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sobre La Gineta
Municipio industrial y agrícola cercano a la capital; conocido por la fabricación de sillas y su torre gótica
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Desde la A‑30, antes de llegar, se ve primero la torre. Sobresale en la llanura sin competencia: campos de cereal, algún aerogenerador en la distancia y el campanario marcando el centro del pueblo. En un territorio tan horizontal como la Mancha de Albacete, cualquier elemento vertical se convierte en referencia. En La Gineta, esa función la cumple desde hace siglos la torre de la iglesia, visible mucho antes de entrar al casco urbano.
El gótico que se tuerce
La iglesia de San Martín de Tours se encuentra al final de la calle Mayor. Por fuera es sobria, construida en ladrillo y mampostería, como buena parte de la arquitectura de la llanura manchega. El interés aparece al levantar la vista dentro.
La nave está cubierta por una bóveda de nervios que parecen girar sobre sí mismos. A este tipo de solución se la suele llamar gótico helicoidal o torsionado, una variante poco común del gótico tardío que aparece en algunos templos del sureste peninsular. La sensación es casi marina: las nervaduras recuerdan a cabos tensados. Más que un alarde ornamental, responde a una manera de cubrir espacios amplios sin multiplicar los apoyos interiores.
El edificio actual corresponde a las reformas y ampliaciones que se hicieron en el tránsito entre los siglos XVI y XVII, cuando muchos pueblos de la zona consolidaron sus parroquias tras el crecimiento agrícola de la época. El interior se ha ido adaptando con el tiempo, pero la estructura de la nave mantiene ese carácter poco habitual que justifica detenerse un rato a mirar hacia arriba.
Casas señoriales y calles cortas
Detrás de la iglesia se concentra el casco más antiguo. No es grande: unas pocas calles que se pliegan alrededor de la plaza y que se recorren en pocos minutos.
Aparecen algunas viviendas con escudos en fachada y portadas de arco rebajado o de medio punto, señales de familias acomodadas que hicieron fortuna con la tierra y la ganadería. La Gineta, como otros pueblos de la llanura albaceteña, vivió durante siglos del cereal y del tránsito entre el interior manchego y el valle del Júcar.
Predominan las casas de dos plantas, con fachada de ladrillo o enfoscado claro y rejas de hierro. La altura del caserío se mantiene bastante uniforme, algo que ayuda a que el conjunto no pierda la escala de pueblo agrícola que siempre tuvo.
Lo que se come en la llanura
La cocina local responde a lo que da el campo cercano: trigo, aceite, caza menor y ganado ovino.
El gazpacho manchego aparece con frecuencia en reuniones familiares o fiestas. Aquí se prepara con tortas cenceñas y carne de caza o de conejo, en un caldo espeso que se reparte directamente de la sartén. También siguen presentes las migas, el pisto con huevo y los quesos de la zona, elaborados con leche de oveja.
En las celebraciones suelen aparecer dulces tradicionales hechos con manteca, harina y azúcar, que se preparan en casas particulares o en hornos del pueblo cuando llegan las fiestas.
Fiestas ligadas al calendario agrícola
El calendario festivo sigue muy vinculado al ritmo del campo. En primavera se celebra la romería de San Isidro, con tractores y remolques engalanados que sustituyen a los antiguos carros.
También tiene mucha presencia la Virgen del Buen Suceso, cuya ermita se encuentra a las afueras. Es habitual que la gente llegue andando desde el pueblo por caminos agrícolas.
En las fiestas de septiembre, dedicadas al Cristo de la Misericordia, los vecinos elaboran alfombras de serrín teñido en algunas calles del recorrido procesional. Se trabajan durante la noche y desaparecen cuando pasa la comitiva a la mañana siguiente.
Cómo llegar y cómo recorrer el pueblo
La Gineta está a pocos kilómetros de Albacete, en la llanura que se abre hacia el valle del Júcar. Se llega por carretera local desde la A‑30.
El casco urbano se recorre con facilidad. La visita suele concentrarse en la iglesia y en las calles que la rodean. Desde las salidas del pueblo parten caminos agrícolas que atraviesan campos de cereal, girasol o pistacho según la época del año.
El río Júcar queda a varios kilómetros y algunos vecinos utilizan esos caminos para caminar o ir en bicicleta hacia la vega.
Conviene tener en cuenta el clima: en verano el calor es intenso y fuera del casco urbano la sombra escasea. Llevar agua y evitar las horas centrales del día suele ser lo más sensato.