Artículo completo
sobre Navalmorales (Los)
Capital olivarera de La Jara; pueblo grande con casas señoriales y buen aceite
Ocultar artículo Leer artículo completo
Turismo en Los Navalmorales empieza por lo básico: entrar y aparcar. Hay dos accesos por la CM‑415. El que viene de Toledo pasa antes por el polígono. El que llega desde el valle del Pusa entra más directo al casco. Al final ambos acaban en la misma zona del centro. Aparca donde encuentres hueco. No hay mucho misterio.
Hay algo más de dos mil vecinos. Casas encaladas, calles que suben y bajan un poco y la sierra al fondo. El término es grande, más de cien kilómetros cuadrados, pero el pueblo se recorre rápido. La altitud ronda los 580 metros. En invierno el frío aprieta. En verano el sol cae sin filtro.
El pueblo que fue dos
Hasta 1835 aquí había dos pueblos. Un arroyo en medio y cada uno a su lado. Al oeste estaba Navalmoral de Toledo. Al este, Navalmoral de Pusa, ligado durante siglos al señorío del marqués de Malpica.
La unión llegó por decreto. Desde Madrid decidieron juntar los dos ayuntamientos. Sobre el papel fue rápido. En la práctica, la división duró años. La gente mayor todavía habla de “la parte de Toledo” y “la parte de Pusa” cuando cruza de un lado a otro.
Aceite y animales
El olivar manda. Filas de olivos hacia la sierra de San Pedro y las lomas cercanas. Entre medias aparecen dehesas con encinas. Allí pasta el ganado. Vacas negras, ovejas manchegas, algunas cabras.
La economía sigue siendo eso. Campo y ganado. El turismo pasa de largo la mayoría de las veces.
Lo que hay y lo que no
La iglesia de Nuestra Señora está en la plaza. Es del siglo XVI. Campanario de ladrillo y fachada sencilla. Dentro hay retablos barrocos. La puerta suele estar abierta y la visita dura poco.
Al lado verás lo que usa el pueblo cada día. Un parque infantil junto al colegio. Un frontón ya gastado. Un par de bares donde parar un rato.
La arquitectura es la habitual en esta parte de La Jara. Casas de adobe encaladas, teja árabe, calles estrechas. Nada raro.
En el cerro de San Blas se habla de restos antiguos, un castro vetón según cuentan. También han aparecido monedas romanas en la zona. No está acondicionado ni señalizado. Si subes, lo que verás es monte bajo.
Cuándo venir y cuándo no
Octubre suele ser buen momento. El campo cambia de color y el calor afloja. Caminar por los caminos ya no se hace pesado.
Diciembre y enero son duros. Viento del norte y días cortos. El pueblo se queda tranquilo entre semana.
Julio y agosto aprietan. A primera hora hay movimiento. A media tarde, silencio y persianas bajadas.
Consejo final
Los Navalmorales funciona mejor como parada breve. Estiras las piernas, das una vuelta por la plaza y miras el paisaje de olivos.
Si vienes, trae calzado cómodo. Las aceras son irregulares y hay cuestas. Y no cuentes con quedarte a dormir en el pueblo. Para eso toca moverse a otros municipios cercanos. Una hora suele bastar. Hora y media si te entretienes.