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sobre Higueruela
Pueblo de gran altitud rodeado de parques eólicos y viñedos de garnacha tintorera de alta calidad
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Hay pueblos que parecen diseñados para una foto rápida y ya. Higueruela funciona al revés. Llegas, aparcas cerca de la plaza, das un par de vueltas… y al rato te das cuenta de que el ritmo baja solo. No porque haya mucho que ver, sino porque todo va más despacio.
El turismo en Higueruela gira alrededor de eso mismo: un pueblo pequeño del sureste de Albacete, en la comarca del Monte Ibérico‑Corredor de Almansa, donde la vida sigue bastante pegada al campo. Con algo más de mil vecinos, no es un sitio que intente llamar la atención. Simplemente está ahí, en lo alto de la meseta, rodeado de cultivos y monte bajo.
Un pueblo en alto, con viento y campo alrededor
Higueruela se mueve en cotas que superan los mil metros. Eso se nota. El aire suele correr y la luz es muy limpia, de esas que marcan bien los perfiles de las casas cuando cae la tarde.
Alrededor del casco urbano mandan los cereales, los almendros y algunas manchas de monte mediterráneo. La tierra aquí es dura. Aun así, el campo sigue muy presente en el día a día. No es raro ver tractores entrando y saliendo del pueblo o remolques cargados en época de cosecha.
Cuando los almendros florecen, normalmente hacia el final del invierno, el paisaje cambia bastante. No es una explosión enorme de árboles como en otras zonas más famosas, pero los campos se llenan de puntos blancos y rosados. Con el cielo despejado de esta zona, la estampa queda muy limpia.
Calles sencillas y la referencia de la iglesia
El centro se recorre rápido. Calles estrechas que suben y bajan un poco, casas bajas y muchas puertas de madera ya gastadas por el uso. No hay grandes conjuntos monumentales ni plazas espectaculares.
La referencia clara es la iglesia de Santa Catalina. La torre se ve desde casi cualquier punto del pueblo y sirve para orientarse cuando te metes por las calles que rodean la parte alta. El edificio ha tenido reformas a lo largo del tiempo, algo bastante común en templos de pueblos pequeños. Dentro todavía se aprecian elementos antiguos mezclados con añadidos posteriores.
Paseando aparecen detalles muy de vida rural: corrales, patios interiores, muros de piedra sin trabajar demasiado y fachadas que se han arreglado sin borrar del todo los años que llevan ahí.
Caminos y monte bajo alrededor del pueblo
Donde Higueruela gana espacio es fuera del casco urbano. A pocos minutos empiezan los caminos agrícolas y las pistas que se meten entre campos y pequeñas lomas.
El paisaje es seco, con romero, tomillo y matorral bajo. En días claros se alcanzan buenas vistas de todo el corredor que baja hacia Almansa. Si te gusta caminar o salir con la bici sin grandes desniveles, hay bastante terreno para perder la mañana.
También es zona donde se ven aves con facilidad. Con un poco de paciencia suelen aparecer rapaces planeando sobre los cultivos o posadas en postes y ribazos.
Lo que se come y lo que se mantiene
La cocina que se mueve por aquí es la que toca en el interior de Albacete: platos contundentes y productos del campo cercano. El gazpacho manchego aparece a menudo cuando refresca, y también preparaciones de caza o cordero. En casas y celebraciones sigue siendo comida de cuchara y fuego lento.
Las fiestas más conocidas del pueblo giran alrededor de Santa Catalina, hacia finales de noviembre. Son días muy de vecinos: actos religiosos, música y bastante movimiento en las calles. En agosto el ambiente cambia porque vuelve mucha gente que vive fuera y el pueblo se llena más de lo habitual.
La Semana Santa también se vive con seriedad. Procesiones sobrias, sin grandes montajes, acompañadas por bandas o por cantos de los propios vecinos.
Cómo llegar y cuándo acercarse
Desde Albacete capital el trayecto ronda los cincuenta y tantos kilómetros. Lo normal es salir por la A‑31 en dirección a Almansa y después continuar por carreteras comarcales hasta el pueblo. En coche no se tarda demasiado.
Primavera y otoño suelen ser los momentos más agradables para moverse por la zona. El verano aquí pega fuerte a ciertas horas y el invierno puede traer bastante frío, algo lógico estando a esta altura.
Mi consejo es sencillo: ven sin prisa y con expectativas normales. Higueruela no juega a impresionar. Es más bien de esos sitios donde das un paseo, miras el paisaje un rato y entiendes cómo funciona la vida en esta parte de Albacete. Y con eso, muchas veces, ya vale.