómo llegar: Nava de Ricomalillo se encuentra a unos 110 kilómetros al oeste de Toledo capital. La mejor forma de acceder es por carretera, tomando la CM-4101 desde Talavera de la Reina o conectando con las comarcales que atraviesan La Jara. Desde Madrid, la distancia es de aproximadamente 160 kilómetros, con un trayecto de unas dos horas por la A-5 y posteriormente por carreteras comarcales.
Mejor época para visitar: La primavera (abril-mayo) y el otoño (octubre-noviembre) son las estaciones ideales. En primavera, el monte se llena de flores y el verde es especialmente intenso. En otoño, los colores ocres y la temporada micológica ofrecen un aliciente adicional. Los veranos pueden ser calurosos, aunque la altitud modera algo las temperaturas.
Consejos prácticos: Es recomendable llevar calzado adecuado para caminar por el campo, prismáticos si te interesa la observación de aves, y consultar previamente sobre alojamientos en la zona, que suelen ser casas rurales o pequeños establecimientos. La comarca no cuenta con gran infraestructura turística, por lo que conviene planificar con antelación.