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sobre Consuegra
Icono de La Mancha con sus molinos de viento y castillo medieval; escenario cervantino por excelencia
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Desde la lejanía, los molinos de viento de Consuegra recortan su silueta inconfundible contra el cielo manchego, como gigantes blancos que custodian la memoria de un tiempo donde la realidad y la literatura se fundieron para siempre. Esta villa toledana de casi 10.000 habitantes, situada a 704 metros de altitud en pleno corazón de La Mancha, es uno de esos lugares donde el viajero comprende de inmediato por qué Cervantes eligió estas tierras para las aventuras de su ingenioso hidalgo.
Consuegra no es solo un conjunto de molinos fotogénicos. Es una villa con más de dos mil años de historia, un cruce de caminos que conocieron romanos, visigodos y árabes, y que hoy conserva un patrimonio monumental capaz de justificar por sí solo una escapada desde Toledo o Madrid. Su cerro Calderico, coronado por doce molinos y un castillo medieval, ofrece una de las panorámicas más espectaculares de toda Castilla-La Mancha, con vistas que se extienden hasta perderse en la llanura manchega.
Pasear por las calles de su casco antiguo es adentrarse en la arquitectura popular manchega, con sus casas blancas de cal, patios floridos y balcones de forja. Pero Consuegra también sabe mirar al presente, combinando la conservación de sus tradiciones con una oferta turística cada vez más completa que incluye rutas del azafrán, jornadas gastronómicas y actividades al aire libre.
Qué ver en Consuegra
El Castillo de la Muela domina el cerro Calderico junto a los molinos de viento, formando una estampa que se ha convertido en una de las imágenes más icónicas de España. Esta fortaleza de origen árabe del siglo X fue reconstruida por la Orden de San Juan tras la Reconquista. Se puede visitar su interior, donde destacan el patio de armas, la torre del homenaje y las vistas panorámicas desde sus almenas. La entrada al recinto permite comprender la importancia estratégica que tuvo este enclave durante siglos.
Los doce molinos de viento alineados junto al castillo son la verdadera seña de identidad de Consuegra. Construidos en el siglo XVI, llevan nombres propios: Bolero, Mambrino, Sancho, Vista Alegre, Cardeño... Varios de ellos han sido restaurados y pueden visitarse, incluyendo el molino Rucio, que conserva su maquinaria original en funcionamiento y donde se realizan demostraciones de molienda.
En el casco urbano, el Corral de Comedias es una joya del teatro barroco español del siglo XVII. Redescubierto en 1996, mantiene su estructura original con el patio de butacas, los palcos y el escenario tal como eran en el Siglo de Oro. Se organizan visitas guiadas y representaciones teatrales que recrean el ambiente de la época.
La Iglesia de San Juan Bautista es un templo del siglo XVI de estilo gótico tardío con elementos renacentistas, mientras que el Convento de las Madres Concepcionistas conserva un claustro del siglo XVII. El Arco de la Villa, antigua puerta de acceso a la villa medieval, conecta el casco histórico con la zona del castillo.
El Museo Arqueológico Municipal alberga importantes restos romanos encontrados en la zona, incluyendo mosaicos y piezas que demuestran la relevancia de Consaburum, como se conocía en época romana. Para los aficionados a la etnografía, el Museo del Azafrán explica el proceso de cultivo de esta especia, conocida como "oro rojo", que históricamente ha sido fundamental en la economía local.
Qué hacer
El Cerro Calderico es el epicentro de la actividad turística. La subida puede hacerse en coche o caminando por un sendero señalizado de unos 20 minutos. El paseo entre los molinos al atardecer, cuando el sol tiñe de dorado la llanura manchega, es una experiencia memorable que permite entender por qué este paisaje inspiró a tantos artistas y escritores.
Las rutas de senderismo por los alrededores permiten descubrir la Mancha profunda, con caminos entre campos de cereal, viñedos y cultivos de azafrán. La Ruta de Don Quijote, que atraviesa la provincia, tiene en Consuegra uno de sus hitos principales.
La gastronomía local merece una mención especial. Los platos manchegos tradicionales incluyen el pisto, las gachas, las migas, el morteruelo y los asadurillas. El azafrán cultivado en la zona es de máxima calidad y se utiliza en numerosos guisos. Los quesos manchegos y los vinos con Denominación de Origen La Mancha completan una experiencia gastronómica auténtica.
Para los interesados en la cultura del azafrán, durante octubre se puede participar en la recolección de la rosa del azafrán, un proceso manual que se mantiene prácticamente inalterado desde hace siglos y que requiere madrugar mucho, ya que las flores se recogen al amanecer.
Fiestas y tradiciones
La Fiesta de la Rosa del Azafrán, declarada de Interés Turístico Nacional, se celebra el último fin de semana de octubre. Durante tres días, Consuegra se viste de gala para homenajear esta especia milenaria con muestras de monda de azafrán, mercados medievales, degustaciones gastronómicas, música y actividades culturales. Es el momento perfecto para conocer las tradiciones agrícolas de La Mancha.
En Semana Santa tienen lugar procesiones tradicionales que recorren el casco antiguo. Durante el verano, el Corral de Comedias acoge representaciones teatrales dentro de diversos festivales culturales. Las fiestas patronales en honor a la Virgen de la Blanca se celebran a finales de agosto con verbenas, competiciones deportivas y actos religiosos.
Información práctica
Consuegra se encuentra a 65 kilómetros al sur de Toledo, con acceso directo por la carretera CM-42 y la A-4. Desde Madrid capital son unos 110 kilómetros por la A-4, tomando después la salida hacia Madridejos y continuando por la CM-400. El trayecto desde Toledo dura aproximadamente 45 minutos en coche.
La mejor época para visitar Consuegra es primavera y otoño, cuando las temperaturas son más suaves y el paisaje muestra sus mejores colores. El otoño tiene el aliciente añadido de la floración del azafrán y su fiesta asociada. En verano hace calor, aunque las noches suelen ser frescas debido a la altitud. En invierno, el frío puede ser intenso, pero los molinos nevados ofrecen una imagen extraordinaria.
Se recomienda dedicar al menos medio día a la visita, aunque pasar una jornada completa permite disfrutar con tranquilidad del patrimonio, hacer una ruta de senderismo y degustar la gastronomía local. El pueblo cuenta con zona de aparcamiento gratuito cerca del centro y junto al acceso al cerro del castillo.