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sobre Ocaña
Conjunto Histórico-Artístico con una Plaza Mayor monumental; cruce de caminos histórico
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En el corazón de la Mesa de Ocaña, a 730 metros sobre el nivel del mar, se alza una de las villas históricas más señoriales de la provincia de Toledo. Ocaña, con sus casi 14.000 habitantes, es mucho más que un punto de paso entre Madrid y el sur peninsular: es un destino que sorprende con su majestuosa Plaza Mayor, sus palacios nobiliarios y un patrimonio arquitectónico que habla de su importancia histórica como enclave estratégico en la meseta castellana.
Pasear por las calles de Ocaña es adentrarse en siglos de historia. Esta villa, que llegó a ser cabeza de una importante encomienda de la Orden de Santiago, conserva el espíritu de aquellos tiempos en cada rincón de su casco histórico. Sus amplias calles, sus edificios señoriales y su atmósfera reposada invitan a descubrir con calma un municipio que fue testigo de importantes acontecimientos históricos, desde batallas napoleónicas hasta episodios clave de la historia de España.
La situación de Ocaña en la comarca de la Mesa de Ocaña le confiere un carácter especial: rodeada de extensas llanuras cerealistas, la villa emerge como un oasis de arquitectura y tradición en medio del paisaje manchego. Es un lugar perfecto para quienes buscan descubrir la Castilla-La Mancha más auténtica, lejos de las rutas más masificadas, pero con una riqueza patrimonial que nada tiene que envidiar a otros destinos más conocidos.
Qué ver en Ocaña
La Plaza Mayor de Ocaña es, sin duda, el gran tesoro de la villa. Considerada una de las plazas mayores más monumentales de Castilla-La Mancha, esta explanada rectangular de enormes dimensiones está porticada en tres de sus lados y presidida por el edificio del Ayuntamiento. Sus soportales, sus balcones corridos y su amplitud la convierten en un espacio único que ha sido testigo de mercados, ferias y celebraciones durante siglos.
La Iglesia de Santa María de la Asunción domina el perfil de la villa con su imponente torre. Este templo, de origen medieval aunque reformado en siglos posteriores, conserva elementos de interés arquitectónico y artístico. Junto a ella, la Iglesia de San Juan Bautista y la Iglesia de San Martín completan el conjunto de templos históricos que merece la pena visitar.
El Palacio de Cárdenas, residencia de los duques de Frías, es uno de los edificios civiles más notables de Ocaña. Aunque de propiedad privada, su fachada renacentista es todo un símbolo de la importancia nobiliaria que tuvo la villa. También destacan la Fuente Nueva y restos de la antigua muralla medieval que en su día protegió la población.
No hay que perderse el Teatro Lope de Vega, un edificio decimonónico que mantiene viva la tradición cultural de la villa, y el Convento de Santo Domingo, cuyo conjunto arquitectónico merece una visita pausada.
Qué hacer
Ocaña invita a disfrutar de paseos tranquilos por su casco histórico, deteniéndose en sus plazuelas y descubriendo los detalles arquitectónicos de sus edificios señoriales. La Ruta de los Palacios permite recorrer las fachadas de las principales casas nobles que salpican el centro urbano.
Para los amantes del senderismo y el cicloturismo, los alrededores de Ocaña ofrecen rutas por la campiña manchega, con sus horizontes infinitos y sus campos de cereal que cambian de color según la estación. Son recorridos ideales para observar aves esteparias y disfrutar de la tranquilidad del paisaje rural.
La gastronomía local es otro de los grandes atractivos. La cocina tradicional manchega está presente en distintos establecimientos de la villa, donde degustar platos como las gachas, el pisto manchego, las migas o los asados de cordero. No hay que olvidar los productos de la tierra, especialmente el aceite de oliva y los quesos artesanos de la zona.
Los mercados tradicionales que se celebran periódicamente en la Plaza Mayor son una excelente oportunidad para conocer los productos locales y el ambiente auténtico de la villa.
Fiestas y tradiciones
El calendario festivo de Ocaña está marcado por celebraciones que hunden sus raíces en la tradición. Las fiestas patronales en honor a San José de Nazaret se celebran en torno al 19 de marzo, con actividades religiosas y populares que congregan a toda la población.
En junio, Ocaña vive sus fiestas grandes con verbenas, conciertos y actividades para todos los públicos en la Plaza Mayor. Es un momento ideal para visitar la villa y sumergirse en su ambiente festivo.
La Semana Santa tiene un carácter especial, con procesiones que recorren las calles históricas del centro. En septiembre, la feria tradicional recupera el espíritu comercial y festivo que durante siglos caracterizó a Ocaña como importante centro de intercambio comercial.
Información práctica
Ocaña se encuentra a tan solo 60 kilómetros al sureste de Madrid y a 65 kilómetros de Toledo capital, lo que la convierte en un destino de fácil acceso. Desde Madrid, se llega por la A-4 (Autovía de Andalucía) tomando la salida hacia Ocaña, con un trayecto de aproximadamente 45 minutos. Desde Toledo, se accede por la N-400 en dirección a Tarancón.
La mejor época para visitar Ocaña es la primavera y el otoño, cuando las temperaturas son más suaves y agradables para caminar por la villa. Los veranos en la meseta pueden ser calurosos, aunque la altitud de 730 metros atenúa algo el calor.
Es recomendable dedicar al menos medio día a Ocaña para disfrutar con calma de su Plaza Mayor y su patrimonio monumental. La villa puede combinarse perfectamente con visitas a otros pueblos de la comarca o servir como base para explorar esta zona menos conocida pero fascinante de Castilla-La Mancha.