Artículo completo
sobre Mota de Altarejos
Municipio de Cuenca
Ocultar artículo Leer artículo completo
En el corazón de la Mancha conquense, donde los campos de cereal se extienden hasta el horizonte y el silencio solo lo rompe el viento, se encuentra Mota de Altarejos. Esta pequeña aldea de apenas 34 habitantes, encaramada a 850 metros de altitud, representa uno de esos rincones de la España interior donde el tiempo parece haberse detenido. Lejos del turismo de masas y las prisas urbanas, este municipio ofrece algo cada vez más valioso: autenticidad pura y la posibilidad de desconectar por completo.
Mota de Altarejos es un destino para quienes buscan experiencias diferentes, para los amantes del turismo rural en su estado más genuino. Aquí no encontrarás grandes monumentos ni servicios turísticos convencionales, pero sí la esencia de la vida rural manchega, arquitectura tradicional perfectamente integrada en el paisaje y una tranquilidad difícil de hallar en otros lugares. Es el escenario ideal para practicar el turismo slow, ese viaje pausado que permite apreciar los pequeños detalles: la textura de las piedras centenarias, el color cambiante de los campos según la estación, el sabor de una gastronomía sin artificios.
La aldea forma parte de ese entramado de pequeños núcleos que salpican la geografía manchega, testimonio vivo de un mundo rural que resiste al despoblamiento. Visitarla es adentrarse en la España profunda, la de las raíces, y descubrir que en su aparente sencillez reside un encanto especial.
Qué ver en Mota de Altarejos
El principal atractivo de Mota de Altarejos es su conjunto urbano tradicional, con viviendas de arquitectura popular manchega que conservan elementos originales como portones de madera, muros encalados y tejados de teja árabe. Pasear por sus calles estrechas permite observar cómo se construía antiguamente en estas tierras, con técnicas adaptadas al clima extremo de la Mancha.
La iglesia parroquial constituye el elemento patrimonial más destacado del pueblo, como sucede en la mayoría de pequeños municipios manchegos. Aunque modesta en dimensiones, representa el centro espiritual de la comunidad y conserva elementos arquitectónicos de interés para los aficionados al patrimonio rural.
El paisaje circundante es sin duda uno de los grandes protagonistas. Desde el pueblo se divisan amplias extensiones de cultivos cerealistas que dibujan un mosaico de colores según la época del año: el verde intenso en primavera, el dorado en verano antes de la siega, y los tonos ocres tras la cosecha. Este paisaje llano, típicamente manchego, posee una belleza austera pero potente, especialmente al amanecer o al atardecer cuando la luz rasante crea efectos fotográficos espectaculares.
Los alrededores inmediatos invitan a realizar caminatas contemplativas por antiguos caminos rurales que conectaban los pueblos y las fincas agrícolas. Estas rutas permiten observar la fauna local, especialmente aves esteparias adaptadas a este entorno de llanura.
Qué hacer
Mota de Altarejos es un destino para el senderismo tranquilo y la observación de la naturaleza. Las antiguas veredas y caminos agrícolas que parten del pueblo ofrecen recorridos sencillos ideales para caminatas sin grandes desniveles. Son perfectos para desconectar mientras se respira aire puro y se disfruta del silencio del campo.
La fotografía de paisaje encuentra aquí un escenario privilegiado. La inmensidad del cielo manchego, las formaciones nubosas y los amaneceres y atardeceres en la llanura son motivos que atraen a fotógrafos en busca de imágenes potentes. En noches despejadas, la ausencia de contaminación lumínica permite disfrutar de un cielo estrellado espectacular, ideal para iniciarse en la fotografía nocturna.
Los aficionados al cicloturismo pueden diseñar rutas por las carreteras secundarias que conectan los pueblos de la comarca, recorridos con poco tráfico donde pedalear con tranquilidad mientras se descubre el territorio.
En cuanto a gastronomía, aunque la aldea no cuenta con establecimientos propios, la comarca ofrece la cocina manchega tradicional: platos rotundos como el morteruelo, las gachas, los asados de cordero y la caza en temporada. Los quesos manchegos artesanos y el vino de la tierra son productos que merece la pena buscar en los pueblos cercanos.
Fiestas y tradiciones
Como pequeña comunidad rural, Mota de Altarejos mantiene sus celebraciones tradicionales, generalmente vinculadas al calendario religioso y agrícola. Las fiestas patronales suelen celebrarse en los meses de verano, entre julio y agosto, cuando es más fácil que los hijos del pueblo que viven fuera puedan regresar para participar en los festejos.
Estas celebraciones, aunque modestas en escala, conservan elementos genuinos de la tradición manchega: procesiones, misas, comidas populares y bailes donde se reúne toda la comunidad. Participar en ellas, si se tiene ocasión, permite conocer de primera mano las costumbres locales y la hospitalidad característica de los pueblos pequeños.
Información práctica
Cómo llegar: Desde Cuenca capital, Mota de Altarejos se encuentra a aproximadamente 80 kilómetros, un trayecto de poco más de una hora por carretera. El acceso se realiza principalmente por carreteras secundarias bien señalizadas. Es imprescindible viajar en coche propio, ya que no existe transporte público regular.
Mejor época: La primavera (abril-mayo) y el otoño (septiembre-octubre) son las estaciones más recomendables, con temperaturas agradables y el campo en su mejor momento cromático. El verano puede ser caluroso, propio del clima manchego, mientras que el invierno resulta frío, aunque tiene su encanto nevado ocasionalmente.
Consejos prácticos: Al tratarse de una aldea muy pequeña sin servicios turísticos, conviene planificar alojamiento y comidas en localidades cercanas de mayor tamaño. Lleva agua y provisiones si planeas hacer rutas de senderismo. Respeta la propiedad privada y las zonas de cultivo. Y sobre todo, ven con la actitud adecuada: esto es turismo de inmersión rural auténtica, sin artificios ni comodidades urbanas, pero con una riqueza humana y paisajística excepcional.