Artículo completo
sobre Yunclillos
Pequeño municipio agrícola; destaca por su tranquilidad y cercanía a Toledo
Ocultar artículo Leer artículo completo
A las diez de la mañana, la plaza principal de Yunclillos aún conserva algo de la humedad de la noche. El suelo oscuro alrededor de la fuente tarda en secarse y las primeras conversaciones del día resuenan entre las fachadas blancas. Un vecino arrastra una silla hasta la puerta de su casa, otro cruza la plaza con una barra de pan bajo el brazo. La mañana empieza despacio.
Yunclillos, en plena comarca de La Sagra, es uno de esos pueblos que se entienden rápido cuando llegas: calles bastante rectas, casas bajas y la torre de la iglesia de San Pedro Apóstol marcando el centro. Desde varias esquinas se ve el campanario por encima de los tejados rojizos, algo útil si entras caminando desde los caminos del campo.
Las viviendas mezclan reformas recientes con detalles que todavía recuerdan la vida agrícola de hace unas décadas: portones anchos de madera, patios interiores encalados y corrales donde a veces aún se guardan aperos o gallinas. No es un casco antiguo monumental, pero sí un pueblo que sigue funcionando como tal.
El paisaje alrededor es el típico de La Sagra: grandes parcelas de cereal que se estiran hasta el horizonte. En primavera el campo se vuelve verde y suave; en junio el trigo empieza a dorarse y el viento mueve las espigas como si el terreno respirara. En invierno, con la tierra más desnuda, el cielo ocupa casi toda la escena.
La iglesia y la plaza, el centro real del pueblo
La iglesia de San Pedro Apóstol es el edificio que organiza Yunclillos. Su silueta aparece en cuanto te acercas por cualquiera de las entradas del pueblo. La construcción ha ido cambiando con los siglos —algo habitual en iglesias de esta zona— y combina partes más antiguas con reformas posteriores.
A su alrededor se abre la plaza Mayor, un espacio sencillo donde pasan muchas de las cosas cotidianas: vecinos que charlan un rato, coches que aparcan un momento antes de hacer algún recado, niños cruzando de camino a casa. En fiestas suele concentrarse aquí buena parte de la actividad del pueblo.
Si te alejas un poco por las calles cercanas aparecen detalles que se ven mejor caminando despacio: aldabas de hierro gastadas por el uso, ventanas pequeñas con rejas antiguas o patios que dejan escapar olor a comida cuando llega el mediodía.
Caminos entre cereal
Fuera del casco urbano empiezan enseguida los caminos agrícolas. No hay senderos señalizados como en zonas de montaña, pero muchos de estos caminos de tierra se pueden recorrer andando o en bicicleta sin dificultad.
Son trayectos abiertos, con muy poca sombra. En días claros se llega a ver bastante lejos sobre la llanura de La Sagra. Entre las parcelas aparecen olivares pequeños, alguna nave agrícola aislada y charcas temporales donde a veces paran cigüeñas o garzas.
Si vas a salir a caminar en verano, mejor hacerlo temprano por la mañana o cuando cae la tarde. A mediodía el sol cae de lleno y apenas hay refugio.
Un pueblo que sigue su ritmo
Yunclillos no gira alrededor del turismo. Lo que ves es la vida diaria de un municipio pequeño: gente entrando y saliendo de la iglesia, agricultores que vuelven del campo al final de la tarde, conversaciones apoyadas en una puerta.
No hay museos ni centros de interpretación. El paseo tranquilo por las calles ya da una idea bastante clara del lugar. Si te gusta la bici de carretera o los caminos de tierra fáciles, los alrededores permiten rodar durante kilómetros entre campos.
La cocina que se mantiene en las casas sigue la tradición manchega: platos contundentes pensados para el trabajo en el campo, como migas, gachas o pisto cuando hay verdura de temporada.
Fiestas y costumbres
Las fiestas patronales suelen celebrarse en agosto y concentran varios días de actividad en la plaza y alrededor de la iglesia. Hay procesiones, música por la noche y ese ambiente de reencuentro típico de los pueblos cuando vuelven quienes viven fuera.
En enero se mantiene la celebración de San Antón. Tradicionalmente se bendicen animales domésticos y todavía se acercan algunos vecinos con perros o mascotas. Es una escena breve, pero muy de pueblo.
La Semana Santa también se vive aquí, aunque a escala pequeña: procesiones cortas por calles estrechas y vecinos acompañando los pasos.
Cuándo acercarse
Primavera y comienzos de otoño suelen ser los momentos más agradables para caminar por los alrededores de Yunclillos. El campo cambia de color y las temperaturas permiten moverse sin prisa.
En verano el calor aprieta bastante en toda esta zona de Toledo. Si vienes en esos meses, compensa madrugar para pasear por los caminos y dejar las horas centrales del día para resguardarse en el pueblo.
El invierno, por otro lado, trae días fríos pero muy claros. En esas jornadas la llanura de La Sagra se ve con una nitidez que sorprende. Aquí el paisaje no es espectacular; es amplio, silencioso y, cuando sopla el viento entre el cereal, tiene algo hipnótico.