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sobre Cedillo del Condado
Pueblo en expansión de La Sagra; combina tradición agrícola con nuevas zonas residenciales
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A las siete de la mañana el aire todavía está fresco en Cedillo del Condado. Algunas persianas siguen bajadas y el pueblo arranca despacio: una puerta de garaje que se abre, el motor de una furgoneta, pasos rápidos de alguien que cruza la calle con el café en la mano. A esa hora la luz es limpia y horizontal, y se cuela entre las casas bajas antes de que el calor apriete en serio.
Cedillo está en La Sagra toledana, una llanura de campos abiertos donde el horizonte casi siempre es de trigo o de barbecho. No es un lugar de grandes monumentos ni de calles pensadas para pasear sin rumbo; aquí el ritmo lo siguen marcando el trabajo, las estaciones y el ir y venir diario hacia los pueblos y ciudades cercanas.
El tiempo se mide en cosechas
Atravesar el pueblo es caminar entre calles tranquilas que enseguida desembocan en campo abierto. A pocos minutos del último bloque de viviendas empiezan los caminos de tierra que se pierden entre parcelas de cultivo. En primavera el verde lo ocupa todo; a finales de verano, el paisaje se vuelve pajizo y el polvo se levanta con cada coche que pasa.
En el centro del municipio se levanta la iglesia de San Cipriano, con una torre que se reconoce desde bastante lejos cuando uno llega por carretera. El edificio actual tiene partes levantadas hace varios siglos, como ocurre con muchas iglesias de esta zona de Toledo, aunque el aspecto que vemos hoy es resultado de reformas y añadidos posteriores.
La plaza cercana es sencilla: bancos, algo de sombra cuando el sol cae de lado y vecinos que se sientan un rato al caer la tarde. A esa hora se oye más conversación que tráfico.
Cuando el romero perfuma las calles
Las fiestas dedicadas a San Antonio suelen celebrarse a mediados de junio. Durante esos días el pueblo cambia de ritmo: aparecen arcos de romero en algunas calles, adornados con limones o dulces colgados con cintas. El olor del romero fresco se queda en el aire, sobre todo cuando el sol empieza a calentar por la mañana.
La procesión recorre las calles con paso lento y bastante gente acompañando. Muchos llevan ramitas de romero en la mano, que acaban perfumando todo alrededor. En las casas se cocina más de lo habitual y las familias se juntan; platos como las migas o las tortillas grandes aparecen en mesas que van y vienen entre vecinos.
Es uno de esos momentos en los que el pueblo se llena de gente que vuelve por unos días.
Comida de cuchara y de sartén
La cocina cotidiana aquí sigue siendo la de interior de Castilla‑La Mancha: platos contundentes, pensados para llenar después de una mañana de trabajo. Las migas aparecen con frecuencia, hechas con pan asentado, ajo y trozos de carne de cerdo. También es habitual el pisto, con verduras muy pochadas y huevo encima.
En invierno no es raro que salgan las gachas a la mesa. Son densas y calientes, hechas con harina y acompañadas normalmente de carne o embutido. No es un plato ligero, pero cuando hace frío de verdad se entiende perfectamente por qué sigue preparándose.
Cuándo acercarse y qué tener en cuenta
La mejor cara del entorno de Cedillo del Condado suele verse en primavera, cuando los campos alrededor están verdes y el viento mueve el cereal como si fuese agua. También a principios de otoño, cuando el calor ya afloja y se puede caminar por los caminos agrícolas sin que el sol caiga a plomo.
En julio y agosto el calor aprieta bastante en esta parte de La Sagra. A mediodía muchas calles quedan casi vacías y la vida se desplaza hacia interiores o a las horas de la tarde.
Si vienes, merece la pena acercarse también a los caminos que rodean el pueblo. No hace falta hacer grandes rutas: basta con seguir uno de los senderos agrícolas al atardecer. Desde ahí se ve bien la escala del paisaje de la comarca —campos amplios, líneas de árboles en los lindes y, al fondo, los campanarios de otros pueblos que aparecen como puntos en la llanura.