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sobre Hontecillas
Pequeña población ribereña del embalse de Alarcón; tranquilidad y vistas al agua
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Hay pueblos que funcionan como cuando apagas el móvil sin querer y, de repente, todo se queda en silencio. Al principio te descoloca un poco. Luego te das cuenta de que ese silencio también tiene sonido: pájaros, alguna puerta que cruje, el viento moviendo los pinos. El turismo en Hontecillas va un poco por ahí. Un caserío pequeño, en la Manchuela conquense, con poco más de medio centenar de vecinos y la sensación de que el tiempo aquí se mueve a otra velocidad.
Hontecillas depende administrativamente de Villalpardo y se sitúa en esa franja donde la llanura manchega empieza a ondularse ligeramente. No es un pueblo que se haya subido al carro del turismo rural ni falta que le hace. La vida gira alrededor del campo y de las temporadas agrícolas, como ha pasado aquí durante décadas.
Qué ver cuando te asomas
El centro del pueblo lo marca la iglesia de la Asunción. Es sencilla, sin grandes alardes, con esa apariencia de iglesia de aldea que cumple su función y poco más. Aquí se junta la gente en las fiestas o cuando toca celebrar algo en comunidad.
Alrededor se agrupan las casas, muchas de ellas de mampostería, con portones de madera ya curtidos por el sol y los inviernos. El núcleo es pequeño; en diez o quince minutos lo has recorrido entero sin prisa. Lo interesante suele estar en los detalles: corrales antiguos, patios interiores, alguna pared que deja ver cómo se construía antes, cuando todo se hacía con lo que había a mano.
Y luego está el paisaje, que al final es lo que manda. Encinas, pinos dispersos y monte bajo típico del interior mediterráneo. Desde cualquier borde del pueblo se abre esa mezcla de ocres y verdes que caracteriza bastante bien a la Manchuela.
Caminos alrededor del pueblo
Si te gusta caminar, aquí lo normal es tirar por alguno de los caminos agrícolas que salen del propio caserío. No hay paneles ni rutas oficiales, pero tampoco hace falta demasiado. Son pistas de tierra que usan los vecinos para llegar a parcelas o monte.
Algunas suben suavemente hacia pequeñas lomas desde donde se ve el mosaico de campos y manchas de pinar. Dependiendo de la época del año el paisaje cambia bastante: en invierno los tonos son más grises y secos; después de las lluvias todo se vuelve más verde de lo que muchos imaginan cuando piensan en esta parte de Cuenca.
Si vas con calma, no es raro ver conejos cruzando el camino o alguna rapaz planeando sobre los pinares. Nada de escenas espectaculares, más bien esos momentos tranquilos que aparecen cuando llevas un rato caminando sin cruzarte con nadie.
Un pueblo pequeño, sin mucho ruido
En Hontecillas no hay una lista de cosas que hacer. Y, sinceramente, esa es parte de la gracia. Es uno de esos sitios donde apetece sentarse un rato, mirar el paisaje y pensar cómo sería vivir aquí todo el año.
Para quien disfrute haciendo fotos, el pueblo tiene bastante juego: puertas viejas, muros algo desconchados, tejados irregulares y cielos muy abiertos. En invierno el conjunto se vuelve más sobrio; en primavera, con algo de verde alrededor, cambia bastante.
La cocina de la zona sigue siendo la de toda la vida en la Mancha interior: platos contundentes pensados para jornadas largas en el campo. Las gachas manchegas o el gazpacho manchego han formado parte de esa tradición durante generaciones.
Fiestas que reúnen a los que vuelven
Como en muchos pueblos pequeños, las fiestas suelen celebrarse en verano, cuando regresan vecinos que viven fuera durante el resto del año. Suelen girar alrededor de la patrona y combinan actos religiosos con comidas populares y algo de música en la plaza o cerca de la iglesia.
También la Semana Santa mantiene cierta presencia, sobre todo para quienes conservan vínculos familiares con el pueblo.
Cómo llegar
Hontecillas queda a unos 80 kilómetros de Cuenca capital y lo habitual es llegar pasando por Villalpardo. Son carreteras comarcales tranquilas, de las que atraviesan campo abierto durante bastantes kilómetros.
No es un sitio al que se llegue por casualidad. Y quizá por eso mantiene esa sensación de lugar apartado, donde todo sigue bastante parecido a como era hace años. Si te acercas, conviene venir con la idea clara: esto va más de caminar un rato y mirar alrededor que de ir tachando monumentos en una lista.