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sobre Alarcón
Impresionante villa medieval fortificada rodeada por las hoces del río Júcar; conjunto histórico-artístico de gran valor
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En lo alto de un meandro del río Júcar, protegida por una muralla que desafía los siglos, se alza Alarcón como una de las joyas medievales mejor conservadas de Castilla-La Mancha. Este pequeño pueblo de apenas 174 habitantes se asienta a 831 metros de altitud, dominando un paisaje de páramos manchegos donde el tiempo parece haberse detenido entre piedras milenarias y callejuelas empedradas.
Declarado Conjunto Histórico-Artístico, Alarcón es mucho más que un pueblo: es una lección de historia al aire libre, un viaje al medievo que se vive en cada rincón de sus murallas. Su espectacular emplazamiento defensivo, rodeado casi por completo por las aguas del Júcar, convirtió esta villa en un enclave estratégico durante siglos, primero para musulmanes y después para cristianos.
Pasear por Alarcón es adentrarse en un escenario de película donde las torres vigilan horizontes infinitos y cada piedra cuenta batallas olvidadas. A pesar de su reducida población, este rincón de La Manchuela conquetense mantiene vivo el espíritu de las antiguas villas fortificadas españolas, ofreciendo al viajero una experiencia única en un entorno natural privilegiado.
Qué ver en Alarcón
El Castillo de Alarcón, hoy convertido en Parador Nacional, constituye el emblema indiscutible de la villa. Esta imponente fortaleza del siglo VIII, de origen árabe y ampliada tras la Reconquista, domina el cerro sobre el que se asienta el pueblo. Aunque su interior sea de uso hotelero, su exterior y murallas pueden admirarse en todo su esplendor, ofreciendo vistas panorámicas inolvidables del meandro del Júcar.
El recinto amurallado medieval abraza todo el casco antiguo y constituye uno de los conjuntos defensivos mejor conservados de la provincia. Cinco puertas históricas permitían el acceso a la villa: la Puerta del Campo, la del Bodegón, la del Río, la de Chinchilla y la de Alhadí. Un paseo por el adarve permite contemplar la magistral arquitectura militar de la Edad Media.
La Iglesia de Santo Domingo de Silos, del siglo XVI, destaca por su elegante torre renacentista y su sobrio interior de una sola nave. Junto a ella, la Iglesia de Santa María, también del XVI aunque con reformas posteriores, conserva elementos góticos y renacentistas que merecen una visita pausada.
La Plaza del Infante Don Juan Manuel constituye el corazón social del pueblo, un espacio recogido donde el silencio y la piedra invitan a la contemplación. Desde aquí parten callejuelas estrechas flanqueadas por casonas blasonadas que recuerdan el pasado noble de la villa.
No hay que perderse las vistas desde los miradores naturales que rodean el pueblo, especialmente aquellos que permiten contemplar el meandro del Júcar abrazando la roca sobre la que se asienta Alarcón, una postal de belleza natural y arquitectónica difícil de olvidar.
Qué hacer
El senderismo encuentra en Alarcón un punto de partida excepcional. Varias rutas circulares bordean el meandro del río, permitiendo contemplar desde abajo la majestuosidad del pueblo fortificado. Estos caminos transcurren entre riberas pobladas de vegetación de ribera y cortados rocosos que ofrecen refugio a numerosas aves rapaces.
La pesca en el embalse de Alarcón, uno de los más grandes de España, atrae a aficionados durante todo el año. Las aguas del Júcar son conocidas por sus ejemplares de black bass, lucio y carpa, convirtiendo la zona en un destino habitual para los amantes de esta práctica.
Recorrer el casco histórico sin prisas es una actividad en sí misma. Perderse por sus calles empedradas, descubrir rincones con encanto, sentarse en alguna plaza al atardecer mientras las últimas luces tiñen de ocre las murallas, forma parte de la experiencia de visitar Alarcón.
La gastronomía manchega puede degustarse en los establecimientos locales, donde platos tradicionales como el morteruelo, el gazpacho manchego o las migas pastoriles mantienen viva la cocina de la zona. Los quesos artesanos y el vino de la tierra completan una oferta gastronómica auténtica y sabrosa.
Fiestas y tradiciones
Las fiestas patronales en honor a San Juan Bautista se celebran en torno al 24 de junio, con procesiones, actos religiosos y celebraciones populares que llenan de vida las calles del pueblo durante unos días.
En agosto tienen lugar las fiestas de verano, con actividades culturales y recreativas que reúnen tanto a vecinos como a visitantes. Es un buen momento para conocer el ambiente festivo de esta pequeña comunidad.
La Semana Santa se vive con especial recogimiento en Alarcón, donde las procesiones por las callejuelas medievales adquieren un carácter especialmente emotivo en este escenario histórico único.
Información práctica
Cómo llegar: Desde Cuenca capital, situada a unos 85 kilómetros, se accede por la N-320 en dirección a Albacete, desviándose después hacia Alarcón por la CM-3201. El trayecto dura aproximadamente una hora. Desde Madrid, por la A-3 y después la N-320, la distancia es de unos 170 kilómetros.
Mejor época para visitar: La primavera y el otoño ofrecen temperaturas agradables para pasear y disfrutar del entorno natural. Los inviernos pueden ser fríos dada la altitud, mientras que en verano, aunque caluroso, la proximidad del agua y la altitud moderan las temperaturas.
Consejos: Lleva calzado cómodo para recorrer las calles empedradas y las murallas. No olvides la cámara fotográfica: Alarcón ofrece encuadres espectaculares en cada esquina. Si planeas pernoctar, conviene reservar con antelación dado el limitado número de alojamientos.