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sobre Villavaliente
Pequeño municipio agrícola con restos de calzada romana; tranquilidad y vida rural
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A primera hora, cuando el sol todavía va bajo, la luz entra de lado por la plaza y se queda pegada a la piedra clara de la iglesia. El aire suele oler a polvo fino y a campo seco, sobre todo en verano, cuando los tractores empiezan a moverse antes de que el calor apriete. En ese momento del día, el turismo en Villavaliente tiene poco que ver con rutas o monumentos: es más bien la sensación de estar en un pueblo pequeño donde el ruido más constante viene de algún motor agrícola alejándose por un camino.
Villavaliente, en la comarca de La Manchuela, es uno de esos municipios diminutos del interior de Albacete donde el paisaje manda más que el casco urbano. Alrededor se extienden parcelas de viña, olivares y cereal que suben y bajan suavemente. El pueblo aparece en medio, compacto, con calles cortas y fachadas encaladas que reflejan la luz fuerte del mediodía.
El ritmo del pueblo
El centro gira en torno a la iglesia parroquial de San Eduardo. El edificio es antiguo —se suele situar su origen varios siglos atrás— y ha tenido reformas con el tiempo, algo que se nota en las paredes y en la mezcla de materiales. Dentro hay elementos sencillos: piedra, madera, algún resto antiguo que se conserva sin demasiada exhibición.
Fuera, la plaza funciona más como punto de paso que como lugar monumental. Algunos bancos, sombra irregular según la hora y conversaciones que empiezan y se cortan cuando alguien tiene que volver al campo. En un pueblo de menos de doscientas personas, casi todo ocurre a escala pequeña.
Bodegas y tradición agrícola
En los alrededores todavía quedan bodegas excavadas en la tierra o en pequeñas lomas. No siempre están abiertas ni señalizadas, pero forman parte de la historia local del vino. La Manchuela mantiene una tradición vitivinícola larga, y muchos agricultores de la zona siguen vinculados de una forma u otra a la viña.
Lo que se ve desde cualquier borde del pueblo lo explica bastante bien: hileras de cepas bajas, olivares alineados y parcelas que cambian de color según la estación. En primavera el verde aparece entre los surcos; en verano domina el tono pajizo del cereal y la tierra clara.
Caminar por los caminos agrícolas
Alrededor de Villavaliente salen varios caminos rurales que utilizan los vecinos para moverse entre parcelas. Caminar por ellos es sencillo porque el terreno es bastante abierto, con pendientes suaves y horizontes largos donde se ven siluetas de encinas aisladas o alguna nave agrícola.
Con un poco de atención es fácil cruzarse con perdices, ver alguna rapaz planeando o encontrar huellas de liebre en los márgenes del camino. Eso sí: en los meses de calor conviene salir temprano o a última hora de la tarde. La sombra escasea y el sol aquí cae de lleno.
Qué se come en esta parte de La Manchuela
La cocina de la zona sigue muy ligada a lo que ha dado siempre el campo. Aparecen platos contundentes como los gazpachos manchegos, guisos con carne de caza menor o preparaciones sencillas hechas con harina, aceite y ajo. También son habituales los quesos curados y el vino tinto de la comarca.
No es un lugar al que venir pensando en una ruta gastronómica organizada. Más bien se trata de recetas que siguen presentes en las casas y en reuniones familiares.
El cielo cuando cae la noche
Cuando oscurece y sales unos minutos del casco urbano, el silencio es bastante completo. Apenas hay luz artificial y el cielo se vuelve muy oscuro, de esos en los que la franja de la Vía Láctea a veces se distingue a simple vista en noches claras.
En verano conviene esperar a que baje un poco la temperatura. El calor del día tarda en irse y las paredes del pueblo siguen soltándolo durante horas.
Llegar y cuándo pasar
Villavaliente se encuentra en el interior de la provincia de Albacete, dentro de La Manchuela, y se llega por carreteras secundarias que atraviesan campos abiertos. El trayecto ya anticipa lo que vas a encontrar: kilómetros de cultivo y pueblos pequeños separados por bastante distancia.
Si vas en los meses más calurosos, merece la pena moverse temprano por la mañana o al atardecer. A mediodía el sol cae con fuerza y el pueblo queda casi vacío, como si todo el mundo hubiese decidido esperar a que el día afloje un poco.