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sobre Valmojado
Situado en la A-5; pueblo con tradición vitivinícola y cuevas-bodega
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Te juro que el GPS se mosqueó. Llevaba un rato dando vueltas por la M‑501 cuando de repente apareció: un cartel blanco que decía “Valmojado, 3 km”. Este es el típico sitio que muchos madrileños conocen porque alguien tiene una casa por la zona, pero cuando te desvías y entras en el casco urbano te das cuenta de que no es solo un punto en el mapa de La Sagra.
Bajé del coche y el olor me llevó directo a los veranos en casa de mi abuela. Pan reciente, algo guisándose en alguna cocina cercana… ese tipo de mezcla que no sabes muy bien de dónde sale pero que te dice que aquí todavía se vive de puertas adentro. Valmojado no es bonito en el sentido Instagram del término. Es más bien como ese tío del pueblo que nunca se ha ido: se le nota la edad, pero tiene historias que contar.
La iglesia de Santo Domingo y el origen del pueblo
Lo primero que suele llamar la atención es la iglesia de Santo Domingo. Hay quien cuenta que el templo se levantó donde antes estaba la horca del lugar, el espacio donde antiguamente se impartía justicia. No es raro: muchos pueblos castellanos tenían ese punto a las afueras y, con el tiempo, el sitio acababa transformándose.
La iglesia es de esas construcciones de piedra que se ven bastante por la provincia de Toledo. Por dentro tiene esa luz que entra por las ventanas altas y rebota en la nave central, como si el edificio fuera una linterna grande. Si te fijas en columnas y muros verás marcas y relieves irregulares, señales de las distintas fases de obra. En muchos templos de la zona las ampliaciones se fueron haciendo con los años, según había dinero y ganas.
Las cuevas bajo las casas de Valmojado
Una de las cosas menos visibles de Valmojado está bajo tierra. Tradicionalmente se habla de decenas de cuevas excavadas bajo las viviendas. Algunas fuentes municipales mencionan más de ochenta registradas a comienzos de los años 2000, aunque es probable que haya más repartidas por el casco antiguo.
Estas cuevas se excavaban para mantener alimentos y vino a temperatura estable. En La Sagra era una solución bastante común antes de que existieran frigoríficos y cámaras. Algunas siguen usándose como bodegas familiares; otras llevan años cerradas o pendientes de arreglo.
Caminas por calles como la de Juan de Dios Romero y es fácil que bajo tus pies haya una de esas galerías. Desde fuera no se nota nada: puerta normal, casa normal… y debajo, una cueva excavada en la tierra.
Las fuentes y los antiguos manantiales
El pueblo se asentó en una zona con varios manantiales, algo que en esta parte de la comarca siempre fue importante. Todavía se recuerdan nombres como el Caño Fresco, el Indiano o el de la Teja, ligados a antiguos puntos de agua.
Algunas rutas locales pasan por estos lugares, conectando varios de los antiguos caños y lavaderos. No esperes un recorrido perfectamente señalizado como en un parque natural: aquí a veces toca orientarse un poco y caminar por caminos de tierra entre huertas y parcelas.
Aun así, es una forma bastante buena de entender cómo se organizaba la vida del pueblo cuando el agua salía directamente de estos manantiales.
Lo que se come en las casas de la zona
La cocina de aquí es la que te imaginas en un pueblo de interior: contundente y sin demasiadas vueltas.
Las gachas de matanza siguen apareciendo en reuniones familiares o fiestas, hechas con harina, ajo y grasa de cerdo. El bollo de chicharrones también es muy típico en la zona, una masa de pan dulce con trozos de chicharrón dentro que crujen al morder.
En verano todavía se preparan sopas de ajo o sopas frías muy sencillas, con pan, ajo, vinagre y agua. No es cocina pensada para fotos; es comida que nació para aguantar jornadas largas de trabajo.
Mi consejo: ven con hambre de verdad. Este tipo de platos se disfrutan más cuando has estado caminando o dando vueltas por el pueblo, no cuando vienes solo a probar “algo típico” y seguir de ruta.
Historias que circulan por Valmojado
La historia local tiene episodios curiosos que aún se comentan en el pueblo. Durante siglos Valmojado estuvo ligado a las tierras de la corona y a los señoríos cercanos de la zona de Casarrubios.
Hay también una torre conocida popularmente como “del molino”, aunque en realidad parece que funcionó más como punto de vigilancia o atalaya. Desde aquí se controlaba el paso entre localidades cercanas, algo bastante habitual en esta parte de la provincia.
Y luego están las tradiciones que siguen vivas. Cada año, alrededor de enero, se celebra la procesión de la Cruz de San Sebastián. No es una fiesta pensada para atraer gente de fuera. Es más bien el tipo de celebración que pertenece al calendario del pueblo: procesión, encuentros entre vecinos y el ambiente de siempre.
Valmojado no es el pueblo más famoso de Castilla‑La Mancha. Tampoco el que sale en más fotos. Pero tiene algo que a mí me gusta encontrar cuando paro en sitios así: vida normal. Casas con cuevas debajo, fuentes antiguas, historias que pasan de generación en generación.
Vienes, paseas un rato, hablas con alguien en la plaza y sigues camino. Y con eso ya te llevas bastante.