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sobre Villalgordo del Marquesado
Pequeña localidad agrícola; conserva la tranquilidad de la Mancha Alta
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En el corazón de la comarca de La Mancha conquense, donde los horizontes se extienden sin límites y el silencio se convierte en protagonista, se esconde Villalgordo del Marquesado. Este pequeño núcleo de apenas 66 habitantes, encaramado a 850 metros de altitud, representa uno de esos tesoros del despoblado manchego que invitan a desconectar del mundanal ruido y a redescubirir el ritmo pausado de la vida rural.
El topónimo evoca tiempos señoriales, cuando estas tierras pertenecían a antiguas jurisdicciones nobiliarias. Hoy, Villalgordo conserva intacta su esencia de aldea manchega, con casas de arquitectura tradicional que se adaptan a la orografía del terreno. Su ubicación en una zona de transición entre la llanura manchega y las primeras estribaciones serranas le confiere un paisaje variado, donde los campos de cereal conviven con zonas de monte bajo y pequeñas elevaciones que rompen la monotonía del paisaje.
Visitar Villalgordo del Marquesado es sumergirse en una experiencia auténtica, lejos de rutas turísticas masificadas. Aquí, el viajero encuentra la oportunidad de sentir la España interior más genuina, donde cada rincón cuenta historias de generaciones que han sabido adaptarse a un territorio exigente pero generoso.
Qué ver en Villalgordo del Marquesado
El patrimonio de Villalgordo del Marquesado se concentra en su arquitectura popular y su iglesia parroquial, sencilla pero representativa de las construcciones religiosas manchegas. El templo, centro neurálgico del pueblo, muestra las características típicas de las iglesias rurales de la zona: muros encalados, espadaña sobria y un interior recogido que invita al sosiego.
Recorrer las calles del pueblo es descubrir la arquitectura tradicional manchega en su estado más puro. Las casas, muchas de ellas construidas con piedra y adobe, presentan fachadas sencillas con portones de madera y pequeñas ventanas que protegen del sol y del frío invernal. Algunos corrales y construcciones auxiliares mantienen elementos originales que hablan del pasado agrícola y ganadero del lugar.
El entorno natural constituye uno de los principales atractivos. Los alrededores de Villalgordo ofrecen paisajes donde la vista alcanza kilómetros de distancia, ideales para los amantes de la fotografía de paisaje. Las zonas elevadas cercanas permiten disfrutar de perspectivas amplias sobre la comarca, especialmente hermosas al amanecer o al atardecer, cuando la luz rasante dibuja sombras alargadas sobre los campos.
Qué hacer
El senderismo es la actividad estrella en Villalgordo del Marquesado. Los caminos rurales que parten del pueblo invitan a realizar rutas de diferente dificultad, todas ellas con el denominador común de la tranquilidad absoluta. Estos recorridos permiten descubrir la flora y fauna características del ecosistema manchego de media montaña, con encinas dispersas, tomillos y romeros que perfuman el aire.
La observación de aves encuentra aquí un escenario propicio. El territorio es frecuentado por especies rapaces como el águila culebrera, el busardo ratonero y el cernícalo común, que aprovechan las corrientes térmicas para planear sobre los campos. En las zonas más arboladas pueden avistarse carboneros, herrerillos y trepadores azules.
La gastronomía local responde a los sabores tradicionales manchegos. Aunque Villalgordo no cuenta con establecimientos de restauración debido a su reducido tamaño, la zona es conocida por productos como el queso manchego, las migas, el gazpacho manchego y los guisos de caza. La cercana ciudad de Cuenca ofrece múltiples opciones para degustar estos platos típicos.
Fiestas y tradiciones
Las celebraciones en Villalgordo del Marquesado mantienen el calendario festivo tradicional de los pueblos manchegos. Las fiestas patronales suelen celebrarse durante los meses de verano, generalmente en agosto, coincidiendo con el retorno de emigrantes y familiares que regresan a pasar las vacaciones estivales.
Estas jornadas festivas, aunque modestas en su escala, concentran la esencia de la celebración rural: procesión en honor al patrón, verbena popular y comidas comunitarias donde se comparten los platos típicos de la comarca. Son momentos en los que la aldea recupera temporalmente su bullicio y el número de habitantes se multiplica.
Información práctica
Cómo llegar: Desde Cuenca capital, situada a unos 45 kilómetros, se accede a Villalgordo del Marquesado por la N-420 en dirección a Tarancón, desviándose posteriormente por carreteras comarcales. El trayecto dura aproximadamente 45 minutos. Es recomendable utilizar navegador GPS, ya que la señalización en los últimos kilómetros puede ser escasa.
Mejor época: La primavera (abril y mayo) y el otoño (septiembre y octubre) son las estaciones ideales para visitar la zona. Las temperaturas son suaves y el paisaje muestra su mejor versión, con campos verdes en primavera y tonos ocres en otoño. El verano puede ser caluroso, aunque la altitud modera las temperaturas.
Consejos prácticos: Dado el reducido tamaño de la aldea, es necesario planificar el alojamiento en localidades cercanas o en la capital provincial. Es imprescindible llevar calzado cómodo para caminar, agua abundante y protección solar. El pueblo no dispone de servicios turísticos, por lo que conviene aprovisionarse previamente en núcleos mayores.