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sobre El Acebrón
Municipio manchego de tradición agrícola; conserva la arquitectura popular de la zona
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Llegas por la CM-4120 y el navegador te dice que has llegado cuando aún no ves casi casas. El Acebrón está ahí mismo, pegado a la carretera, pero se confunde con el paisaje. Son unos 234 vecinos repartidos en pocas calles. Aparcas donde encuentres sitio. No hay señales especiales ni zonas marcadas.
Lo que hay y lo que no
Hay una iglesia, Santo Domingo, levantada hace varios siglos, con una torre que sirve de referencia para ubicar el centro. A veces está abierta. Si no, toca mirar por la reja.
En la parte alta hay un frontón donde algunos domingos todavía se juega a pelota. Y poco más. Hay un bar en el pueblo, pero los horarios no siempre son claros. Si está abierto, bien; si no, toca seguir.
No hay tiendas. Tampoco farmacia ni gasolinera. Para comprar lo básico, la gente suele ir a Horcajo de Santiago, a unos minutos en coche. El médico pasa consulta algunos días a la semana. Para algo serio, el hospital más cercano queda bastante más lejos.
El valle del Riansares
El Acebrón se levanta en un cerro suave sobre el valle del Riansares. Los campos llegan hasta las últimas casas. Olivos, algo de viña y mucho cereal. En primavera el valle se ve verde. En verano vira rápido al amarillo y al polvo.
Desde el pueblo sale un camino de tierra que baja hacia el río. Andando son unos veinte minutos. Los senderos tienen postes de madera que se colocaron hace años; algunos siguen en pie, otros no tanto.
Cuando llueve río arriba el agua baja turbia. Conviene llevar calzado decente. Los fines de semana suele verse gente por la zona del río, más vecinos que excursionistas.
La despoblación en estado puro
A mediados del siglo pasado vivían aquí más de mil personas. Hoy quedan poco más de doscientas, muchas de edad avanzada. Varias casas están cerradas desde hace años, con ventanas tapiadas.
La escuela terminó cerrando cuando ya no quedaban suficientes niños. Los que viven aquí ahora se mueven a diario a otros pueblos para casi todo: comprar, estudiar o trabajar.
Los que se quedan suelen vivir de la agricultura o se desplazan a trabajar a otras localidades de la comarca. Los que se marchan rara vez regresan a vivir. El Acebrón es uno de tantos pueblos pequeños de La Mancha que van perdiendo población sin hacer demasiado ruido.
Comer y dormir
Restaurantes como tal no hay. El bar del pueblo a veces prepara tapas o algún guiso si hay materia prima. Preguntar es la única manera de saberlo.
Para dormir hay alguna casa rural en el entorno del municipio, aunque no siempre está abierta todo el año. Mucha gente que pasa por aquí termina durmiendo en localidades más grandes de la zona, donde hay más oferta.
Consejo final
Ven con todo lo que necesites: agua, algo de comida y paciencia. En primavera el paisaje del valle se ve mejor y el paseo hasta el río tiene sentido.
El Acebrón no vive del turismo. Es un pueblo pequeño que sigue su ritmo. Entras, das una vuelta tranquila, hablas con quien esté sentado al sol en la plaza y sigues camino. En poco tiempo ya lo has visto. Y eso también forma parte del viaje por esta parte de La Mancha.