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sobre Casasimarro
Conocido como el pueblo de las guitarras y los champiñones; dinámico y comercial
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Casasimarro, en la comarca de la Manchuela conquense, tiene una identidad bastante clara dentro de la provincia: la fabricación de guitarras. No es un reclamo reciente. Desde hace décadas el pueblo está asociado a talleres donde se construyen instrumentos de forma artesanal, y esa tradición sigue marcando muchas de sus calles. Basta pasear por el centro para encontrar portones abiertos, bancos de carpintero y el olor característico de las maderas recién trabajadas.
De un pequeño asentamiento agrícola a pueblo de guitarreros
Durante siglos Casasimarro fue un núcleo agrícola ligado a las tierras de secano de la Manchuela y a la cercanía del río Júcar. La documentación histórica suele mencionarlo como un pequeño asentamiento dependiente de otras jurisdicciones mayores de la zona. Con el tiempo fue creciendo alrededor de la agricultura y de algunos oficios artesanos.
La fabricación de guitarras apareció ya bien entrado el siglo XIX o principios del XX —las fuentes locales no siempre coinciden en los detalles— y acabó convirtiéndose en la actividad más reconocible del municipio. Varias familias empezaron a trabajar la madera con técnicas heredadas y el oficio pasó de padres a hijos. A día de hoy siguen existiendo talleres donde se construyen guitarras y otros instrumentos de cuerda de manera bastante tradicional.
No es una industria grande ni ruidosa. Más bien pequeños obradores repartidos por el casco urbano, donde las maderas se dejan secar durante años y cada pieza se ajusta a mano. Por eso el nombre de Casasimarro aparece con frecuencia en círculos de músicos que buscan instrumentos artesanos.
La iglesia de San Juan Evangelista
En el centro del pueblo se levanta la iglesia parroquial de San Juan Evangelista. El edificio actual se asocia normalmente al siglo XVI, aunque ha tenido reformas posteriores que explican su aspecto irregular.
La arquitectura es sobria, propia de muchos templos rurales de Castilla‑La Mancha: muros robustos, piedra en las partes estructurales y una torre sencilla. Dentro se conservan elementos litúrgicos y piezas que reflejan la historia parroquial del pueblo, aunque lo interesante es más bien su papel como punto de referencia urbano. Durante siglos la vida pública se organizó alrededor de esta plaza: celebraciones, mercados y actos religiosos.
Desde el entorno de la iglesia se entiende bien la escala de Casasimarro: calles cortas, viviendas bajas y un trazado bastante funcional, más ligado a la vida agrícola que a cualquier planificación monumental.
El Júcar y los caminos de la vega
El río Júcar pasa relativamente cerca del municipio y ha condicionado el paisaje de toda la zona. Aquí el valle todavía no es tan profundo como en otros tramos de la provincia, pero sí marca una transición clara entre la llanura de cultivo y las zonas de ribera.
En los alrededores del pueblo hay caminos que bajan hacia la vega entre huertas, choperas y pequeñas parcelas agrícolas. Son recorridos tranquilos, utilizados sobre todo por vecinos que salen a andar o a trabajar la tierra. En algunos puntos aparecen ermitas y construcciones ligadas a antiguas devociones locales, habituales en los pueblos de la Manchuela.
La cercanía del río también explica por qué el núcleo urbano se asentó en terreno algo más elevado, lejos de las zonas que tradicionalmente podían inundarse tras lluvias fuertes.
Cocina manchega de interior
La cocina local sigue el patrón de buena parte de la Manchuela y del interior de Cuenca: platos contundentes, pensados para jornadas de campo.
El gazpacho manchego aquí no tiene nada que ver con la sopa fría andaluza. Es un guiso caliente de caza menor —cuando la hay— ligado con tortas de pan ácimo. También aparecen preparaciones como el morteruelo, hecho con carnes muy picadas y especias, o distintos platos donde el protagonismo lo tienen el ajo, el pimentón y el pan.
En cuanto al vino, toda esta zona forma parte del área vitivinícola de la Manchuela. Predominan variedades como la bobal en tintos y otras uvas blancas tradicionales. Muchas casas del pueblo han tenido bodega doméstica o pequeños espacios excavados donde el vino se guardaba a temperatura estable.
Pasear por el pueblo
Casasimarro se recorre con calma en poco tiempo. El interés está más en fijarse en los detalles que en acumular monumentos: portones grandes para guardar aperos, patios interiores y, de vez en cuando, la puerta de un taller donde alguien sigue trabajando la madera.
Si te interesa la tradición guitarrera, lo más sensato es preguntar con respeto en alguno de los obradores cuando estén abiertos. No funcionan como museos, sino como lugares de trabajo.
Cómo llegar
Casasimarro se encuentra en el sur de la provincia de Cuenca, dentro de la comarca de la Manchuela y relativamente cerca del límite con Albacete. Se llega por carretera desde Cuenca capital atravesando zonas agrícolas muy abiertas, y también desde localidades mayores de la provincia de Albacete que quedan a poca distancia.
El coche es la forma más práctica de llegar y moverse por la zona. Dentro del pueblo suele ser fácil aparcar en las calles cercanas al centro. Para caminar por los caminos de la vega del Júcar conviene llevar agua y protección para el sol, sobre todo en los meses de verano, cuando el calor en esta parte de la meseta aprieta bastante.