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sobre Campo de Criptana
Icono de La Mancha por sus famosos molinos de viento en la Sierra; escenario literario universal y pueblo de calles blancas y empinadas
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En lo alto de la Sierra de los Molinos, recortándose contra el cielo infinito de La Mancha, se alzan los gigantes que un día desafiaron a Don Quijote. Campo de Criptana, con sus 13.142 habitantes y a 707 metros de altitud, es mucho más que el escenario de una batalla literaria: es un pueblo blanco y azul que ha sabido preservar su esencia manchega mientras abraza con orgullo su legado cervantino.
Pasear por sus calles empinadas es adentrarse en una postal que parece detenida en el tiempo. Las casas encaladas de su casco antiguo, muchas de ellas cueva excavadas en la roca, contrastan con el añil intenso de puertas y ventanas. Pero son los molinos de viento, esos colosos de madera y piedra que coronan el cerro, los que convierten a este rincón de Ciudad Real en uno de los lugares más fotografiados y reconocibles de toda Castilla-La Mancha.
La magia de Campo de Criptana reside en su autenticidad. Aquí no encontrarás decorados ni reconstrucciones vacías, sino un pueblo vivo que ha integrado su historia en el día a día, donde los molinos siguen siendo parte del paisaje cotidiano y donde el legado molinero se transmite de generación en generación.
Qué ver en Campo de Criptana
Los diez molinos de viento que se conservan en la Sierra de los Molinos son, sin duda, el mayor atractivo de la localidad. Tres de ellos —Burleta, Infanto y Sardinero— datan del siglo XVI y conservan su maquinaria original, siendo algunos de los molinos más antiguos de toda La Mancha. El resto fueron reconstruidos respetando la técnica tradicional. Cada molino tiene nombre propio y varios albergan pequeños museos temáticos: desde el Museo de Sara Montiel, hija ilustre del pueblo, hasta exposiciones sobre la molienda tradicional.
El Pósito Real, del siglo XVI, es otro edificio emblemático que merece una visita. Este antiguo almacén de grano es uno de los mejor conservados de la región y refleja la importancia histórica de Campo de Criptana como centro agrícola. Su robusta arquitectura de piedra contrasta con las delicadas líneas del Convento de las Carmelitas Descalzas, fundado en el siglo XVII.
El barrio del Albaicín criptanense constituye uno de los conjuntos de arquitectura popular más singulares de la provincia. Sus casas-cueva, excavadas en la roca caliza de la sierra, con sus fachadas blancas y ventanas azules, crean un entramado de callejuelas estrechas y empinadas que invitan a perderse. Algunas de estas cuevas han sido rehabilitadas como espacios museísticos donde comprender cómo era la vida tradicional manchega.
La Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, construida sobre una antigua mezquita, presenta elementos góticos y renacentistas. Su torre barroca domina el perfil del pueblo desde cualquier ángulo.
Qué hacer
La experiencia esencial en Campo de Criptana es, sin duda, subir a la Sierra de los Molinos al atardecer. El espectáculo de luz que se produce cuando el sol se pone tras los molinos, tiñendo de rojos y naranjas el paisaje manchego, es de esos momentos que justifican por sí solos el viaje.
Varios senderos y rutas ciclistas parten desde el pueblo, recorriendo los campos de viñedos y cereales que rodean la localidad. La Ruta de los Molinos permite visitar los cercanos pueblos manchegos que comparten este patrimonio molinero, creando un itinerario que conecta Campo de Criptana con Mota del Cuervo y otros municipios de la comarca.
La gastronomía manchega alcanza aquí su máxima expresión. El pisto, las gachas, el morteruelo y el queso manchego son protagonistas de una cocina honesta y sabrosa. Los vinos con Denominación de Origen La Mancha acompañan perfectamente estos platos contundentes. En otoño, las jornadas micológicas permiten degustar las setas de temporada.
Para los interesados en la artesanía, Campo de Criptana mantiene viva la tradición de la cerámica manchega y la elaboración de encajes de bolillos, oficios que pueden conocerse en algunos talleres del casco antiguo.
Fiestas y tradiciones
El calendario festivo criptanense comienza con fuerza en febrero, cuando se celebran unos Carnavales especialmente vistosos y arraigados en la tradición local.
La Semana Santa se vive con intensidad, con procesiones que recorren el casco histórico. En mayo, las Cruces de Mayo llenan de flores y altares las calles del pueblo.
Las fiestas patronales en honor a la Virgen de Criptana tienen lugar en agosto, con verbenas, actos religiosos y actividades para todos los públicos. También en agosto se celebran eventos relacionados con el legado cervantino y la figura de Don Quijote.
En octubre, Campo de Criptana se viste de gala para la Fiesta de la Vendimia, celebrando la tradicional pisada de la uva y rindiendo homenaje a la cultura vinícola que ha marcado la economía y el carácter de la zona durante siglos.
Información práctica
Campo de Criptana se encuentra a 120 kilómetros de Ciudad Real, accesible por la autovía A-43 y posteriormente la N-420. Desde Madrid, situada a unos 150 kilómetros, se llega tomando la A-4 hasta Alcázar de San Juan y después la CM-420.
La primavera y el otoño son las mejores épocas para visitar la localidad, cuando las temperaturas son más suaves y el paisaje manchego muestra sus mejores colores. Los veranos pueden ser muy calurosos, con temperaturas que superan fácilmente los 35 grados, aunque las noches refrescan gracias a la altitud.
Se recomienda calzado cómodo para caminar por las calles empinadas del casco antiguo y subir hasta los molinos. La visita al conjunto molinero requiere al menos medio día, aunque lo ideal es dedicar una jornada completa para disfrutar con calma de todos sus atractivos.