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sobre Pozorrubio de Santiago
Pueblo de la Orden de Santiago con pozo histórico; arquitectura manchega
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¿Sabes cuando coges el coche sin un plan muy claro y acabas en uno de esos pueblos donde parece que todo va dos marchas más lento? Pues algo así pasa con Pozorrubio de Santiago. Está en la Mancha conquense y, cuando llegas, la sensación es que aquí las cosas siguen funcionando con el mismo ritmo de hace décadas. No hay grandes reclamos ni colas para ver nada. Un puñado de calles, campo alrededor y bastante silencio.
Pozorrubio no es un sitio al que vengas con una lista de monumentos en la mano. Más bien es de esos pueblos que se recorren casi sin darte cuenta. Casas de mampostería, fachadas encaladas, portones de madera bastante serios y algún patio interior que se adivina tras las puertas. En media hora lo tienes visto… pero ese no es realmente el punto.
La iglesia de Santiago, el centro del pueblo
Como en muchos pueblos de La Mancha, todo gira alrededor de la iglesia. Aquí está dedicada a Santiago Apóstol y ocupa el centro del pueblo. No es una iglesia monumental ni algo por lo que alguien vaya a hacer cien kilómetros, pero encaja bien con el lugar: sobria, funcional y cuidada.
Si coincide que está abierta, merece la pena asomarse un momento. Más que por lo artístico, por la sensación de lugar vivido. Es el tipo de edificio donde se han celebrado bautizos, despedidas y fiestas del pueblo durante generaciones.
Los llanos de alrededor: La Mancha en versión tranquila
Alrededor de Pozorrubio lo que manda es el campo. Llanura manchega sin demasiados adornos: cereal, parcelas amplias y algún árbol suelto que rompe el horizonte. Si has conducido por esta parte de Cuenca ya sabes a qué me refiero: carreteras largas, rectas, y un cielo enorme.
A primera hora o al caer la tarde el paisaje cambia bastante. La luz baja convierte los campos en una mezcla de ocres y verdes que, sin ser espectacular, tiene algo hipnótico. Es de esos sitios donde te paras un momento, miras alrededor y te das cuenta de lo poco que suena todo.
Caminos para andar sin pensar demasiado
Si te apetece estirar las piernas, basta con seguir cualquiera de los caminos agrícolas que salen del pueblo. Son rutas que llevan décadas —o más— conectando fincas y parcelas. Hoy sirven para caminar o ir en bici sin tráfico.
El terreno es completamente llano, así que aquí no hay épica montañera. Eso sí, en verano el sol pega con ganas. Mejor madrugar o salir al atardecer si no quieres acabar como una gamba al sol.
Si caminas con calma suelen aparecer animales: alguna perdiz cruzando el camino, liebres saliendo disparadas o rapaces planeando sobre los cultivos. Los aguiluchos se dejan ver bastante por esta zona.
Un sitio donde la comida sigue siendo de campo
En los pueblos pequeños de la Mancha la cocina sigue muy ligada al campo y a la caza. En reuniones familiares o fiestas no es raro que aparezcan migas, guisos contundentes o caldereta de cordero. Cuando llega la temporada de caza, perdiz o conejo suelen entrar en muchas recetas que pasan de casa en casa.
Más que una cuestión gastronómica de moda, aquí la comida sigue siendo una excusa para juntarse alrededor de la mesa y alargar la sobremesa.
Fiestas que aún marcan el calendario
El pueblo celebra a Santiago Apóstol hacia el 25 de julio. Es cuando más movimiento hay: procesiones, música y vecinos que vuelven esos días aunque vivan fuera el resto del año.
También se celebran fiestas dedicadas al Cristo en septiembre, con actos religiosos y reuniones del pueblo. No suelen atraer mucha gente de fuera, pero sí sirven para que el pueblo se llene un poco más de vida durante unos días.
En invierno todavía se mantienen algunas costumbres de toda la vida, como las matanzas del cerdo en casas particulares o celebraciones ligadas a San Antón, que siguen siendo parte del calendario social más que un espectáculo para visitantes.
¿Merece la pena acercarse?
Te lo diría así: Pozorrubio de Santiago no es un destino al que vengas a “ver cosas”. Es más bien una parada tranquila si estás recorriendo esta parte de La Mancha y te apetece parar el coche, dar un paseo corto y mirar el paisaje sin prisa.
Un rato por el pueblo, un paseo por los caminos y listo. A veces eso es más que suficiente.